La floración musical de Las Petunias, imparable desde que publicaron el EP “Nunca no he llorado” (2023), adquiere en este nuevo episodio de corta duración –el primero concebido desde el frondoso invernáculo de Sonido Muchacho– un colorido distinto. No es la única alegría que nos dieron en 2025: recordemos la ferocidad compartida con Amor Líquido en el single “No seré una estrella” / “Baila” que vio la luz en junio y el tema suelto que publicaron a primeros de julio, “Poeta en NY”.
Las cuatro brillantes composiciones de “Ahí te pudras, maldita” aportan una perspectiva de renovación con respecto a esas entregas previas de 2025. Cambia el equipo de producción y registro tras la fructífera alianza del trío madrileño con Bearoid –las canciones del álbum “Creo que soy de porcelana” (2024) siguen tan frescas como el primer día, eso sí– y también se aprecia un enfoque lírico distinto, así como una mayor gravedad en sus partituras.
El griterío punk-pop ultramelódico que ya es marca de la casa permanece en detonaciones de mecha exigua como “No necesito estar sola (ya lo he estado toda mi vida)”, pero se percibe un mayor control de la energía y el trenzado de los unísonos y de las armonías vocales fortalece la pegada de una letra que verbaliza carencias afectivas y sentimentales con una transparencia poco habitual. En el caso de la conmovedora “Historias de mi madre”, en la que administran con ingenio evanescencia y pegada, se ataca directamente al corazón abordando una historia de culpas y redenciones maternofiliales, de incomunicación intergeneracional y conversaciones pendientes, ante la que cualquiera puede darse por aludido.
Ese vigor permanece cuando empezamos a campear por la cara B a lomos de “Tirant lo Blanc”, que recurre a la iconografía de las novelas de caballería para volver a plantear una tesis de sobra conocida: las relaciones sentimentales son un campo de batalla y el reparto de armas y poderes en ese contexto suele ser desigual. La última del lote es “AGOTA LA SUERTE” y aproxima al grupo de Natalia Montes, Cecilia Soto y Elsa Moreno a un territorio netamente rockero por el que apetece seguir acompañándolas. Por mucho que sube el tempo la intensidad no se resiente, y la retahíla de inseguridades que plantean en realidad se percibe como un desafío que merece la pena asumir. Atrévanse a quedarse, pues. Pase lo que pase. ∎