Álbum

Ringo Starr

Long Long RoadRoccabella-Universal, 2026

Oficio. Savoir faire. Fiabilidad. Seguridad. Aplomo. Y previsibilidad, cómo no. Eso es clara zona de confort. Los experimentos, ni con gaseosa. Todo lo positivo y negativo que pudiera decirse de Look Up” (2025) es perfectamente aplicable aquí, en el vigésimo segundo álbum a nombre del beatle creativamente menos dotado pero tan prolífico como el que más. Ojo: a sus envidiabilísimos 85 años. Quién llegara a esa edad con un aspecto tan jovial y con la lucidez que muestra en recientes entrevistas.

Quedó claro ya entonces, hace un año, que el country, el bluegrass, el rhythm'n' blues, la americana, para entendernos con una sola palabra, no eran para él un capricho: en realidad Ringo Starr ya lo abordó en su segundo disco en solitario hace más de cinco décadas, aquel Beaucoups Of Blues” (1970) que grabó en Nashville junto a Pete Drake, ahondando en una filia ya explorada con The Beatles en sus versiones de “Act Naturally” (Buck Owens) o en acercamientos al género como fueron “What Goes On” o “Don’t Pass Me By”. Ringo siempre fue el beatle más roots, americanamente hablando, y no sorprende que haya vuelto a aliarse con el experimentadísimo T Bone Burnett (los discos más americanos de Elvis Costello, de Robert Plant y del último Elton John lucen su producción) en otro trabajo armado sobre guitarras acústicas, mandolinas, violines, banjos y guitarras de pedal de acero.

También sobre colaboraciones de postín. Más incluso de las que brindaba su predecesor. Aunque algunas repitan. Todas con la particularidad de que sus voces nunca se imponen a la de Ringo, que destila un empaque y un vigor acordes con su saludabilísima senectud. Aquí no hay duetos, solo segundas espadas que saben perfectamente quién es el protagonista. Así que Molly Turtle, Billy Strings, St. Vincent, Sarah Jarosz y Sheryl Crow se limitan a pincelar con sus voces canciones como “Returning Without Tears”, “You And Me (Wave Of Love)”, “My Baby Don’t Want Nothing”, “Choose Love” o “Long Long Road”. Ringo no necesita compartir rúbrica más que en tres de estos diez cortes, la mitad de ellos con Burnett al mando de la composición, y con dos de ellas en las que concurre el gran Daniel Tashian (Miles Kane, A Girl Called Eddy).

Sobresale una única versión, la de “I Don’t See Me In Your Eyes Anymore” (escrita por Bennie Benjamin y George David Weiss en 1949), que fue popularizada por Gordon Jenkins y Perry Como durante la década siguiente, acercándola con delicadeza al doo-wop. Entre tan selecto elenco de instrumentistas (amb diners, torrons, que dicen por donde yo vivo), destaca también la leyenda de la pedal steel guitar Paul Franklin (Dire Straits, Peter Frampton o Etta James en su currículo), redondeando un trabajo tan confortable y digno como –no se podía esperar otra cosa, obviamente– extremadamente respetuoso y mimético con el legado de las músicas de Nashville, donde ha vuelto a grabar en sesiones compartidas con varios estudios de Los Ángeles. ∎

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