Álbum

Saul Williams

Leap LifeBig Dada-[PIAS] Ibero América, 2026

El avance del presente álbum, “Conspiracy” –que recibió una detallada revisión como Canción del día en estas páginas–, parecía sugerir un cambio de rumbo hacia la urgencia y la cadencia del presente, desde la calma introspectiva de su disco en directo del año pasado “Saul Williams Meets Carlos Niño & Friends At TreePeople”. Sin embargo, la apertura con “Baobab Constellation” nos traslada a las mismas sensaciones de aquel directo. Sonido orgánico, entre el free jazz, el ambient y el spoken word, con la percusión ausente y trinos de pájaros colándose en la mezcla. Y las melancólicas notas del saxo de Kamasi Washington como contrapunto a la densa voz de Williams, recitando unos poéticos versos sobre el misterio de la existencia y el enraizamiento con la naturaleza. Tras dos muestras tan dispares del arte del músico, escritor y actor neoyorquino, cualquiera se preguntaría por dónde van los tiros aquí. Según cuentan las crónicas, el propio Williams tenía serias dudas de que el conjunto de diversos temas que había acumulado estos años –desde 2019, con “Encrypted & Vulnerable”, no publicaba un álbum en estudio a su nombre– tuvieran sentido como parte de un mismo conjunto. Fue su socio Carlos Niño el que lo convenció de lo contrario y le ayudó a hacerlo realidad. El resultado es un disco doble, con la amplia variedad de registros que suele ofrecer el formato, en el que la unidad, aparte de la voz y el flujo calmado de Williams, la ofrece esa especie de silencio y de misterio que envuelve cada una de las notas, sea con tensión rítmica o en su ausencia. Sin olvidar, por supuesto, lo fundamental: el apartado lírico. Williams es radicalmente anticapitalista y antimperialista, posición vital que vertebra sus letras, combinando momentos muy explícitos y directos con otros poéticos y espirituales y la indignación por la injusticia, con una visión positivista de construcción de un futuro mejor. Todo este corpus temático lo ha desarrollado más ampliamente en un libro publicado este año por Haymarket Books: “Songs My Mother Taught Me. Why The Artist Must Take Sides”.

Una de las canciones que mejor sintetiza el espíritu del álbum es “Mazahua”, en la que cuenta con la colaboración de Aztlan Unearthed, grupo de raíz indígena de Los Ángeles, cuyos lamentos y flautas se dejan oír de fondo del recitado de denuncia del genocidio de las tribus indígenas americanas, que Williams relaciona con los que sufrieron los nativos de África y el no menos terrible de los palestinos en Gaza. Una similar vibración, pegada a la tierra, resuena en “Great, Great Grandmother” con los versos improvisados acerca de los desposeídos que dejó el colonialismo, sobre un riff de arpa de boca –ese sonido característico de los wésterns– y unas notas de khaen, instrumento de viento originario de Laos. Una de las colaboraciones destacadas del álbum es la de Robert Del Naja y Euan Dickinson, miembro y colaborador de Massive Attack, respectivamente, que en una terna de temas –“I Think I Get It Now”, en la que el spoken word se acerca a la aflicción del trap; “Controlled Is Not Controllable”, donde el ritmo roto del drum’n’ bass se lleva por delante la calma tensa; más el aviso a navegantes de “Not Everything For Sale”, una exhortación a los compañeros de lucha global para seguir por encima de credos personales– inoculan esa atmósfera densa y oscura que predominaba en su imperecedero “Mezzanine” (1998).

Aunque la pausa manda, hay tiempo para la danza: “The Dagger” es su particular “si no puedo bailar, no es mi revolución”, y lo muestra con un sugerente ritmo de amapiano. También bailable es “Robot Slave”, una llamada de atención a los opresores con la advertencia del despertar de los esclavos. Aunque hay diversos invitados, solo hay una canción en la que Saul cede el micrófono principal, en concreto a Anisia Uzeyma, su esposa y colaboradora –codirectora junto con su esposo del filme “Neptune Frost” (2021)–, que recita íntegramente en francés los versos de “Une photographie”, sus impresiones ante una fotografía de una mujer negra con una metralleta y un niño en brazos. Anisia se pregunta si el niño está vivo, si tiene padres o si ella piensa en el después. Preguntas que quedan sin responder. También abierto es el final con “Coming Forth”, la grabación de un paseo de Williams por El Cairo, de casi nueve minutos, con todo el sonido ambiente de las bocinas del tráfico y del griterío del gentío circundante, rodeando sus impresiones de aquello que ve y lo sorprendentemente integrado que se siente en aquel lugar del que no es natural. Del mismo modo se puede sentir el oyente, no necesariamente versado en la libre forma de entender la música de Saul Williams, si deja correr el tiempo, despreocupado, con las notas “Leap Life” envolviendo la estancia. ∎

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