Álbum

Speedy J

WalkmanSTOOR, 2026

Aún holandés, Jochem Paap inició su carrera en los noventa muy vinculado a la escena británica y a sellos como Warp Records o Novamute (la facción pistera de Mute Records), y de hecho fue uno de los grandes representantes junto a Surgeon y Sandwell District del minimal techno británico, una escuela conocida como Birmingham Sound que contribuyó a dar forma a lo que inmediatamente después sería el techno industrial y que venía del desarrollo de la IDM y el ambient techno. A lo largo de los años, Speedy J ha ensanchado los confines de todas estas etiquetas sin abandonarlas nunca directamente, profundizando en su entendimiento del diseño sonoro y de las herramientas –software, pero sobre todo hardware– que lo construyen. En su nuevo trabajo, regreso al formato largo en solitario veinticuatro años después del fundamental “Loudboxer” (2002), ofrece una representación gráfica de esa búsqueda obsesiva a través de un amplio conjunto de sketches y fragmentos de experimentos sonoros que permiten acercarse a la ideología actual del productor, bien expuesta también en sus ensayos audiófilos para STOOR, su propio sello.

En este sentido, “Walkman” es un trabajo introspectivo que se separa diametralmente de las dinámicas que son naturales a su autor durante las últimas décadas. Completamente dedicado a la colaboración y al encuentro con otros productores y artistas, su último proyecto en vivo (ha podido verse en esta edición del Sónar) reúne en torno al paraguas de techno experimental de STOOR a varios amigos y colaboradores para operar siempre en terrenos sorprendentes e improvisatorios, y su último trabajo largo es “Two Hours Of Something” (2024), firmado a medias con Surgeon como MULTIPLES; por no hablar de Collabs 3000, el proyecto con Chries Liebing que resucitó en 2024. Ahora podemos volver a acercarnos, como antaño, a su forma de relacionarse con el estudio y con el acto de escucha.

La idea del disco es, como sugiere además su propio título, que pueda escucharse en walkman, reforzando esa idea de introspección. De ahí, además, la duración de 45 minutos de cada cara, ideal para casete, y los múltiples guiños reconocidos a la música de cinta holandesa (recopilada de forma profusa y fantástica en la “Anthology Of Dutch Electronic Tape Music” que publicó originalmente Composer’s Voice en dos volúmenes entre 1978 y 1979) o a proyectos de protoelectrónica contemporánea como el “Plus Quba” de Nuno Canavarro o el “Minidisc” de Gescom. “Walkman” camina constantemente sobre un suelo que se desvanece, por una tundra de glitches en perpetua descomposición, y opta siempre por fórmulas extremas y recursos apabullantes en su aproximación inasible al ritmo. Cortando y fragmentando más que ofreciendo cualquier posible punto de apoyo. Destruyendo sin vocación real de construcción.

El influjo de Autechre en este aspecto es también evidente, y se manifiesta en progresiones colapsantes como la de “DLN - Soft Ruin”, que por momentos se estructura en torno a un ritmo pero que en general se descompone entre paisajes ambient, pulsos dub, ecos avant-garde, sintetizadores sci-fi y algoritmos matemáticos. Este mismo espectro, aún más radicalizado, puede reconocerse también en los arrítmicos y asépticos martillazos glitch-hop de “Chronoroute Funk”, puro Autechre entre “Untilted” (2005) y “Exai” (2013). Y los últimos discos de Autechre, los más melódicos, se camuflan en el sonido de Jon Hopkins bajo la melancolía brillante de “Nachtgrain” o la pulsante síntesis modular de “Modern Birds - Origin Edit”.

En cualquier caso, “Walkman” es un disco en general oscuro y apocalíptico que termina encasillándose a sí mismo demasiado a menudo entre el tenebrismo del dark ambient y las cavernas de un techno percutor y maquinístico, ácido en “Trippy135/Phase 0” o industrial y alienígena en “Freeqwarp 2025 Redux”. En su primera mitad destacan la minimalista “Arp Δmp Chasm”, la reverberación acuosa y eterna de “FoldSP4”, o ese dark ambient fragmentado y glitch de la siniestra “Tweak 3 Driftmass”. Y en todas ellas yace una distorsión noise que se intensifica en la misteriosa y espacial “Blurform Dust”: por momentos el disco puede acercarse al ambient dub (sucede también en “Oceans Past And Present”), pero siempre hay algún elemento –en este caso los sintetizadores– dispuesto a invadir con estridencia, con intensidad ominosa, con solemnidad dramática.

Esta idea se eleva a la máxima potencia en los tres experimentos más extremos del álbum: una “Wogglebug - Remembered” que es prácticamente una transmisión alienígena y la IDM mecánica y esqueletal de “Drift Vector” y “JT33Unstable Core”, bombardeos ácratas y espídicos de ritmos breakcore que alcanzan la intensidad del flashcore –antes de disolverse, en el caso de la segunda, en una marea de ambient–. Esta devoción por forzar las máquinas más allá del límite de sus posibilidades se plasma, además, en el hecho de que varios de los temas surgen de experimentos concretos con todo tipo de hardware: el acid techno de “303 Template Refract”, homenaje after hours al bajo transistorizado de Roland que permitió el desarrollo del house durante los ochenta; “CR78 Mesh”, un colapso de glitches cibernéticos en torno a un loop estroboscópico de la mítica caja de ritmos, también de Roland; el sintetizador modular de Korg, Volca, sobre el que se desarrolla la siniestra y maquinística “Volva Signal 06”; o el juego de osciladores de “Osc Hop - Slow Collapse”, crispante y colapsante, una carrera renqueante de sintetizadores ralentizándose entre sí. En esta que debería ser la gran fortaleza del disco también se encuentra, sin embargo, su debilidad: más que un trabajo pensado para la escucha, “Walkman” parece a veces un laboratorio a punto de derrumbarse. ∎

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