Con Radiohead de vuelta por los cauces orgánicos en “A Moon Shaped Pool” (2016) y tras haber firmado en solitario
la notable banda sonora del remake de “Suspiria” (Luca Guadagnino, 2018),
Thom Yorke no tenía ninguna necesidad de enfangarse en otro álbum como solista. Pero la presentación en directo del discreto
“Tomorrow’s Modern Boxes” (2014) fue el germen de muchas de estas nuevas canciones, que, de paso, acabaron con una fase de bloqueo creativo y ansiedad extrema, como el propio Yorke ha relatado. De nuevo junto con su inseparable Nigel Godrich,
“ANIMA” es su disco en solitario más agresivo y asertivo, capaz de condensar la emotividad de
“The Eraser” (2006) y la experimentación libre de “Tomorrow’s Modern Boxes” en un colchón onírico.
Lo ha hecho, además, ofreciendo contexto: con una campaña previa que presentaba una empresa ficticia que decía poder recuperar tus sueños, amén de un potentísimo cortometraje dirigido por Paul Thomas Anderson. Todo para acompañar, recubrir y moldear unas composiciones que destilan algunos de sus
beats más
tranceros (
“Traffic” y
“Twist”), sazonados con progresiones alucinógenas como la de
“The Axe” o una narcotizada
“Dawn Chorus” que se sitúa, ya, entre lo mejor de su obra.
Y aunque “ANIMA” esté dispuesto para ser escuchado de principio a fin y hasta se permita alguna pizca de humor, algunos momentos en los que Yorke le pierde la cara al ritmo general lastran ligeramente la pegada de un trabajo que, como buena obra que denuncia un presente pesadillesco y aterrador, no quiere ni puede ser de fácil digestión. ∎