Álbum

Tucker Zimmerman

Dream Me A DreamBig Potato, 2026

Tucker Zimmerman (1941-2026) era un hombre mayor (84) cuando el pasado 17 de enero falleció junto con su mujer, Marie-Claire Lambert (82), en el incendio de la casa donde vivían en Bélgica. El shock fue enorme y añade un elemento trágico, espantoso, a la intermitente historia de este músico norteamericano de culto cuyo primer álbum, “Ten Songs” (1969), era muy valorado por David Bowie y fue producido por Tony Visconti. Hace tan solo dos temporadas recuperábamos su resonante apellido reseñando un disco que ya sonaba a despedida, “Dance Of Love” (2024), y un año después, la colección de inéditos “Music By River Words By Ear” (2025). En este último tramo de su vida también vio la luz “I Wonder if I’ll Ever Come True” (2024), que recopila temas grabados entre 1973 y 1976.

Registrado mayormente en 2025, “Dream Me A Dream” es una sopresa trágicamente póstuma que deleitará a los fans del estilo íntimo de Zimmerman basado en la sobriedad arenosa de su voz y en su guitarra acústica de doce cuerdas. Y lo es por partida doble dada la presencia de la electrónica en este trabajo en el que participa de nuevo su mujer –recita la letra de “Riding Around In My Dream”– y el productor Nicholas Holton –sintetizadores, carillón, órgano, piano, bajo, percusión y dueño del sello Big Potato–, que sustituye en esas nobles tareas a Big Thief, encargados de arropar a su ídolo durante el efímero paso del mismo por 4AD. Una de las canciones de “Dream Me A Dream”, la emocionante “Stay (I Want You To Stay)”, está compuesta por su antigua patrocinadora, Adrianne Lenker, quien tiene desde ahora el honor de ser la única artista que Zimmerman versionó en toda su vida. La presencia de los teclados se extiende a Jackie Oates y al propio Zimmerman configurando un disco atmosférico y delicado donde la presencia de los violines de suave estilo fiddle de Oates y Roger Proctor es también definitoria.

Los ambientes íntimos y flotantes, de new age vaporosa y orgánica cotidianidad, sobresalen desde el primer corte con Moog, “Sun In Scorpio”, una antigua canción de Zimmerman que todavía puede verse listada en una parte de su web titulada “Unreleased Material” junto a otro rescate, “Lovers Of Beggar St.”, y otras 120 canciones. Órganos y violines envuelven a la titular, “Dream Me A Dream”, que es prácticamente una versión de “The Season”, uno de los mejores cortes de “Dance Of Love”. La letra se basa en un poema de su libro “When In Flows The Sea” (2025): Suéñame un sueño sobre un plano con autopistas de mermelada de fresa. Ambos temas se funden simbólicamente en la instrumental “Orion Comes Down To Walk The Land”, escrita junto con Norton aunque podría haber sido Jason Pierce, mientras que “Rooftops Of San Francisco”, de la misma pareja pero esta vez recitada por Tucker, remite a Tuxedomoon por razones obvias, incluidas sus rugosas texturas sintetizadas y un tono fúnebre marcado en las notas de piano. Entre el country folk y el tecnopop arpegiado se encuentra la alegre “Rose Of Sharon”, si bien parece versar sobre el lado oscuro del hippismo californiano. No es la primera vez que este graduado en teoría musical y composición registró discos similares, como el gran “Word Games” (1983) o el más minimalista “Over Here In Europe” (1974).

Esos temas conviven con otros más convencionales pero igualmente conmovedores como “Wolf Run”, “Lovers Of Beggar St.” o “Cross Walk”, una canción por la que pagaría Bruce Springsteen, completando este trabajo de composiciones impecables, arriesgado en su combinación de texturas acústicas y electrónicas, sabio en su sencilla y humorística lectura de la vida. Impulsado, según comentó él mismo durante su grabación, por “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry, temas como “Don’t Feel Like Doing Nothing Today” revelan esas mismas ganas de vivir creativamente entre adultos, recomendando de paso lecturas de Kerouac o la música de Tom Waits –también cita a Ronnie Spector, Beach Boys, Howlin’ Wolf y Dire Straits–. El folk cósmico de “Dream Me A Dream” cautiva por su cohesión natural y pone un broche de oro a la carrera de este intérprete modesto pero compositor genial a la altura de veteranos impenitentes como en su día Moondog, Leonard Cohen, Bill Fay, Shirley Collins –aún por aquí– o Bob Dylan, el otro Zimmerman. ∎

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