Álbum

Yaya Bey

Fidelitydrink sum wtr, 2026

La sugestiva artista (no solo) soul Yaya Bey llevaba ya un par de discos, el sobrecogedor “Ten Fold” (2024) y “do it afraid” (2025), dando vueltas a la idea del luto y cómo sobrellevarlo. El primero, en concreto, era un monumento en tributo a la memoria de su padre, el rapero Gran Daddy I.U., conocido como parte del colectivo Juice Crew. Cuando iba a lanzar el segundo, Bey se hizo muchas preguntas sobre qué significaba hacer un duelo público siendo una artista negra. “Fidelity” es, en apariencia, una respuesta musical a esa pregunta y una reacción a no una, sino tres muertes: la personal; la de una comunidad negra en la que, como en muchas otras, el individualismo ha sustituido a la solidaridad, y la de la inocencia de su raza tras aquella optimista Era Dorada de los medios negros.

Pero, sobre todo, esta especie de complemento relajado y reflexivo a “do it afraid” es un homenaje a la vida y, en concreto, a una resiliencia específica: “Yo y los míos vamos a estar bien”, deja claro en esa breve introducción llamada “Me And Mine”, en la que enamoran las armonías de Samantha G. y Anastasia Antoinette, un par de los escasos featurings de un disco íntimo a más no poder.

La primera canción que compuso para el proyecto, esa bella rodaja R&B-pop llamada “Blue”, animó a Bey (y anima al oyente) a salir adelante en lugar de ahogarse; recordar que el cielo es azul, algo que no cuesta nada cuando suena la flauta de Justine Lee Hopper. En esa tónica luminosa se mueve la disco-funk “Forty Days”, elucubración sobre el margen de tiempo necesario para que uno se acostumbre a la ausencia física del ser querido, y este último a no estar corporalmente entre nosotros. “Egyptian Musk”, con la colaboración del jamaicano-estadounidense NESTA, es un corte de base reggae tan relajado como sensual. El componente seductor alcanza su punto álgido en la soul “Higher”: “¿Es que no lo ves? / Estoy tratando de darte todo lo que me queda”. A la altura de “Simp Daddy Line Dance”, con producción bailable de su habitual Exaktly, Bey parece mostrarse más escéptica con el amor y recuerda a un tipo evasivo que sabe de qué pie calza.

“Fidelity” llega a nuestras vidas y las mejora menos de un año después de “do it afraid”. Esa celeridad puede advertirse en partes de un repertorio con cierto aroma a mixtape, a pesar de su sonido siempre exquisito, espacioso, rico sin resultar abigarrado. Canciones como “Freeze Flight Flawn” y las explícitamente tituladas “In The Middle” y “The Breakdown” se quedan en mero interludio. Además, encontramos un par de secuelas algo innecesarias de temas del anterior: “The Towns - bella noche pt. 2”, más drum’n’bass y ensoñadora que house-rap, y el “Lexapro Mix” de “Dream Girl”, en la que se cambia el synthpop por un downtempo flotante, sonido que también manda en “As The Ocean”. Lo espontáneo no quita lo elegante, pero por momentos se sueña con una versión de “Fidelity” en la que todo, todo, estuviera más estudiado. ∎

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