Todo por amor.
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Javiera Mena

“Soy defensora de volverse loca con el amor y hacer cosas estúpidas. Estoy chapada a la antigua”

Fotos: Alfredo Arias

09.09.2025

Tres años después de su anterior trabajo, “Nocturna”, la cantautora chilena afincada en España se aparta ligeramente del electropop para acercarse a la balada de sonido orgánico en su más reciente disco, “Inmersión”. Sus nuevas letras hablan de relaciones que se terminan para dejar paso a un futuro mejor. En mitad de su minigira de festivales por España, hablamos con ella de desarraigo, rupturas dolorosas, componer a dúo, Benidorm Fest, consumo de LSD y gatitos de Instagram.

E

xiste una cuenta en Instagram llamada Litletots que sube vídeos de gatitos; siempre con la misma música lacrimógena de fondo, muestra escenas gatunas dignas de película de sobremesa de sábado en Antena 3, con muertes, agresiones, atropellos, infidelidades… Todo realizado con IA. “Como consumidora, me encantan”, dice Javiera Mena. “Son historias como culebrones, de 40 segundos; la nueva versión de las telenovelas”. Es uno de los perfiles que atrapan a la cantautora chilena en su tiempo libre e incluso provocan que, en ocasiones, se distraiga de su ocupación principal: escribir canciones.

Por esa y otras razones, Javiera Mena, que comenzó su carrera firmando en solitario todas las canciones de sus discos, ha decidido desde “Nocturna” (Sonido Muchacho, 2022) escribir a cuatro manos con otros autores. Si en aquel trabajo fue el productor chileno Pablo Stipicic su principal colaborador, en “Inmersión” (Geiser, 2025) –sexto de su discografía– se ha acompañado del guitarrista español Luis Sansó, Luichi, componente de Cupido.

“Me divierto mucho más hoy componiendo con otras personas”, arguye Mena. “Tengo cuatro discos componiendo sola y desde la pandemia me gusta hacerlo a dúo. Sentí que otras personas podrían enriquecerme un montón. Ahora hay canciones que hago sola, pero me divierte mucho colaborar. En Luichi encontré un colaborador muy especial. Cuando estoy sola me desconcentro mucho últimamente. Con el móvil, con Instagram, con los gatitos…”.

“Inmersión” rompe la perezosa cadencia de cuatro años entre disco y disco –“Se dio así. Casualmente, cada álbum coincidía con los Mundiales de fútbol y este no. Cuando empecé a hacer música estaba en Chile y habitaba en otro mundo. Tenía 21 años y debía arreglármelas pidiendo favores. Por ese tipo de cosas se fue armando así y tal vez soy lenta al trabajar”– y presenta a Javiera Mena más cerca de los sonidos orgánicos y algo más lejos de los electrónicos. En cualquier caso, no entró en el estudio con esa decisión claramente forjada en su cabeza.

“La única expectativa es ‘no voy a repetirme’”, explica. “En este disco el cambio se refleja de forma bastante natural, porque reposa un poco del ‘beat’ electrónico, del house… Creo que el 80% del disco es más orgánico, aunque hay electrónica. Nunca había tenido un disco que tuviera tanta carga de balada ‘midtempo’. Estaba escuchando cosas más de los sesenta, como los Carpenters. Me encanta el electropop, pero quise sentarme a hacer canciones. Empezamos a componer con guitarra y piano y pensé ‘luego las arreglo’. Pero el espíritu de las demos quedó ahí. Es como una cosa melodiosa, clásica. Quizá tenemos el referente del pop actual, donde hay melodías pero la armonía se impone, y en este caso, la armonía va acompañando a la melodía”.

“Mar de coral”, junto a Santiago Motorizado. Vídeo realizardo por Parda (@pardafilma).

Una crisis constante

En sus letras, “Inmersión” habla de esperanza tras la pérdida y de superar esta. “Se dio por ahí porque obviamente hay experiencias personales, pero también quise ver todo lo que había puesto en mis discos y meterme en el dolor líricamente, desde un punto de vista más romántico y doloroso. Hay cosas que me han sucedido y que le han sucedido a amigas. Al final todo el mundo ha pasado por experiencias dolorosas y quería reflejarlo en el disco”.

Concede que ella está “en constante crisis”. Lo desarrolla: “El desarraigo te lleva a momentos en que no sabes muy bien de dónde eres; estoy entre Chile y España, pero a la vez me encanta vivir así. Pero los vínculos cuestan y eso te puede llevar a una crisis, porque te cuesta concretar cualquier cosa. A la vez, las crisis te traen luz y oscuridad. Decidí vivir así, pero cuestan las relaciones con parejas, con amigos… Tuve, además, una ruptura dolorosa. Varias. Y esa parte romántica la mezclé muy bien con Luichi, quien también estaba pasando por una historia similar. Pudimos hablar de los celos, de la añoranza en una relación a distancia…”.


“Obviamente hay experiencias personales, pero también quise ver todo lo que había puesto en mis discos y meterme en el dolor líricamente, desde un punto de vista más romántico y doloroso. Hay cosas que me han sucedido y que le han sucedido a amigas. Al final todo el mundo ha pasado por experiencias dolorosas y quería reflejarlo en el disco”



No obstante, aclara: “No quiero ser de esos artistas que viven cosas para plasmarlo en una canción. Tengo amigos escritores que son como ese meme: ‘Dame tu mejor trauma para ponerme a escribir’. Creo que estoy en un punto en el que puedo hablar de la experiencia colectiva más allá de lo que me pase a mí. Los momentos más oscuros son los que más te llevan a crear, aunque no quiero depender de eso”.

Podría decirse que tras las letras hay cierto enfoque psicológico, que anima a encontrar la luz después de la oscuridad. “Siempre voy a terapia, me gusta el autoconocimiento”, dice. “Los artistas vivimos de trasladar las emociones a la lírica, y eso puede ser muy desestabilizador. Te lleva a preguntar ¿qué otra cosa voy a vivir para poder hacer una canción? Se te puede ir la olla, te puedes perder en submundos que aparecen… Llevo quince años con mi terapeuta, he practicado la meditación budista… Me encanta tratar de llevar sanidad mental. Muchos artistas son insanos mentalmente. Los más creativos son oscuros, de drogas, de muchas parejas, y yo quiero llevar una vida luminosa dentro de lo maldito que es ser artista. Las canciones vienen de los trovadores que no podían obtener a la mujer que veían en un castillo, y cuando hay una pareja larga eso ya no existe. Es complejo, pero no solo a los artistas les pasa. Cuando están en una pareja larga, todos añoran vivir ese eros”.

Viviendo a fondo.
Viviendo a fondo.

Locuras de amor

Desde el principio de su carrera el amor ocupa gran espacio en su repertorio. “Es la fuente de inspiración del 80% del arte”, sostiene. “Aunque hay bandas que me encantan como Kraftwerk, que hablan de máquinas, o Stereolab, que escriben sobre política. Admiro a esas personas creativas que se inspiran en otras cosas, pero tengo algo con el romance y se me ha dado mucho eso de la pasión, que me parece algo místico. Es algo muy loco. Uno se pone absurdo con el amor. Siento que hoy hay un antienamoramiento, y yo soy defensora de volverte loca con el amor y hacer cosas estúpidas. Estoy chapada a la antigua”.

Volverse loco con el amor puede derivar en relaciones tormentosas, que asegura haber experimentado. “Van de la mano. Cuando hay mucha pasión, se desbordan los amores. La pasión es una energía de odio también. Ese fuego trae mucho tormento y delirio. Me ha pasado esa cosa del desborde de la pasión. Por eso los amores más sanos son aquellos estables, en los que la pasión está más controlada. Cuando hay mucha pasión y no tanta amistad, sino casi enemistad, hay un poco de lucha”.


“El amor es la fuente de inspiración del 80% del arte. Aunque hay bandas que me encantan como Kraftwerk, que hablan de máquinas, o Stereolab, que escriben sobre política. Admiro a esas personas creativas que se inspiran en otras cosas, pero tengo algo con el romance y se me ha dado mucho eso de la pasión, que me parece algo místico”



No está por la labor, por ahora, de abordar otras temáticas en sus canciones. “Prefiero hablar de qué nos pasa a nosotros a nivel emocional”, señala. “Hay gente que hace letras políticas muy bien, y estoy pendiente, pero me sale de forma natural hablar de otras cosas. Y soy muy cambiante también. Me gusta más el mundo de fantasía donde la gente se pueda refugiar. El productor de ‘Holiday’ de Madonna decía que era muy político hacer una canción sobre irse de vacaciones. La música que hago tiene que ver con la melodía, y es un lugar de reposo y de purga”.

En el repertorio de “Inmersión” hay una canción, también de amor, pero dedicada a Madrid: “Esta ciudad”. Su idilio con la capital española data del día en llegó para actuar como telonera de una gira internacional y se fortaleció cuando se trasladó allí a vivir. Ahora reside entre los barrios de Embajadores y Lavapiés. “Tuve una pareja madrileña y eso influyó”, señala. “Nos separamos y me quedé. Y esa pareja se dio porque tenía un romance con Madrid desde que vine con Kings Of Convenience (fue en 2009, cuando pasó por Madrid y Vigo). Sentí una afinidad musical muy grande y quería mudarme de Chile”.

Visualizer de “Esta ciudad”.

De Viña del Mar a Benidorm

Nacida en Santiago de Chile en 1983, Javiera Mena se formó en Composición y Arreglos Musicales en una academia de jazz de su ciudad antes de empezar a tocar en varios grupos de rock independientes. Cuando encontró su propio lenguaje, que se apoya sobre todo en bonitas melodías de pop y sonidos de sintetizadores, se animó a publicar su primer disco: “Esquemas juveniles” (Quemasucabeza, 2006). Su nombre no tardó en cobrar fuerza dentro de la escena indie, primero de su país y, poco después, de otras latitudes, incluida España. “En mi biografía de Instagram pongo: ‘artista independiente’, porque así se dio. Hago un pop de canciones, pero para mí lo indie está en la libertad creativa, más que en un tipo de sonido”, dice.

Los sintetizadores son su herramienta de trabajo. “Mi ‘living’ es como mi escenario: ahí tengo mi Moog, un Oberheim y lo último es tecnología para transmitir información a los sintetizadores. Lo aprendo a través de amigos, de ‘reels’, ChatGPT… Es en lo que más he invertido en mi vida: muchos miles de euros. Tengo unas maletitas que cuestan mil euros. Me arrepiento de algunas tecnologías que he usado en vivo. Es difícil llevar la electrónica al set en directo, aunque ahora estoy bastante conforme y consigo que los sintes estén como hablando”.


“Mi ‘living’ es como mi escenario: ahí tengo mi Moog, un Oberheim y lo último es tecnología para transmitir información a los sintetizadores. Lo aprendo a través de amigos, de ‘reels’, ChatGPT… Es en lo que más he invertido en mi vida: muchos miles de euros”



Como chilena afincada en España, ha entrado de forma natural en la maquinaria nacional de la industria musical. Seguramente el mejor ejemplo fue su participación en la edición de 2022 de Benidorm Fest, el concurso convocado por Televisión Española para seleccionar, mediante votos de espectadores y expertos, al representante anual de España en el Festival de Eurovisión. “Fue un experimento”, reconoce. “Mandamos el tema, nos eligieron… Pensamos: ‘¿Qué pasará?’. Lo hice lo mejor que pude”.

Sin duda, lo más productivo de aquel chocante episodio fue que millones de televidentes, muchos de los cuales no conocían a Javiera Mena, entraron en contacto con su música. “Era la primera vez que estaba expuesta en televisión y se generó un escenario muy heavy de competitividad. Era incómodo que la gente votara y quedar penúltima, pero me sentí orgullosa de la canción. Me di cuenta de que había cosas que no dependen de mí. La gente votaba por comunidades. Me sentí valiosa más allá de estar en la tele expuesta. Siempre he tenido ese lado de coqueteo con el pop ‘mainstream’ sin estar ahí. Creo que tengo un lado alternativo pero mis referentes son muy masivos también”.

Ese sutil equilibrio entre lo indie y lo masivo ha posibilitado que Mena haya cogido, por así decirlo, lo mejor de ambos mundos. Así, en 2016 cantó con Alejandro Sanz “Corazón partío” en el festival de Viña del Mar; una actuación, por otra parte, harto bochornosa: el olvido por parte de Javiera de parte de la letra la puso a tiro de cientos de haters de todo el mundo. “Me equivoqué y me machacaron a nivel global. Y me afecta”, admite.

Entre dos mundos.
Entre dos mundos.

Las puertas de la percepción

Como autora de canciones se define por su capacidad de observación. “Siempre estoy atenta a los símbolos al conversar, al ir caminando por la calle… Tengo un bloc de notas donde voy anotando ideas. Eso después me lo llevo a una sesión. Decido hablar de un tema y a partir de ahí tiro de la lírica. Otras veces pasa que surgen unos acordes y desde ahí empiezo a componer. Cada acorde te va sugiriendo una emoción”.

Se siente orgullosa de cada paso que ha dado en su carrera; no tanto de algunas decisiones personales en cuanto a determinados hábitos: “Soy de la idea de que la vida me llevó ahí por algo. Hay muchas distracciones nocturnas y habría sido más sana de lo que soy si las hubiera evitado. Recomiendo no drogarse, porque la música está llena de drogas. Ahora llevo una vida supercentrada. Empecé a salir a los 13 años, disfruté mucho, y me encanta el haber experimentado con LSD, pero la cosa de salir de noche la habría dado menos. El LSD me abrió las puertas de la percepción: uno puede llegar a momentos muy similares con la lucidez, pero el LSD te lleva en diez minutos y con la lucidez en diez años”.


“Siempre estoy atenta a los símbolos al conversar, al ir caminando por la calle… Tengo un bloc de notas donde voy anotando ideas. Eso después me lo llevo a una sesión. Decido hablar de un tema y a partir de ahí tiro de la lírica”



“Inmersión” es el primer disco que Javiera Mena lanza después de haber cumplido los 40 (ahora tiene 42). La edad le ha permitido sentir aún más confianza en la música que hace y relativizar las influencias de otros. “Es como un proceso que se va viviendo. Hay un momento en la carrera en que uno se nubla y decide hacer lo que quiere. Lo he hecho siempre, pero ahora no me importan las tendencias. Y eso lo encuentro maravilloso”, dice.

Varios festivales han formado parte de la agenda de conciertos de Javiera Mena este verano en España. Su espectáculo en este tipo de eventos colectivos es puramente techno. “Cuando voy a festivales veo solo a los DJs. Salgo yo sola, como Jean-Michel Jarre, y los temas los toco con una caja de ritmos y teclados. Hago una mezcla de todas mis canciones con interludios con arpegiadores, todo se pone más íntimo…”. En otoño e invierno, la gira de salas será bien diferente. “La haré con banda. Me voy adaptando porque quiero que mi música se adapte a todos los escenarios”. Por el momento, ha confirmado actuaciones para el 25 de octubre en Quilpué y el 20 de noviembre en Buenos Aires. ∎

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