La cosa ha ido tal que así: Amazon MGM Studios se ha gastado la friolera de 75 millones de dólares (sumando a la producción los gastos de derechos y promoción) en sacarse de la manga un documental titulado “Melania” que se centra en los 20 días previos a la segunda investidura presidencial de Donald Trump. Dicen sus responsables que no es un documental al uso, sino un acceso en primicia al clan Trump a través de un conjunto de momentos inmortalizados en la Torre Trump, la residencia de Mar-a-Lago y, claro, la mismísima Casa Blanca.
Total, que este zurullo envuelto en un carísimo papel de regalo ha sido realizado ni más ni menos que por Brett Ratner, conocido por haber dirigido películas como “Hora punta” o “El Dragón Rojo”, además de otros documentales para estrellas musicales como Madonna, Mariah Carey o Miley Cyrus. También es conocido, por cierto, por haber sido acusado de agresión sexual por siete mujeres justo en el pico del #metoo. Pero, si de algo entiende la administración Trump, es de redirigir fondos hacia seres despreciables acusados públicamente, así que todo correcto por este lado.
Lo que no ha sido tan correcto es que el documental, que se estrenará en cines mañana, no podía llegar en peor momento. Hay que tener en cuenta que Melania está siendo noticia en los últimos días por haber tenido el coño moreno de salir en la televisión yanqui para decir que está trabajando en “más legislación” y que, en estos tiempos tan malos (entendiendo aquí por “malos” que “el ICE se está cargando a todo quisqui en los Estados Unidos, sean inmigrantes o no”), necesitamos estar más unidos que nunca.
Un bad timing del copón que se ve agravado porque, bueno, nunca es buen momento para colaborar con una entidad como Amazon que, tal y como recuerda este bluit, “proporciona servicios en la nube que contribuyen a alimentar la maquinaria de deportación del ICE, donó un millón de dólares al fondo para la toma de posesión de Trump y descartó sus planes de mostrar los costes arancelarios tras las presiones de Trump”. Pero, oye, no pasa nada, hagamos caso a Donald (el político, no el pato… aunque ojalá fuera el pato) cuando tuitea con su estilo habitual que “MELANIA, la Película, es un MUST WATCH. Consigue tus entradas hoy - Se están agotando, RÁPIDO!”.
Unas afirmaciones que, como viene siendo habitual en el historial de este tipo, son un fake como una casa. Así lo atestigua que en redes sociales abunden mensajes que afirman que “antes me meto un palo de metal al rojo vivo en los ojos que ver MELANIA, the Movie” o que bromean con que “si enseñaran la película de Melania en un avión en pleno vuelo, el público se marcharía igualmente”. No es de extrañar, entonces, que el pasatiempo favorito de las redes en estos últimos días haya sido actualizar los pantallazos de las salas de cine que ofrecen la preventa del estreno del documental para comprobar que, hora tras hora, absolutamente nadie ha comprado una entrada. También han abundado las noticias sobre esta dificultosa preventa o, directamente, sobre el único espectador que adquirió un tique en toda Gran Bretaña. Al fin y al cabo, y en referencia a cierto abrigo mítico lucido por la Primera Dama, la gente está del palo “we really don’t care” al respecto de este estreno.
Otro gallo cantaría si el documental se hubiera estrenado con un cartel diferente. La peña ya ha empezado a hacer propuestas en internet, como esta que cambia el título por “Malaria” o esta otra que se pregunta lo que todos: ¿en qué está pensando esta señora / esfinge? Hay quien ha preferido intervenir los carteles expuestos en las calles de medio mundo, ya sea para añadir (presuntas) declaraciones como “my husband fucks kids”, para cambiar el título por otro más insultante, para embadurnar su silueta con una pasta marronosa o para establecer paralelismos con Eva Braun. Aunque las mejores muestras de creatividad son las de las (ficticias) críticas en prensa aquí recopiladas, entre las que me quedo, sin lugar a dudas, con “¡Si la sífilis fuera una peli!” de Indiewire.
Aun así, la gente ya empieza a verle las orejas al lobo y sabe que, si los Óscar no nominan a Melania, a Trump le va a dar otra pataleta como la del Nobel de la Paz. Por suerte, la FIFA siempre estará ahí para sacarse de la manga un premio con el que honrar debidamente a la Primera Dama. Además, nada nos quitará el placer de saber que Jeff Bezos se ha gastado una millonaria en humillar públicamente a esta señora. También nos quedarán los memes clásicos, aquí pertinentes para representar el vacío en las salas o para chotearse del único espectador que compró una entrada para esta gilipollez. ¡Ah! Y, si tarde o temprano ves “Melania”, recuerda quedarte hasta el final de los títulos de crédito, porque se rumorea que traen una sorpresa a lo Marvel.
Pero ya basta de Melania, vayamos ahora al lado contrario de la polarización. El pasado sábado 24 de enero se entregaron los premios Feroz de este año 2026 y resulta que, al salir al escenario para entregar el galardón a la mejor serie dramática, Samantha Hudson se marcó un discurso que se ha convertido en lo más compartido de los últimos días. Un discurso tan alucinante que voy a transcribirlo de cabo a rabo porque en eso ha consistido su viralización: en no tocarle ni una coma.
“Y diréis: ¿qué carajo hace Samantha dando este premio, con lo vivaracha que es ella? Pues yo creo que tiene todo el sentido, sobre todo si tenemos en cuenta que para muchísima gente yo soy una tragedia. Aunque, para tragedia, el año que llevamos. Y el año que llevaremos, permitid que os lo diga. Hagamos un repaso: el genocidio en Palestina, y ahora quieren convertir Gaza en un resort; la barbarie que están llevando a cabo en Sudán, Irán y el Congo; la ultraderecha campando a sus anchas; la crisis climática; la especulación inmobiliaria con los fondos buitres y los rentistas desorbitando los alquileres: y lo peor de todo: la invasión de okupas. Pues, mira, la verdad, ojalá tener miedo de que me okupen la casa… porque significaría que me puedo permitir una.
Pero tú ves todo este percal y no puedes evitar preguntarte quién estará detrás de estas atrocidades, quién tendrá la culpa de todo esto. Los colectivos vulnerables, los pensionistas, las malvadas feministas, que como histéricas amenazan con ejercer su derecho al aborto… Hombre, ¿de quién iba a ser la culpa? ¿De los millonarios? ¿De los tecnócratas? ¿De un presidente imperialista? No, hombre, no. La culpa es de los inmigrantes ilegales que vienen a quitarnos el trabajo. Y por supuesto no nos olvidemos de las personas trans, esos malvados seres que hacen cosas horribles como ir al baño o participar en el deporte.
Veis de lo que os hablo, ¿no? ¿Lo estáis viendo? Y es que, para colmo, esta oleada de jóvenes que dicen que con Franco se vivía mejor. Con Franco no había Temu ¿eh? Hombre, es que a ver cómo íbamos a subir el lip combo a TikTok si nos hacía falta un marido hasta para ir a mear. Y eso a vosotras, porque a mí... (Hace el signo con la mano en el cuello para dar a entender que a ella, vamos, se la hubieran cargado).
Está el patio muy malo, pero aun así no llamemos a esto fascismo, ¿vale? No le llamemos fascismo porque ese es un pensamiento extremista, chicas. Esta gente no son fascistas, son personas tradicionales. Que esto es muy divertido, porque una dice ‘ellos, ellas, elles’ y se enfadan: ¡sacrilegio! ¡El género neutro no! ¡Hay que economizar el lenguaje! Ahora, para decir ‘nostálgicos del régimen’ en vez de ‘fachas’ no hay economía que valga: eso es un recurso retórico. Una figura literaria, ¿verdad?
Y es que, compañeras, compañeros, compañeres, no os podréis quejar porque, este año, material para vuestras tragedias no os ha faltado”. Y chimpún.
Echemos el cierre por esta semana con un poco de SUAJ. Porque, a ver, ¿recordáis cuando Pedro Sánchez lució gafas de presbicia en su comparecencia ante el Senado y parecía que se iba a acabar el mundo? Pues, hace unos días, a Emmanuel Macron se le ocurrió plantarse en Davos luciendo unas aviator con pantallas de cristal azulado y ya está, internet no necesita más para obsesionarse.
Hay que aclarar que el presidente de Francia sufría una afección ocular que le obligó a ponerse gafas para dirigirse al Foro Económico Mundial. Pero eso da igual. Da tan igual como que Macron pusiera los cojones sobre la mesa con un discurso en el que vino a decir que “preferimos el respeto a los matones. Preferimos la ciencia al politicismo. Y preferimos el estado de derecho a la brutalidad. Tener un lugar como Europa, que es predecible, leal y donde sabes que la regla del juego es el estado de derecho, es un buen lugar”. Y que se dé por aludido quien tenga que darse por aludido. Pero lo que estaba diciendo: que el discurso dio igual porque, como se sospechó desde el minuto uno, eran las gafas de marra las que estaban destinadas acapararan titulares.