La de My Bloody Valentine es una de las historias más fascinantes de la música popular, pero, sorprendentemente, nunca se había escrito un libro completo sobre ellos. Lo más cercano fue el volumen dedicado a su álbum “Loveless”, de 1991, en la colección 33 1/3, por Mike McGonigal. “Convierte mi cabeza en sonido. Una historia de Kevin Shields y My Bloody Valentine” (“Turn My Head Into Sound. A History Of My Bloody Valentine And Kevin Shields”, 2025; Ondas del Espacio, 2026; traducción de Javier Peleteiro), también sorprendentemente, no proviene de ningún periodista reputado, sino que es el primer libro que escribe el estadounidense Andrew Perer, un completo desconocido que, básicamente, es fan de la banda.
Y, atención, el resultado es excepcional, una de las mejores piezas de literatura musical que, me atrevo a afirmar, he leído en mi vida. Parafraseando el título, Perer consigue convertir el sonido de la cabeza de Kevin Shields en palabras. De hecho, son las partes en las que analiza con detalle cómo el músico consiguió que sus canciones sonasen como suenan las que resultan más apasionantes. Mérito suyo es que no se pierde de forma farragosa en todas esas cuestiones técnicas y consigue ser divulgativo y ameno, incluso en los momentos en que se detiene en las remasterizaciones de sus discos y nos hace comprender muchas cosas.
De cara a este libro, el autor no consiguió entrevistar a ninguno de los cuatro componentes del grupo (sí a varias personas que son importantes en el relato), pero consigue suplir ese aparente hándicap con una encomiable labor de archivo. Posiblemente se leyó todas las entrevistas que existen. De este modo, consigue tejer una biografía de la banda que es reveladora y atinada, introduciendo también sus propias opiniones y una visión crítica. Es importante señalar que confiere mucho más peso a lo estrictamente musical que a las peripecias biográficas de Shields, Bilinda Butcher, Debbie Googe y Colm Ó Cíosóig, pese a que en ellas había suficiente potencial amarillista. Sobre algunas de esas circunstancias pasa cuando la narración lo requiere, pero sin recrearse. En su recorrido cronológico por la historia de My Bloody Valentine desde que Shields y Ó Cíosóig se conocieron en Dublín hasta sus conciertos de final de 2025, Perer indaga en detalles más y menos conocidos, matiza leyendas urbanas –no está tan claro que fuese la grabación de “Loveless” lo que llevó a la quiebra al sello Creation– e incluso reconstruye con mucho rigor todo lo que sucedió en los largos años perdidos en que la banda pertenecía a Island pero no le entregó ni una sola pieza de música nueva. También pone en valor aspectos poco reconocidos, como la labor de Shields como remezclador alimenticio –bien merecía un disco recopilatorio como el “26 Mixes For Cash”, que publicó Aphex Twin en 2003– y el importante peso que Brian Reitzell, el supervisor musical de “Lost In Translation” (2003), y la propia Sofia Coppola tuvieron a la hora de propiciar el regreso del grupo, algo que, por cierto, también sucedió con The Jesus & Mary Chain.
Entre la narración cronológica, el autor incluye varios interludios temáticos en los que aborda aspectos relativos al grupo, todos ellos interesantes. Los que más: lo que aportaron –como banda paritaria y por la original forma de entremezclar las voces de Shields y Butcher, así como sus poco convencionales letras– a la perspectiva de género en la música pop; una refutación de su influencia sobre la escena shoegaze, a la que el autor considera muchísimo menos aventurera e inspirada y de la que desvincula al grupo; o un análisis de lo que Shields pretendía con sus extremas exhibiciones ruidistas en la parte que él denominaba “el holocausto”, en las interpretaciones en directo de “You Made Me Realise”. Después de vivirlo en el Auditori, en el Primavera Sound de 2009, leer ahora sobre las intenciones del músico a la hora de llegar a un punto transformador, de trascendencia a través del sonido, me ha emocionado enormemente.
Otro de los logros del libro es el de conseguir que comprendamos mejor a Kevin Shields, para lo bueno y para lo malo. Leyéndolo me acordé también mucho de “Conquista de lo inútil” (2007), de Werner Herzog. Sin duda, el cineasta alemán sería el más indicado para hacer un documental sobre él, ya que el irlandés es uno de esos personajes tan de su gusto, un hombre obsesivo hasta la locura y la autodestrucción en la persecución de su ideal sonoro. Y la virtud final de esta obra –¡qué gran acierto de la editorial Ondas del Espacio publicarla en España tan solo unos meses después de su edición original!– es que, a los que siempre tuvimos a My Bloody Valentine entre nuestros grupos favoritos, consigue que los amemos todavía más. Llevo días sin parar de escucharlos en bucle. ∎