Serie

Fallout

Graham Wagner & Geneva Robertson-Dworet(T2, Prime Video)
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Cuando “Fallout” (2024-) irrumpió en Prime Video, su primera temporada se presentó como un ejercicio de precisión narrativa: el Yermo, ese territorio posapocalíptico y aridísimo, desplegaba su brutalidad con exactitud quirúrgica; los personajes habitaban sus márgenes sin diluirse y la trama avanzaba con una lógica casi tautológica. Como en los videojuegos de la saga, cada movimiento exigía cálculo, gestión obsesiva de recursos y una planificación constante. Lucy, con su optimismo –a veces ingenuo–, funcionaba como ancla moral, mientras que el Ghoul nos recordaba que la memoria del mundo anterior no garantiza la humanidad. La tensión se sostenía con firmeza y convertía la supervivencia en un desafío tanto estratégico como ético. Ahora, la segunda temporada (del 17 de diciembre de 2025 al 4 de febrero), nuevamente bajo la batuta de Geneva Robertson-Dworet y Graham Wagner, apuesta por una construcción distinta. Ya no se limita a explorar el Yermo: lo atraviesa con mayor dispersión, multiplicando subtramas, facciones y episodios que operan como misiones secundarias autónomas, especialmente a su paso por New Vegas y las nuevas criaturas que emergen en ese trayecto.

Aun así, subyace una preocupación más amplia: la fascinación por anticipar el colapso y organizar la vida frente a la catástrofe inminente. Lucy (Ella Purnell) sigue siendo el corazón de la serie, pero su mirada ya no rasga la superficie del mundo: su optimismo es una resistencia contenida frente a la proliferación de rituales de supervivencia y vigilancia extrema. El Ghoul sigue inquietando, aunque el desconcierto se ha domesticado; incluso el horror pierde parte de su efecto primigenio cuando se integra en un universo que parece diseñado para expandirse hasta la saturación y, sobre todo, cuando todavía seguimos vislumbrando atisbos de nuestro Rick de la última temporada de “The White Lotus” (Mike White, 2021-); aquí sin nariz, claro.

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La potencia visual de la serie –su decadencia retrofuturista y la densidad del mundo– funciona como un argumento filosófico: los rituales del apocalipsis se convierten en prácticas existenciales que traducen el miedo colectivo en ética y conducta. En esa línea, dialoga con inquietudes contemporáneas que también explora “Pluribus” (Vince Gilligan, 2025-): prever el colapso, sistematizar la supervivencia y transformar la incertidumbre en protocolo. El apocalipsis opera así como espejo cultural, una amenaza fascinante que organiza jerarquías, decisiones y alianzas, mostrando que la división y el conflicto internos no son defectos, sino –en palabras de Slavoj Žižek– fuerzas que revelan tensiones fundamentales. Como en una de mis favoritísimas, “The Boys” (Eric Kripke, 2019-), el humor negro y la violencia funcionan como contrapeso irónico, reforzando la idea de que el fin del mundo no solo se teme, sino que también se performa con una mezcla de ansiedad y atracción morbosa.

Cuando “Fallout” concentra su mirada, recupera la tensión que definió su primera temporada: episodios donde la violencia, la sátira y el humor ácido se mezclan con la obsesión por la supervivencia y los escenarios de colapso. La serie invita al espectador a recorrer el Yermo, a estudiar a sus habitantes, a observar sus estrategias y, en última instancia, a preguntarse qué haríamos frente a un apocalipsis inminente: ¡kit de supervivencia, lectores! Es un mundo donde la preparación, la vigilancia y la acumulación de recursos no son solo mecánicas de trama, sino comentarios sobre la paranoia contemporánea y la fascinación cultural por el desastre.

Incluso en sus altibajos, “Fallout” sigue funcionando. La mezcla de visualidad opulenta, ironía satírica y tensión apocalíptica no es solo entretenimiento: es un ejercicio de pensamiento sobre la ética de la supervivencia, la moralidad en el colapso y la manera en que los seres humanos construyen cierto orden dentro del desastre. La serie muestra que imaginar el fin del mundo no es solo imaginar destrucción, sino estudiar cómo vivir mientras se espera que llegue, al puro estilo prepper pero sin el cinismo de la acumulación innecesaria. ∎

¡Viva New Vegas!
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