“Cello Song” es una de las canciones de “Five Leaves Left” (1969), el primero de los tres discos que Nick Drake (1948-1974) publicó en vida con Island Records, antes de “Bryter Layter” (1971) y “Pink Moon” (1972), y también la que da título a la novela gráfica que Jason (Molde, Noruega, 1965) dedica al músico británico, traducida al castellano por Óscar Palmer. En algo más de cien páginas aparecen sus años de estudiante, el encuentro con el productor Joe Boyd, las grabaciones, su rechazo al directo, el escaso eco de unos discos que hoy cuesta imaginar ignorados, la depresión y el regreso a casa de sus padres, hasta completar una vida brevísima sobre la que seguimos reuniendo testimonios y haciéndonos preguntas medio siglo después.
Jason es el nombre con el que firma John Arne Sæterøy, autor, entre muchos otros títulos publicados en España por Astiberri, de “Espera…” (2000), “¡Chhht!” (2002), “No me dejes nunca” (2005), “Yo maté a Adolf Hitler” (2006), “El loro de Frida Kahlo” (2015) o “La muerte en Trieste” (2024). Sus personajes antropomorfos, los ojos sin pupilas, la línea clara de ascendencia francobelga, las cuatro viñetas por página y una gestualidad reducida a unos pocos movimientos vuelven en “Cello Song. La historia de Nick Drake” (2026) junto a su afición por mezclar música, personajes históricos, melancolía y un humor bastante peculiar.
La bibliografía que cierra este volumen da una medida bastante precisa del trabajo previo: Jason cita las memorias de Joe Boyd, el libro preparado por Cally Callomon y Gabrielle Drake y las biografías de Patrick Humphries y Richard Morton Jack. Entre los detalles que recoge aparecen el Drake adolescente y atleta, su estancia en Aix-en-Provence, el encuentro en Marruecos con The Rolling Stones o aquellas últimas sesiones en las que tuvo que grabar guitarra y voz por separado. A esa vida documentada añade episodios que con el tiempo han adquirido algo de leyenda y escenas directamente imaginadas, incluida otra existencia posible junto a Françoise Hardy, mientras Joe Boyd, John Martyn, Gabrielle o sus padres, Molly y Rodney, entran y salen de la historia.
Sabemos cómo acaba todo y quizá por eso llega un momento en que empezamos a desear, contra cualquier lógica, que esta vez alguien consiga alcanzarlo. Jason encuentra algunas de sus mejores soluciones en esa incomunicación: Nick intenta contestar y los bocadillos quedan vacíos o su propia figura comienza a desaparecer; familiares y amigos hablan y sus palabras se convierten en bloques negros, hasta que alrededor solo parece quedar un murmullo ilegible. Desde las primeras páginas lo vemos además bajo el agua, dentro de una vieja escafandra, mirando desde el otro lado del cristal y unido al exterior únicamente por un tubo de aire; cuando la imagen reaparece en la memoria unas páginas después ya resulta bastante menos extraña.
También hay sitio para el humor, incluida una estupenda ocurrencia visual que convierte Island Records en una isla de verdad al recuperar la historia de la entrega de las grabaciones de “Pink Moon”. Menos afortunada resulta la broma final con el Club de los 27, en la que aparecen Jimi Hendrix, Kurt Cobain y Amy Winehouse, bastante gruesa después de páginas en las que Jason había hablado de la depresión con recursos mucho menos obvios.
“Cello Song” deja pena, ternura y unas ganas enormes de volver atrás para detenernos en las habitaciones y en todo aquello que seguramente se nos escapó la primera vez. Es también un pequeño objeto de deseo, de esos que apetece releer, mirar con más calma y hasta abrazar un poco. Los que hemos llegado hasta Tanworth-in-Arden para visitar la tumba de Nick Drake, junto a la de su madre, Molly, tampoco vamos a disimular ahora la devoción. Probablemente a él le habría espantado tanto entusiasmo. Al libro, por suerte, podemos abrazarlo tranquilos. ∎