Cómic

Robert Crumb

Relatos de la paranoiaLa Cúpula, 2026

Tras la apabullante relectura bíblica acometida en “Génesis” (2009; La Cúpula, 2009), Robert Crumb (Filadelfia, 1943) se quedó seco. El extenuante esfuerzo que supuso el libro lo llevó a dedicarse a una actividad hasta cierto punto desconocida para él, disfrutar con tranquilidad de un merecido (y acomodado) descanso. En casi dos décadas, el artista se dejó caer por los cómics en contadas ocasiones: una aportación al homenaje colectivo a las víctimas del atentado terrorista contra los miembros de la redacción de ‘Charlie Hebdo’ en 2015 y un cómic publicado como complemento de una exposición monográfica en una galería de arte parisina, “¡Sálvese quien pueda!” (2022; La Cúpula, 2024), realizado junto a su hija Sophie y su esposa Aline Kominsky-Crumb, quien falleció en 2022. Sobre esta última circunstancia y todo lo que tenga que ver con la vida y milagros de quien fue el gran maestro del comix underground, la interesada o interesado puede acudir a la reciente (y magnífica) biografía “Crumb. Vida de historietista”, de Dan Nadel (Es Pop, 2025).

Quizá haya sido (aunque esto sea aventurar) la ausencia de su esposa el detonante de este “Relatos de la paranoia” (2025; La Cúpula, 2026; traducción de Hernán Migoya), que se publica en nuestro país apenas un año después de su aparición en los Estados Unidos a cargo de Fantagraphics. Crumb, que cuenta ya con 82 años sobre sus espaldas, vuelve en plena forma. El de Filadelfia, afincado en Francia desde los noventa, orquesta una especie de panfleto de 44 páginas que sirve a la vez de testimonio autobiográfico (quien tuvo, retuvo) y argumentario majareta de las teorías de la conspiración. Pese a que él mismo se encarga de exponer sus dudas acerca de su propio estado de salud mental, ello no le impide manifestar su apoyo a Robert F. Kennedy Jr. (el chiflado Secretario de Salud de esta segunda administración Trump), la denuncia de un Estado profundo que maneja los hilos en la sombra y mostrar su desconfianza ante las vacunas. A estas alturas de la película, las consecuencias que le puedan acarrear posicionarse abiertamente como un conspiranoico antivacunas no creo que le quiten el sueño a un artista que se encuentra en el último tramo de su vida y que está acostumbrado a lidiar con todo tipo de polémicas. De manera inevitable, en el cómic también se habla de la finitud: un par de páginas donde Crumb, con humor, habla con Dios y le pregunta sobre qué le espera al otro lado y otra historia que sirve de cariñoso recuerdo de su compañera fallecida.

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Y todo ello dibujado con el habitual nervio y precisión de un gran maestro al que la edad no le ha hecho perder un ápice de su habilidad. Plumilla, tinta china y una caligrafía por la que no parece pasar el tiempo. Gestualidad expresiva, retratos marca de la casa y la sensación de dominio absoluto de la forma recorren una obra que, esperemos, no se convierta en el último peldaño de la carrera de una de las voces fundamentales del cómic universal. ∎

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