Si los hermanos Coen aplicaban el filtro de la extravagancia sobre la obra de Raymond Chandler en “El gran Lebowski” (Joel Coen, 1998) para poblar sus tramas enrevesadas de personajes estrafalarios, Sterling Harjo deforma las novelas de Jim Thompson en “Verdades ocultas” (2025-) para ofrecernos una afilada lectura sobre unos Estados Unidos desquiciados.
Lee Raybon (Ethan Hawke) es un librero que dedica la mayor parte de su tiempo a emplearse a fondo como periodista gonzo. Sus investigaciones, que lo sitúan en la estirpe de los detectives privados improvisados, aparecen regularmente publicadas en el ‘Heartland Press’ y pretenden remover los cimientos de Tulsa, pero lo cierto es que apenas suscitan el interés del público y mucho menos le sirven para despintar de rojo los números de su escuálida cuenta bancaria. Las únicas contraprestaciones que recibe llegan en forma de magulladuras, causadas por la asociación de damnificados de su prosa afilada que prefieren utilizar un bate de béisbol antes que mandarle una carta al director. Raybon, sombrero vaquero, gafas de sol, es un tipo justo, un padre ausente, un tozudo embaucador y un amante voluble pero fiable. Un desastre que viaja en una furgoneta destartalada a la que todos queremos subirnos, probablemente porque con Ethan Hawke –un espléndido Ethan Hawke– nos iríamos a cualquier parte.
Ahora bien, que la vida de uno sea complicada no es óbice para que se siga complicando más. En el caso de Lee Raybon no es que las desgracias nunca lleguen solas, es que él las busca como quien trata de alcanzar a la diosa Fortuna gastándose su ahorros en billetes de lotería. Cincuentón divorciado con un hija a la que apenas presta atención, con una ex a punto de casarse de nuevo y un negocio en ruinas, Lee desatenderá cualquier obligación afectiva o profesional para investigar el sospechoso fallecimiento de Dale Washberg (Tim Blake Nelson), hermano del candidato a gobernador que ha aparecido con un tiro en la sien en el despacho de su casa.
Sterling Harjo demuestra tener un conocimiento profundo del material en el que se inspira y presenta una galería de criaturas singulares pero reconocibles, desde la femme fatale sin escrúpulos que encarna Jeanne Tripplehorn al detective romántico que interpreta Keith David. Brillan especialmente los personajes episódicos, cuyas rutilantes y puntuales apariciones (desde los fabricantes de caviar falso al viejo socio al que presta su rostro Peter Dinklage) apuntalan la lábil estructura de una serie repleta de desvíos.
Al final, la argamasa dramática que sostiene esta historia bizantina tiene más que ver con la reconexión de Lee con su hija Francis (Ryan Kiera Armstrong) que con la peripecia detectivesca de clara inspiración pulp. Es el relato paternofilial el que dota de una mínima consistencia a una serie de proceder errático y, por momentos, arrítmico, en perfecta consonancia con las deambulaciones de su protagonista, alguien con un elevado sentido de la justicia que, sin embargo, es incapaz de ordenar su vida en ningún sentido. Esos excursos también se trasladan a lo estético, tal y como refrendan las apariciones fantasmales de Dale o la manera de ilustrar determinados flashbacks (la sombra de David Lynch sigue siendo alargada y la presencia de Kyle MacLachlan como Donald Washberg no es casual).
El espíritu de Jim Thompson también se nos aparece en la esfera de lo argumental, pues las revelaciones ulteriores nos hablan de la fundación de una nación sustentada en el crimen, del expolio del que fueron víctimas los nativos americanos y de cómo las élites estadounidenses no temen aliarse con el fundamentalismo religioso y el neofascismo rampante con tal de seguir manejando el cotarro.
Ahora bien, frente a la amoralidad despiadada que gobierna la mayoría de novelas de Thompson, el creador de la reivindicable “Reservation Dogs” (2021-2023) propone un final reparador, casi tratando de enmendar la plana al ominoso presente que está dibujando Donald Trump. En ese sentido, “Verdades ocultas” se inscribe en el seno de una nueva corriente que da cuenta de un país desnortado, al borde de la implosión, marcado por el ascenso del totalitarismo, la desinformación y la desconfianza en las instituciones y en las fuerzas del orden. Una serie de tópicos que aparecen, formulados de muy distintas maneras, en películas como “Una batalla tras otra” (Paul Thomas Anderson, 2025) o “Eddington” (Ari Aster, 2025), pero también en teleseries como “Efectos secundarios” (Joseph Bennett y Steve Hely, 2025), “La empresa de las sillas” (Tim Robinson y Zach Kanin, 2025) o “Grotesquerie” (Ryan Murphy, 2024). ∎