Hoy empezamos filológicamente densos, ojo. A saber: de las cuatro acepciones del verbo colaborar nos vamos a quedar en esta ocasión con la cuarta según la RAE, que no es otra que la de
“ayudar con otros al logro de algún fin”. Y es que, aunque la primera,
“trabajar con otra u otras personas en la realización de una obra”, también vendría a cuento, mejor la cuarta. Porque aquí, en este
“In The Hour Of Chaos” de la canadiense
Allison Russell, se trata, más que de culminar una obra (
“cualquier producto intelectual en ciencias, letras o artes, y con particularidad el que es de alguna importancia”), de lograr un fin (
“término, remate o consumación de algo”). Porque esa es la sensación: la de fin logrado.
Y ese fin sería: 1) no repetir la fórmula de su anterior y segundo álbum de su carrera en solitario,
“The Returner” (2023), y eso que gracias a él recibió cuatro nominaciones en los Grammy, que os van a servir para etiquetar su música, si así gustáis (fueron por Best Americana Album, Best American Roots Song, Best Americana Performance y Best American Roots Perfomance, llevándose el galardón en esta última categoría por la canción “Eve Was Black”) y 2) completar en comandita (aunque siendo ella, Allison, la única fuerza gravitacional y la que responde ilimitadamente por todo el proyecto) un disco con las miras y los brazos más abiertos que su antecesor, menos urgente pero con una trascendencia más comunal, muy comunal, al ofrecer la música como fármaco y acto de resistencia, un disco que celebra a quien busca la conexión y que lo hace de manera absolutamente luminosa. Suena a un fin repipi y/o pedante, lo sé, casi cursi, pero nada de eso hay aquí.
Allison no se ha cortado a la hora de reunir a colaboradores (¡equipo!) para esta grabación, así que ha metido a formar parte de su arriba citada comandita a estos nombres: Norah Jones, Joy Oladokun, Britney Spencer, Sarah Watkins, Kara Jackson, Julie Williams, Denitia, Explore! Pop Choir, Ruby Amanfu, Kyshona, Devon Gilfillian, Cashu Culpepper, Chibueze Ihuoma y Ahya Simone. De la misma manera que en ninguno de sus dos discos anteriores tuvo a ningún invitado de esos que se llaman especiales, en este los hay en diez de sus once piezas. Pero en cero momentos el álbum se le va por los cerros de Úbeda. No divaga y siempre lo lleva atado en corto y por la calle del medio, con la producción compartida con Dim Star y la composición (salvo en un tema) con Drew Lindsey y JT Nero, es decir, siempre con una mano suya al volante para que no descarrile a la hora de (volvemos al primer párrafo) lograr su fin.
Allison escogió en 2024 en la revista ‘Uncut’ estos ocho discos para una sección llamada “My Life Music”, enfocada a algo así como los discos que no puedes dejar atrás: “Ladies Of The Canyon” (1970) de Joni Mitchell,
“Tracy Chapman” (1988) de Tracy Chapman, “Freedom Highway” de The Staple Singers (1991), “Sweet Petunias. Independent Women’s Blues, Volume 4” (1986) de varios artistas, “Universal Mother” (1994) de Sinéad O’Connor, “Blue Horse” (2000) de The Be Good Tanyas, “The Dusty Foot Philosopher” (2005) de K’Naan y “Songs In The Key Of Life” (1976) de Stevie Wonder. Es como si en “In The Hour Of Chaos” hubiera convertido esas imágenes sonoras suyas formativas en una fotografía presente de lo que quiere ser. Fin logrado. ∎