feeble little horse pueden haber perdido a un miembro –el cofundador Ryan Walchonski–, pero la verdad es que eso apenas se nota en “bitknot”, tercer episodio largo en un proceso continuo de mejora. Su noise pop de letras sarcásticas sorprendió gratamente en “Hayday”, publicado en 2021 en Julia’s War (el sello de Douglas Dulgarian, de They Are Gutting A Body Of Water) y reeditado un año después por Saddle Creek, su venerable sello actual. Pero fue con “Girl With Fish” (2023) cuando empezaron a dar verdadero miedo, en el mejor sentido posible.
Tras el single bisagra “This Is Real”, el trío liderado por Lydia Slocum entrega ahora su manifiesto sónico, melódico y filosófico más convincente hasta la fecha. Nunca han sonado tan pop ni tan experimentales, en un equilibrio fascinante entre impulsos melodiosos y fijación en hacer las cosas de manera distinta. Los temas son especialmente camaleónicos. O cambiantes de forma aún más sorprendente, si cabe. Están cruzados por líneas irónicas (pero menos) sobre la imbricación de la tecnología en nuestras vidas y nuestras psiques: la Big Tech jugando con nuestros sentimientos para que no dejemos de ser niños pequeños, no nos sintamos suficiente, solo aspiremos a una perfección inalcanzable e inexistente.
La vocalista y bajista Slocum, el batería Jake Kelley y el hombre orquesta Sebastian Kinsler arrancan la inicial “Doorway” con sonidos de distorsión y riffs cayendo a plomo antes de instalarse en una calma relativa, de pulso indietrónico, onda Lali Puna, que deriva en un estribillo nuevamente fulminante. Con la posterior “Poison”, casi puede parecer que las primeras Luscious Jackson se han colado en el estudio: groove en el corazón, aunque feeble little horse puedan ser catalogados, a veces, como cerebrales o matemáticos.
“Dior” y “Shopping” desdibujan ligeramente la idea de la posible distancia emocional. Ambas gira en torno a algo tan humano como gastar para sobrevivir. “No tengo seguro médico, pero nada duele cuando vas de [el diseñador indie] Ben Doctor”, canta Slocum en la primera, que le sirve también para despachar a un viejo lío músico que quiere ser, pero no es, David Berman ni Kurt Cobain. En la segunda cae en la envidia mirando Instagram, como cualquier hija de vecina. “Necesito su ropa, necesito su pelo / Es igual que yo, solo que más guapa, y no es justo”. Poco después llega una emotiva aproximación al caos del duelo, “Cradle”, en la que la voz muchas veces filtrada y troceada de Slocum suena cercana, cálida, con efectos sobrecogedores.
“bitknot” se mantiene sólido hasta una parte final en la que Kinsler sorprende cantando con Auto-Tune (“Upside Down”) y Slocum saca voz doom metal para cargar contra el capitalismo tardío (“DMT”, siglas de “muerte, dinero y tecnología”, además de una sustancia psicoactiva). Son, en total, solo 25 minutos impecables, lanzados al mundo sin avances previos y promocionados con una remodelada página web bajo el influjo de… GeoCities, nada menos. Hubo un tiempo en que internet molaba. ∎