Tan solo cuatro álbumes integran el impecable catálogo de Gia Margaret, dos vocales –el corriente junto al primero, “There’s Always Glimmer” (2018)– y dos instrumentales entremedias –el ambiental “Mia Gargaret” (2020) y el más orgánico “Romantic Piano” (2023), ambos excepcionales–. Las razones de ese curioso intermedio son conocidas. Se encuentran en la lesión que esta artista de Chicago sufrió tras un brote de laringitis con afección nerviosa inoperable durante su gira de hace siete años. No podía cantar sin dolor y hasta cambió su timbre de voz causándole unas secuelas emocionales que ya parecen totalmente solucionadas.
No es casualidad que su regreso al formato de canción lo haya querido titular “Singing”, un disco de doce piezas de gran factura –once vocales y una instrumental– que habría suscrito Sade en su mejor momento, artista a la que Gia admira, como la triphopera “Cellular Reverse”, producida por Doug Saltzman al igual que el 99% del álbum. Ecos del preciosismo de David Sylvian se reconocen también en “Phone Screens” –la guitarra de Bill Nelson, pero es Nick Levine–, “Everyone Around Me Dancing” –la trompeta de Jon Hassell, aunque sea otro colaborador suyo quien la toque, el noruego Arve Henrickson– o la fenomenal “E-Motion” –los vientos de Nicola Alesini, Adam Schatz en realidad–, con un final eléctrico de Kurt Vile que parece surgido del “Wuthering Heights” de Kate Bush.
“Singing” se centra en la reinvención forzada de Gia Margaret, una curación rápida si pensamos en Shirley Collins, que quedó inhabilitada para el cante durante más de treinta años por una disfonía histérica, larguísima si pensamos en Marc Almond tras su accidente de motocicleta en 2004, y del valor de la amistad, como en el single “Good Friend”, producido esta vez por Guy Sigsworth –de Frou Frou pero ante todo empleado de lujo en el ámbito de gente como Madonna, Björk o Britney Spears–, una pieza sincrética que combina pop, aromas de los sesenta, soul, arreglos orientales y el sugerente colofón de un canto gregoriano moderno a cargo de ILĀ –Ilā Kamalagharan, cofundador junto a Coda Nicolaeff de London Contemporary Voices y de su rama transexual Trans Voices–. Esta y otras como la mencionada “Everyone Around Me Dancing” o “Rotten” giran alrededor de la alienación y el redescubrimiento, ese espectro temático tan fértil creativamente que la norteamericana ha sabido aprovechar desde la recomposición de su gran talento.
El pathos de “Singing” no es vehemente sino tranquilo. Parece que la chica de Illinois ha encontrado el equilibrio y ha recuperado su capacidad para cantar –empleando para ello un vocoder que apenas se escucha en “Singing”–, ese milagro biomecánico que define nuestra personalidad y la identidad de un artista de pop. Esa felicidad recuperada trasciende en piezas de minimalismo extático como “Phenomenon”, en las atmósferas electroacústicas de “Ambient For Ichiko” –sí, Ichiko Aoba, la guitarrista nipona con la que Margaret giró el año pasado: en su proverbial optimismo buscó la inspiración componiendo este delicado interludio para su set en directo– o en el country espacial de “Guitar Duo”, corte instrumental que parece extraído del disco duro de Brian Eno. Compuesto entre 2020 y 2025, más personal que conceptual, o ambas cosas a la vez, “Singing” supone un triunfo sin paliativos, un disco de ambient pop mágico, detallista y melódico que reúne todo lo aprendido en los álbumes previos, y no solo una catarsis de reconexión o un tratado íntimo sobre comunicación con el mundo y tus prójimos, que también. ∎