Álbum

Hildur Guðnadóttir

28 Years Later. The Bone TempleMilan-Sony, 2026

“28 años después” (Danny Boyle, 2025), inesperada segunda secuela tardía del clásico del cine zombi (o de infectados) “28 días después” (Danny Boyle, 2002), contó con una vibrante banda sonora de Young Fathers, quienes ya habían ayudado a Boyle en “T2. Trainspotting” (2017) con un tema original (“Only God Knows”) y cinco préstamos. El grupo rock/hip hop escocés fue coherente consigo mismo y aportó un score con, en realidad, muchas canciones en toda regla. Era un poco como una continuación lógica de “Heavy Heavy” (2023), solo que con algo tan insólito en su paleta instrumental como una gran orquesta.

Para el siguiente episodio de la saga, “28 años después. El templo de los huesos”, rodada justo después del anterior y recién llegada a salas, era fácil imaginar que la ambientación sonora cambiaría. La nueva directora, Nia DaCosta, no sabe ya hacer películas sin Hildur Guðnadóttir, quien la acompañó en “Candyman” (2021) y “Hedda” (2025). Lo que propone la islandesa es un score-score, un score clásico, o todo lo clásico que puede ser un trabajo de esta antigua chelista y colaboradora de Jóhann Jóhannsson, condecorada con el Emmy y el Óscar por las músicas experimentales de, respectivamente, “Chernobyl” (Craig Mazin, 2019), en la que aprovechó sonidos reales de una planta nuclear inoperativa, y “Joker” (Todd Phillips, 2019), basada en oscuros drones que costaba esperar en un filme marca DC.

Igual es más tenebroso que el trabajo de Young Fathers porque, según ha explicado DaCosta, el anterior filme iba sobre “la naturaleza de la familia” y este es sobre “la naturaleza del mal”. O quizá porque, simplemente, por tratarse de una obra de Hildur Guðnadóttir, compositora que, como ella mismo ha confesado, tendría serios problemas para hacer una comedia romántica.

En el nuevo filme sabremos más sobre el inquietante Dr. Kelson de Ralph Fiennes y también qué fue de Spike (Alfie Williams) tras unirse a la banda de asesinos de infectados que lidera el sádico satanista Sir Lord Jimmy Crystal (Jack O’Connell). Con el solemne Kelson, sobre todo, tiene que ver “Bare Bones”, un tema principal –en versión más extendida al final del score– con aire de procesión funeraria. En esta misma onda de clásica contemporánea afligida se mueven “Temple High” y la preciosa, a pesar de la oscuridad, “Moon”, buena banda sonora para ver acercarse el apocalipsis.

Junto a esas temas muy basados en la cuerda, encontramos un grupo de piezas más basadas en lo percutivo, como “Pool Fight” o unas “Building Temple”, “Charity” y “Bone Closure” con un tictac casi de bomba de relojería. Según explicó DaCosta en el pódcast “Soundtracking with Edith Bowman”, Guðnadóttir construyó para estos temas “una orquesta de huesos, básicamente: mucha percusión con huesos, flautas hechas con huesos, huesos de animal, obviamente, no humanos”. Queda por saber cómo lograría la extraña distorsión de “Meeting Station”, “Roof Drop” y “Ropes” (en este caso, un rugido de textura artificial), muy cerca en tacto y capacidad aterradora a la que Charlie Clouser trabajó para el tema principal de “American Horror Story” (Ryan Murphy y Brad Falchuk, 2011-). ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados