Álbum

Rostam

American StoriesMatsor Projects, 2026
Como sugieren el título y la portada, el tercer trabajo en solitario de Rostam Batmanglij apela a un nuevo tipo de americanidad (porque lo de dejarse de considerar el centro de América todavía como que no) en torno a la idea, parece, de “dilución” de la americanidad: América no necesita volver a ser grande de nuevo, parece decir Rostam; América es más grande cuanto menos América es, cuando más dada la vuelta está. Con este concepto en la cabeza, el artista, compositor y productor neoyorquino abandona casi por completo en su nuevo trabajo en solitario el sonido caleidoscópico, orquestal y psicodélico que siempre lo ha caracterizado y se entrega por completo a los géneros genuinamente americanos –el folk, el country, la americana–, insertando sin embargo un instrumento bastardo como el saz (a cargo de Amir Yaghmai de The Voidz) para explorar sus raíces iraníes. Mientras los EEUU de Donald Trump bombardean Irán en una guerra sin sentido excepto para sus colegas multimillonarios, Rostam ofrece para contestarle su versión mestiza de la americanidad.

“Back Of A Truck” es reveladora en este sentido: parte de una imagen que no puede ser más americana –escuchar canciones en el coche, el road trip, un sonido cálido y soleado–, y se desenvuelve entre menciones a Bob Dylan, armónicas y cuerdas country, que se entrecruzan después con melodías de saz, evocando una frontera imaginaria. La América de la que habla Rostam es una idealizada como la que a nivel puramente sonoro evocan las slide guitars de “The Road To Death”; una en la que aún cabe el espíritu crítico y por tanto la esperanza: “Confío en que podamos aprender de nuestros errores / Y aunque la verdad sea ocultada / Creo que todavía podemos revelarla”, canta en “Forgive Is To Know” mientras el saz y un violín tabernario dialogan en armonía. “Sé que el mundo se desmoronará / Y espero que el dolor se detenga”, canta por su parte, con voz queda, en la suave balada folk que es “Come Apart”. En la final y progresiva “The Weight” es donde más explícitas se hacen las ideas que sostiene: Batmanglij alude a un “gobierno roto”, que “puede forzar una dimisión, pero que no puede detener una formación”.

Lástima que las banderas que alza Rostam en el final de “American Stories” no se sostengan realmente durante casi ningún otro momento del disco. Tan solo algunas letras hablan, y solo sucintamente, de algo colectivo –“Some nights, we slide / Up together, side by side”, canta en la inicial “Like A Spark”–, y la mayoría componen una meditación sobre la bajona de hacerse mayor y no llevar demasiado bien la crisis de los cuarenta o sobre el divorcio y el bloqueo creativo, temas realmente egocéntricos que no casan bien con esta narrativa unificadora. No sorprende, de hecho, encontrarse a Tobias Jesso Jr. entre los créditos de composición, pues en este sentido “American Stories” comparte mucho más con su último “s h i n e” (2025) que con cualquier disco que apele a sentimientos comunitarios con el ánimo de cambiar el mundo, además de que está pobremente escrito: dice “some” hasta veinticuatro veces solo en las cuatro primeras canciones, y no es que se quede ahí, es que yo he dejado de contar.

Sorprende también que este sea el disco más Vampire Weekend que ha sacado Rostam tras su salida de la banda: el principio es clarificador, como lo es “To Feel No Way” o sobre todo “Hardy”, un boceto iniciado en 2012 –poco antes de “Modern Vampires Of The City” (2013)– con la voz de Clairo y un sample orquestal extraído de la banda sonora de “La noche americana” (François Truffaut, 1973), autoría de Georges Delerue. ¿Por qué ha preferido hacer esto y no simplemente volver con Ezra y compañía? Solo Dios y él lo saben con seguridad. ∎

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