No se trata de recurrir a lo de que del dicho al hecho hay un gran trecho. Ni a aquello que dijo el filósofo y físico alemán Werner Karl Heisenberg, lo de “las ideas no son responsables de lo que los hombres hacen de ellas”. Igual se trataría más bien de pensar en ese momento del libro “La picadura de abeja” de Paul Murray, en la página 378, en el que se lee que “la historia no son más que unas bragas. ¿Y qué encuentras cuando te las quitas? Dickie no tenía respuesta, los ojos del chico, dilatados por las gruesas lentes, lo miraron con regocijo. Pues la naturaleza, dijo, contestando a su propia pregunta. Nada más que la naturaleza”. Y ahora procedo a explicarme, para que entendáis por dónde voy, pues reconozco que así, tan de sopetón, os pueda haber resultado confuso.
La génesis de este disco es la siguiente. Sammy Brue, joven trovador estadounidense, del estado de Utah para más datos, ha parido este disco basándose en las anotaciones sobre futuras canciones que dejó su mentor y amigo (y gran ídolo) Justin Townes Earle, fallecido el 20 de agosto de 2020 (por mala mezcla de fentanilo y cocaína), en una especie de diario que había bautizado como “The Journals”.
¿Cómo llegaron esas anotaciones a Sammy? Resulta que el muchacho compuso una canción que llevaba por título “For Justin” y se la envió a la viuda del (ya tú sabes) hijo de Steve Earle, por nombre Jenn Marie Maynard. Y tanto le gustó ese tema a Jenn que regaló el mencionado diario a Sammy, quien al abrirlo y leer esos bocetos pensó que ahí estaba el álbum que siempre había querido firmar a medias con Justin. Dicho y hecho: desde el 23 de enero, vía Bloodshot Records, aquellos bosquejos los tenemos acabados, grabados y disponibles. Produce Ben Tanner, masteriza Kimberley Rosen. Sueño hecho realidad para Sammy Brue desde que, cuando tenía solo 11 años, había conocido a Justin. Aquel día, el primero ejercía de músico callejero (sí, con 11 años) en las calles de Ogden (Utah), ciudad donde el segundo iba a actuar esa noche (a Brue no le dejaron entrar al concierto por cuestiones de edad).
En las diez canciones del LP encontramos transfusiones directas de lo que dejó escrito Justin Townes (“You Tell Me”, “Love At A Glance”), otras que aparecen firmadas por los dos (“Lonely Mornings”, “Promise To Keep”), las hay que han crecido desde ideas más bien primerizas que dejó el finado (“Older Than I Ever Thought I’d Be”)… Y ahora volvemos al primer párrafo. No es que el disco no esté bien. Ni mucho menos su causa. Pero Sammy no es Justin, de la misma manera que en el libro “La picadura de abeja” los dos hermanos, Dickie y Frank, no son lo mismo, y bien que lo sabe el personaje femenino de Imelda. El efecto electrizante se tiene o no se tiene, se provoca o no se provoca, se logra o no. ∎