Hace más de una década que Bestia Bebé construyen canciones a partir de las cosas más simples: un campo de fútbol destartalado, una tarde cualquiera en el barrio o el rencor de alguien que no te felicita el día de tu cumpleaños. Desde que apareció en la escena argentina a comienzos de la década de 2010, la banda de Boedo –formada por Tom Quintans (voz y guitarra), Chicho Guisolfi (bajo), Polaco Ocorso (batería) y Marki Canosa (guitarra)– ha encontrado la épica en lo más cotidiano, convirtiendo las experiencias más comunes en su modus operandi.
Su nuevo disco, “Yendo rápido a ningún lugar” (Laptra-Primavera Labels, 2026), llega cuando la edad media del cuarteto se acerca a los cuarenta años, después de seis álbumes de estudio y una relación cada vez más sólida con el público español. Se habla de las mismas cosas, pero desde perspectivas distintas: ya no se toman pipas en el parque, pero la forma de relacionarse con los amigos es muy parecida. El tiempo moldea amistades, relaciones, proyectos y formas de entender la vida con serenidad y sentido del humor, dos rasgos fundamentales dentro del universo de Bestia Bebé.
Quizá por ese enfoque reflexivo, “Yendo rápido a ningún lugar” es también su disco más contenido. Las guitarras conviven con baterías electrónicas, samplers, teclados y nuevos recursos de producción que expanden un sonido históricamente asociado al rock de guitarras. El resultado transmite, sobre todo, un avance: aunque no se llegue a ningún sitio ni se quiera llegar. Conversamos con Tom, sus compañeros apenas intervienen, en Madrid.
Habéis publicado hace poco “Yendo rápido a ningún lugar”. ¿De dónde surge esa idea de seguir avanzando sin tener del todo claro hacia dónde?
Tom: En realidad no era el título original del disco. Cuando ya teníamos las canciones grabadas y estábamos terminando la mezcla, nos dimos cuenta de que el nombre que habíamos pensado no encajaba demasiado con lo que contaban las canciones en conjunto. Entonces empezamos a buscar otro y apareció una frase dentro de una de las letras: “Yendo rápido a ningún lugar”. Nos pareció que resumía bastante bien lo que atravesaba el disco. Mucha gente nos ha dicho que parece una reflexión sobre la vorágine actual, sobre estar todos corriendo de un lado para otro, pero no va tanto por ahí. El álbum habla más bien del paso del tiempo. Somos una banda que disfruta mucho del día a día: estar juntos, tocar, viajar. No vivimos esperando alcanzar una meta concreta o llegar a un sitio determinado. Ya estamos haciendo lo que nos gusta. Va más por valorar el camino que por una crítica a la sociedad.
Giráis muchísimo y venís a España prácticamente cada año. ¿Ese ritmo os obliga a recordaros constantemente que también hay que disfrutar del proceso?
Tom: Sí, claro. Pero no solo con la banda, también con la vida en general. Siempre existe la tentación de pensar en la siguiente meta: que vaya más gente a los conciertos, vender más discos, ganar algún premio. Pero para nosotros lo importante es divertirnos, pasarla bien y compartir tiempo con nuestros amigos. Al final eso es lo que realmente queda.
Aun así, hay que preocuparse, al menos, por mantener lo que se ha construido, ¿no?
Tom: No demasiado. El motor de todo esto son las ganas que tenemos de hacer música. Tocamos desde chicos y sigue siendo lo que más nos gusta hacer. Lo que nos impulsa a sacar un disco nuevo es la necesidad de escribir canciones nuevas, probar cosas distintas y seguir creando. Las canciones nuevas las hago para mí. Primero tienen que gustarme a mí y después las comparto. Nunca escribí pensando si una canción me va a hacer crecer más o menos. Obviamente hay cuestiones que tenemos en cuenta porque somos una banda autogestionada y estamos pendientes de todo lo que pasa alrededor. No vivimos en una nube. Pero el origen de todo sigue siendo el mismo: las ganas de hacer música.
Cuando dices autogestionada, ¿a qué te refieres exactamente? Porque trabajáis con Primavera Labels, por ejemplo.
Tom: Digo autogestionada porque no me gusta decir indie. Cuando trabajamos con Primavera Labels, por ejemplo, lo que hacemos es licenciar nuestros discos. Los másteres, las grabaciones y la propiedad de los discos son nuestros. Nosotros grabamos los discos y somos los dueños de esas grabaciones. Después hacemos acuerdos de licencia con Primavera, o con quien sea en México, Chile, Suiza o donde corresponda, pero la propiedad sigue siendo nuestra.
¿Cuántos años tenéis ahora?
Tom: 37 o 38 casi todos.
Muchas de las temáticas de “Yendo rápido a ningún lugar” conectan con cuestiones que aquí mucha gente suele abordar alrededor de la crisis de los treinta… pero a vosotros os ha pillado algo más tarde.
Tom: Yo no hablaría de crisis. Una crisis es algo malo, un momento complicado. El disco habla del paso del tiempo, de crecer, de cómo cambian las relaciones con los amigos, con las parejas, con los hijos. Va más por ahí. Me preocupa un poco que la gente entre en crisis a los treinta años. Lo nuestro tiene más que ver con observar cómo cambian las cosas a medida que pasan los años.
Vuestros discos siempre han hablado mucho de la amistad, el barrio y la vida cotidiana. ¿Cómo ha cambiado vuestra manera de abordar esos temas con los años?
Tom: El primer disco hablaba mucho de nuestro entorno y de nuestra realidad más inmediata. Con el tiempo fui creciendo y también cambiaron las cosas que me afectan o me interesan. Ahí está la principal diferencia. Las canciones no suelen ser tan explícitas como parece. A veces la gente piensa que hablan de una cosa y en realidad hablan de otra. Antes podía escribir una canción para un amigo o para una novia; ahora también puedo escribir una canción pensando en mis hijos. El cambio está ahí. Si uno analiza los discos, puede ver cómo fueron cambiando las cosas que me preocupaban o me atravesaban en cada momento.
¿Hay algo de nostalgia en ese proceso?
Tom: No, no especialmente. No es una búsqueda consciente. Más que nostalgia, hablaría de reflexión. Tampoco me senté un día a pensar “voy a hacer un disco sobre el paso del tiempo”. Lo que pasa es que, evidentemente, tenía la cabeza puesta en algunas de esas cuestiones y terminaron apareciendo en varias canciones. Pero no es un disco conceptual. Hay temas que no tienen nada que ver con eso.
Al escuchar el disco me ha dado la sensación de que es mucho más acústico y relajado que los anteriores. ¿También lo veis así?
Tom: Sí, es verdad. Tiene menos canciones rápidas. El disco anterior ya iba un poco por ahí y este todavía más. Igualmente, nuestro primer LP también tenía mucho componente acústico. La mitad era acústica y la otra mitad eléctrica. En este caso se dio de manera bastante natural por las propias canciones. Había temas que no podías sacar de ese lugar. Además, hay decisiones que cambian mucho la sensación general del disco: en la primera la batería tarda muchísimo en entrar y en “Si me voy no significa que te quiera menos” también aparece bastante tarde. Antes la batería estaba prácticamente todo el tiempo. Son detalles que ayudan a diferenciar cada disco. No sé si diría que es un disco de baladas, pero sí tiene un tempo más contenido.
Habéis vuelto a producir el disco con Felipe Quintans. ¿Cómo se consigue hacer cosas nuevas sin dejar de trabajar siempre con el mismo equipo?
Tom: No es que Pipe entre como productor desde el origen de las canciones. Yo llego con maquetas y demos bastante avanzadas. A partir de ahí le digo: “Tratemos de hacer algo diferente a lo anterior, busquemos cosas nuevas”. Empezamos a grabar baterías, arreglos y a probar en el estudio. Él tiene una tendencia natural a buscar cosas novedosas, incluso más que yo. Escucha música más rara, más poco convencional, y siempre está intentando encontrar caminos distintos. Yo soy bastante más clásico en algunas cuestiones y él suele aportar ideas que sacan las canciones de ese lugar. Para hacer un cambio realmente radical probablemente tendríamos que trabajar con otra persona, eso es cierto, pero Pipe tampoco es alguien que se repita.
Trabajar con un hermano no siempre es fácil, ¿no?
Tom: Lo bueno de trabajar con mi hermano es la confianza. Yo le puedo mostrar una canción y me puede decir: “Esto es una mierda”, y no me afecta. Es mi hermano. Y yo puedo decirle exactamente lo mismo a él. Esa sinceridad es muy útil cuando estás haciendo música. Te permite avanzar sin quedarte atrapado en el ego o en los sentimientos heridos.
Chicho: Bueno, se han peleado muchísimas veces grabando discos. Una vez parecía el documental de Metallica, saliendo del estudio a gritos.
Bueno, os enfadáis rápido y os reconciliáis rápido.
Tom: Exacto. Para trabajar está buenísimo porque podés ser completamente sincero.
Con un disco menos eléctrico, ¿también cambia el equipo que lleváis al directo?
Tom: Esta es la vez que más cosas tuvimos que cambiar para el directo. Ya veníamos tocando con Nina en los teclados y con Tucu en la guitarra acústica, así que éramos seis sobre el escenario, un poco anticipando lo que venía. Pero para estos conciertos tuvimos que sumar bastante equipo. El baterista ahora lleva un Octapad, que nos permitió incorporar toda la parte de baterías electrónicas y samplers. También hubo que comprar teclados nuevos, pedales, más equipo…
Marki: Hubo que poner plata.
Tom: Sí, nos cavamos nuestra propia tumba en ese sentido.
¿Hay algún cacharro nuevo que os hayáis comprado últimamente y que os haya hecho pensar: “Quiero hacer todas las canciones con esto”?
Tom: No sé, Marki tiene muchísimos pedales.
Marki: Hay uno que sí. El phaser.
Tom: Yo, en cambio, soy bastante raro con eso. Mi hermano me prestó un armonizador y lo uso, pero en realidad odio los pedales. Si fuera por mí no usaría ninguno. Más allá de eso, lo que realmente me entusiasma son los timbres nuevos que aparecieron en la banda. Escuchar los teclados, las acústicas o algunos sonidos que antes no estaban. Cuando los pido en el retorno y los escucho bien, siento que las canciones ganan colores distintos. Eso me gusta mucho.
Quería preguntaros también por “Gustavo Costas” (mítico jugador del Racing Club de Avellaneda). ¿Qué relación hacéis entre el fútbol y la escena rock argentina?
Tom: Cuando nosotros empezamos, hace casi quince años, el fútbol prácticamente no existía dentro de la escena indie argentina. Sí aparecía en el rock más clásico o más popular, pero en determinados círculos estaba bastante mal visto. Nosotros arrancamos con una portada en la que salía un equipo de fútbol, usábamos camisetas de fútbol, hablábamos de fútbol en algunas canciones y nos gustaba el fútbol. Para mucha gente eso era algo medio berreta, algo poco sofisticado. Pero para otra gente fue precisamente lo que más llamó la atención de la banda. Había personas que no conectaban tanto con el rock más clásico, pero sí con esas referencias. Encontraron algo propio en Bestia Bebé porque hablábamos de cosas que formaban parte de nuestra vida cotidiana.
También es un arma de doble filo que te identifiquen tanto con algo concreto.
Tom: Totalmente. Las cosas que llaman la atención de ti son las que después te persiguen. Mucha gente llegó a la banda por el fútbol y eso fue tan fuerte que a mí me generó una reacción de querer hacer otras cosas. Durante mucho tiempo nos identificaron únicamente con eso. Ahora lo abrazamos más porque forma parte de nuestra historia y de lo que somos, pero tampoco es lo único que define a Bestia Bebé. Por eso aparece una canción como “Gustavo Costas” en este disco. Sabíamos que iba a generar cierta reacción. De hecho, mucha gente la escuchó primero por el título.
Pero la canción en realidad no habla de fútbol.
Tom: Me pasó algo parecido con “El uruguayo”, una canción del primer disco que hablaba de Rubén Paz, que fue un futbolista histórico de Racing de Avellaneda. Muchísima gente cantaba la canción sin tener idea de quién era. Después terminaban descubriéndolo a través de la música. Me gustaba esa conexión. Hay un contraste interesante entre el tipo de canciones que hacemos y las referencias futboleras. Son mundos que tradicionalmente parecían alejados.
Da la sensación de que ahora el fútbol se ha vuelto casi una estética dentro del indie.
Tom: Sí, completamente. Hace quince años no era así. Ahora vas a un concierto y ves camisetas de fútbol por todos lados. Se volvió cool. Pero nosotros lo hicimos antes. Ahora ya no usamos. Hay pruebas. Ahora que lo usan todos los caretas, nosotros ya no.
Siempre he tenido la sensación de que vuestra música suena muy argentina. Sin embargo, en España funcionáis especialmente bien. ¿Os identificáis con esa idea de hacer canciones profundamente locales?
Tom: Sí, creo que tiene relación con todo esto que venimos hablando. Las canciones son muy argentinas porque nosotros somos argentinos y no renegamos de eso. Al contrario, trabajamos con nuestra realidad, con nuestro entorno y con las cosas que conocemos. No desde una idea nacionalista ni nada parecido. Simplemente contamos lo que somos. Y creo que eso tiene atractivo para quien escucha desde otro lugar. Escuchás Oasis y suenan a Mánchester. Escuchás a Los Planetas y suenan a Granada. Parte de la gracia está ahí. Si todo fuese una cosa más lavada y genérica, llegaría de otra manera. A mí me gusta que se note de dónde viene una banda. Me parece parte de su personalidad. También hay espacio para propuestas más universales o más abstractas, claro, pero nosotros funcionamos así. ∎