Las novelas de Esther García Llovet (Málaga, 1963) son como una película en la que se dispara la imaginación y aparecen una colección de personajes dignos de una banda de frikis que encarnan al perfecto antihéroe. Cada novela indaga en un género, o los fusiona, desde el thriller, pasando por el patetismo cañí, el humor desencajado, el relato borgiano, con mucha influencia de los escritores estadounidenses. Quedamos con ella en la Fundación Juan March de Madrid porque le gusta ese espacio. Y también porque el arte nos habla y nos conecta. La conversación fluye ligera, entre el frío de la terraza y la calidez del interior del edificio. En sus palabras habita un universo que nos desvela entre sus declaraciones.
Cuenta con diez novelas en su haber. Las seis últimas, publicadas por Anagrama, conforman su “Trilogía instantánea de Madrid” –“Cómo dejar de escribir” (2017), “Sánchez” (2019) y “Gordo de feria” (2021), en las que retrata el Madrid de los márgenes– y su “Trilogía de los países del Este”, del Levante español, formada por “Spanish Beauty” (2022), “Los guapos” (2024) y “Las jefas” (2026). De sus novelas anteriores, la editorial madrileña Malas Tierras reeditó “Submáquina” (2009) en 2024.
Esther García Llovet estudió Psicología Clínica y también cine. “No quiero pasarme en la escenificación de un personaje, pero el tipo de música que escucha alguien y cómo va vestido te está diciendo mucho de una persona”, señala. De joven escuchaba música brasileña, como Elis Regina o Tom Jobim, entre otros: “La música brasileña te hace sonreír. Da una luminosidad, una vitalidad. Es lo que tiene la buena vibra. A mí me gusta toda la música que te pone de pie. Yo no quiero música para escuchar sentada”. La música electrónica también le chifla, aunque puntualiza: “La música puede ser tan disruptiva que no puedo escuchar mientras escribo. No puedo escuchar música mientras estoy en la calle porque me pilla un coche. Es muy raro porque es como si estuvieras oyendo la banda sonora de mi vida”.
El universo de García Llovet “suele ser rock, pero también música electrónica, qué cosa tan de piel, cómo mezcla lo crujiente con lo líquido, música de comer. Entonces, digamos ya que no tengo ni idea de música. Y que tampoco tengo filtro”. En su selección para la playlist que acompaña a esta entrevista consigue imprimir un poco de orden y concierto. Aunque confiesa que la música es parte de su vida, reconoce que no es muy musical. Algo un poco raro. La música la distrae muchísimo de escribir o leer: “En la calle, la música dentro de mi cabeza me abduce. Si voy con auriculares me pasa como cuando saco la cámara de fotos, que me pilla un coche seguro”. Nos confiesa que le gustaba cuando la música “se escuchaba de otra manera, con un tocadiscos, cuando se hacía durante un tiempo concreto y en un lugar concreto: era otra cosa”. Y en cambio “cuando el CD entró por la puerta la música salió por la ventana”. La música le entra por “el cine, en las series, en la radio, pero no pongo música”. Si escucha música, es en casa de sus amigos, y le encanta que le descubran cosas que no conoce. Además, compara la música con cocinar: “Poner música me parece algo como cocinar, cosa que yo no hago, ninguna de las dos, pero que me encanta ver hacer a los demás”.
Luego recuerda sus inicios en el universo literario. “Cuando yo empecé, no había tantas editoriales. No tenía ni agente, ni nadie me metió en el mundillo. Conocí a Sara Mesa por Facebook, y me preguntó: ‘¿Tienes algo por ahí?’. Le dije que sí, que tenía un libro que se llamaba ‘Cómo dejar de escribir’, porque quería dejar de escribir. Ella me dijo: ‘Mándalo a Anagrama’. Me hizo el enorme favor. Lo mandé y a partir de ahí parece que todo ha sido mágico, pero antes me había chupado quince años tremendos”, confiesa.
¿La escritura es una necesidad? ¿Qué supone para ti?
Yo lo que quería hacer era cine. Siempre quise hacer cine, estudié dirección de cine. Sigo con la idea de hacer cine, mi idea es hacer guiones. Pero no acababa de arrancar. Al final, dedicarme a la literatura fue el plan B, o ni siquiera fue un plan. Yo no tenía un plan B, simplemente me puse a escribir, por circunstancias, pero sin pensar que se fuera publicar. Yo creo que el truco para publicar es no querer hacerlo. Entonces, las cosas que no esperas de pronto ocurren. La literatura es algo que me estructura bastante el tiempo. Pero podría ser cualquier otra cosa. Como soy muy caótica, necesito algo que me ordene mi cabeza. Hasta ahora siempre he escrito novelas con mucha estructura. Eso me funcionaba para que mi cabeza se agarrara a algo firme, que me pusiera orden en el caos.
El caos también es algo muy vinculado con lo creativo, ¿no?
Parece que fuera como una elección, y la cabeza va a su aire. Creo que hay caos muy diferentes. El caos de un músico tiene más esa cosa explosiva de presentación exterior. Es diferente del caos que tienes dentro de la cabeza, porque como no saques fuera ese caos puede llegar un momento en que es como un monstruo que, si no llegas a domarlo, te come. Entonces, puede ser peligroso. Mi manera fue la literatura. Pero la domesticación del caos puede ser cualquier otra. Por ejemplo, a mí me encanta César Aira y en ningún momento quiere domesticar su caos.
¿Qué te aportó estudiar Psicología?
Estudié Psicología Clínica y también quise hacer Neuropsicología. Luego me fui más por el psicoanálisis. En realidad tenía que haber sido periodista. Me hubiera gustado más. Luego me especialicé en terapia sistémica con Norberto Barbagelata. Lo que más me rompió la cabeza fue ser terapeuta sistémica. Veías a la familia al otro lado del espejo unidireccional, y veías cómo funcionaba una familia. Y a mí eso me descolocó mi forma de ver la vida.
¿En qué sentido?
En que todo es relacional. Todo es diálogo. Y el tipo de diálogo que se tiene dice mucho de cómo se establece una relación. A veces no tanto lo que se dice, sino el cómo. Al cabo del tiempo me he dado cuenta que esto tenía mucho que ver no con la forma como escribo, sino de cómo estamos en el mundo, de nuestro lugar en el mundo.
¿Tu elección por la novela corta es intencionada?
Claro, yo siempre he escrito algo corto porque la intención era también que se hicieran películas. Pero tiene también que ver con que normalmente no sé cuál es el tema de la historia. Y cuando doy con el tema de la historia como que me desintereso, y me apetece escribir otra cosa. Me lleva un par de meses escribirla. Es muy rápido. Es como que se escribe solo. Cuando encuentra su propio ritmo, ya está, y va solo. A veces tienen un final muy en seco. “Las jefas” no, porque le di un bonus track al final, que es el último capítulo. Pero prefiero que falte a que sobre. Últimamente he leído de Emmanuel Carrère “El Reino”, que me ha flipado. Es largo, pero es lo que tiene la no ficción. El tipo crónica es lo que me gusta más leer.
¿Te gustaría hacer algo de no ficción?
Claro que sí. Lo próximo que voy a hacer va a ser de este palo. Tengo muchas ganas. Llevo un tiempo leyendo muy poca ficción, como diez años o más. Estoy leyendo mucha crónica. Me gusta mucho Joan Didion, Gay Talese, Patrick Radden Keefe. De Jonatham Lethem, “Brooklyn, una historia criminal” me está flipando. Richard Price me encanta, por la precisión, por cómo consigue contarte cada detalle de todo lo que hay en una habitación sin que la trama pare. Me parece que es un género en sí mismo. Lo último que he leído es espectacular, “Vegas” de John Gregory Dunne, el viudo de Joan Didion. Es un periodista espectacular y aquí se le conoce muy poco. Lo edita Gatopardo.
¿La televisión también te nutre?
Sí, veo series de una forma demencial. Todo. “Los Soprano”, “Breaking Bad”, “Twin Peaks”. De ahora me ha gustado mucho “Industry”, “Steel” y también “Adolescencia”. Creo que los ingleses están haciendo unas cosas brutales. “The Night Of”, que tenía un guión de Richard Price, era espectacular también, y no la acabaron. Se quedó en la primera temporada, pero era buenísima.
En tus novelas predominan personajes que están en los márgenes, casi perdedores. ¿Qué magia tienen para ti?
Es que a mí me parece que ellos no se ven como perdedores. Lo que me gusta de ellos es que consideran que navegan bien, cómo llevan su vida. Y yo creo que la llevan muy bien. Es gente que dentro de las circunstancias tienen mucha calle, desde luego muchísima más que yo. Saben manejar muy bien la situación y controlar la situación de la gente que tienen alrededor. Son unos manipuladores natos. Y a mí eso me gusta mucho. ¿Quién quiere estar en el centro? ¿Qué te da el centro? ¿Quién quiere ganar? ¿Quién quiere el éxito? Cuando estás fuera de los focos es cuando haces lo que te da la real gana. La libertad real es coger a quien quieres ver. Y eso solamente sucede cuando estás fuera del centro.
En tus novelas plasmas muy bien los lugares y los sitios que habitamos. Tienen algo peculiar. ¿Qué buscas en ellos?
Para mí la vida es sobre todo caminar y escribir mientras camino. Lo que hace funcionar mi cabeza es caminar, por eso no escucho música cuando camino, porque miro y escucho mucho: la calle, la gente, las conversaciones. Mi cabeza se pone en marcha cuando estoy en movimiento. Creo que escribir tiene mucho que ver con eso de prolongar una medio historia que se ha germinado mientras estabas por la calle. Y entonces de alguna manera tienes que acabarla. Me he hecho la M-30 andando un par de veces. Me gusta mucho la M-30 y los márgenes de la ciudad. La fealdad te está contando cosas, porque tienes que sacar mucha historia de lo que no es. El extrarradio te lo da. El azar, lo que no está contado, a mí me encanta.
No sé si te gusta hablar de tu obra con tus lectores. ¿Has hecho club de lectura?
Sí. Y sobre todo van mujeres. Y otra cosa que no falla: si a alguien no le gusta una novela mía, es un tío. Pero tengo cero problemas con eso. Además nunca he tenido a nadie faltón. Pero sí tengo la inquietud, la curiosidad real por saber: si no te gusta un libro, ¿por qué vas a un club de lectura?, ¿por qué te quedas a escuchar?, si no te gusta, ¿por qué vas?
¿Hay un estilo Esther García Llovet?
No lo sé. No tengo ni idea. El otro día un periodista se refería a mi estilo como llovetiano, pero yo qué sé. Yo escribo como puedo, tampoco lo escoges. Es que uno no sabe nunca cómo está escribiendo. Intento ser muy concisa porque me gusta mucho el periodismo. Muy visual y muy auditiva, y ya.
Tus novelas tienen un punto muy cinematográfico ¿Verías una novela tuya llevada al cine?
Pues estoy esperando. Tengo cuatro opciones de películas de novelas mías: “Sánchez”, “Gordo de feria”, “Spanish Beauty” y “Los guapos”. Pero los tiempos en cine son muy largos. Escribo cinco libros en el tiempo en que se hace una película. Y no estoy exagerando. Pero querría hacer guiones originales, no adaptados de mis novelas. ∎
Agradecimientos: Fundación Juan March