Por la gracia del pop. Foto: Javier Escorzo
Por la gracia del pop. Foto: Javier Escorzo

Entrevista

J’aime: “Me encanta todo lo analógico, pero sin los medios digitales nunca hubiera podido grabar este disco”

Han pasado cinco años desde aquel “Love And Squalor” en el que J’aime abrió en canal su lado más confesional. A finales de 2025 regresó con “Anachronistic d’amour”, un segundo álbum que destila con precisión su juego entre pasado y futuro, lo-fi y alta fidelidad, memoria y presente. Un disco en el que su inconfundible guitarra twang viaja del retro tecno-pop al jangle mientras combina arreglos y tecnologías de distintas épocas para construir, de nuevo, una historia de amor. Rockdelux estrena hoy en exclusiva el videoclip de “Distant Star”, una de las canciones incluidas en este reciente trabajo.

Jaime Cristóbal condensa con una claridad sorprendente las obsesiones, la memoria musical y el juego con el tiempo que han marcado toda su trayectoria. Tras una larga etapa al frente de Souvenir –dúo con el que firmó seis discos junto con Patricia de la Fuente y que lo situó como una de las voces más singulares del pop independiente estatal–, el músico pamplonés vuelve a encontrar en “Anachronistic d’amour” (Jabalina, 2025), su segundo trabajo como J’aime tras “Love And Squalor” (Jabalina, 2020), un espacio plenamente propio, íntimo y experimental a la vez.

Con portada firmada por Javier Aramburu, el disco propone un viaje por distintos modos de entender el pop a través de contrastes: cajas de ritmo antiguas, sintetizadores vintage, arreglos que dialogan entre épocas y una curiosa mezcla de grabaciones nuevas y materiales rescatados de su propio archivo. Se puede comprobar en canciones como “Distant Star”, cuyo videoclip estrenamos hoy en exclusiva en Rockdelux.

“Distant Star”, vídeo realizado por Jaime Cristóbal.
En este nuevo trabajo, Jaime Cristóbal combina tecnología analógica y digital para construir una narrativa sonora que no mira al pasado con nostalgia, sino con un espíritu juguetón, casi arqueológico, que ilumina el presente desde múltiples capas. Una obra que confirma su capacidad para reinventarse sin romper con su esencia artística.

“Anachronistic d’amour”, ya desde el título, parece una declaración de intenciones…

Me gustaba cómo sonaba la frase. Sonaba un poco pedante y creo que a veces hay que darle un poco de pompa al asunto. El disco anterior me quedó muy serio, más confesional y dramático. En este caso, desde el mismo título, quería que tuviera otra chispilla, otro color. Y, como dices, apunta un poco a lo que va dentro.

Y este anacronismo, ¿qué significa para ti?

Siempre he mezclado estilos, épocas… Cuando empecé en la música, pertenecíamos a una generación en la cual había muchísimo ya creado anterior a nosotros. Yo empecé en los noventa y antes estaban los cincuenta, sesenta, setenta y ochenta. Era una época en la que quedaban menos cosas por innovar, y por eso mirábamos más hacia atrás; imagino que en los cincuenta y sesenta se miraba más hacia el futuro. Y quizá en lo que pudimos innovar fue en hacer mezclas un poco heterodoxas, combinando sonidos electrónicos con una canción tipo años sesenta. Al final en el disco he usado medios digitales y analógicos. El disco anterior lo hice en un estudio profesional y aquí quería recuperar un poco ese espíritu hazlo tú mismo, como cuando en los noventa grababa con mi cuatro pistas. Todas las bases del disco están grabadas con cuatro pistas de cinta de casete, para darle ese tono un poco granulado.

“Siempre he mezclado estilos, épocas… Cuando empecé en la música, pertenecíamos a una generación en la cual había muchísimo ya creado anterior a nosotros. Yo empecé en los noventa y antes estaban los cincuenta, sesenta, setenta y ochenta. Era una época en la que quedaban menos cosas por innovar, y por eso mirábamos más hacia atrás”

Jaime Cristóbal

¿Es tu álbum más conceptual?

Es posible. En el anterior si había un concepto era más bien temático, había temas de ruptura sentimental, de muerte… Ahora las letras son muy distintas y los estilos también. Tiene también un poquitín de efecto de ilusionismo lo de buscar algo que lo una.

¿Cómo ha sido el proceso de grabación?

Todo lo antiguo lo he digitalizado y lo he trabajado ya en un plano digital. El disco está grabado básicamente de manera digital, pero sí que las tomas nuevas de baterías y de bajos las hice con el cuatro pistas y entraba con sus pequeños fallos. No es alta fidelidad, pero en realidad es lo que buscaba. Tiene algo de emocional, aunque yo tampoco romantizo mucho lo analógico; me encantan el vinilo, los casetes, pero también me parece que sin los medios digitales no podría haber hecho este disco.

Un ejemplo de ese contraste anacrónico lo encontramos en una balada setentera con toques modernos como “No World Without Love”.

Yo creo que la música en los años sesenta fue una cumbre absoluta, todo lo que se componía en el edificio Brill, lo que hacía Brian Wilson… tiene un impacto que yo no viví porque no había nacido todavía, pero cuando lo escuchaba en los discos de mi familia, luego en el programa ‘Flor de Pasión’ de Juan de Pablos, me llegaba superhondo. Y los ochenta, que sí los viví, fueron otra cumbre musical. Pero los sesenta siguen teniendo para mí algo más misterioso, mágico, precisamente porque no los viví y quizá por eso los mitifico.

Jaime Cristóbal, la magia del artesano. Foto: Javier Escorzo
Jaime Cristóbal, la magia del artesano. Foto: Javier Escorzo

¿Cómo recuerdas aquellos años ochenta?

Empecé a escuchar la radio en 1984, más o menos. Aunque la época más dorada del synthpop estaba acabando para entonces, seguía teniendo mucho eco. Y me acerqué a todo eso de una forma emocional, como una especie de añoranza de algo que no viví en los sesenta. En los noventa, cuando empecé con los grupos, no me tiraba eso en particular porque lo tenía muy reciente. Y a partir del dos mil, ya con Souvenir, volvió a aparecer y le dimos un giro más electrónico.

También hay espacio para la crítica social en temas como “The Great Big Liar”, sobre la tiranía narcisista de estos días.

Quizá hay un par de pinceladas sociales o políticas en el disco, aunque no mucho. Esa canción contiene unos poquitos versos describiendo a ese gran mentiroso o esa gran mentirosa narcisista, que está ahora mismo al mando en muchas partes del mundo, pero también puede valer a nivel personal con personas que tienes cerca y que igual son manipuladoras o tienen actitudes narcisistas, ese poder que tienen estas personas para curar o para matar...

¿Cómo te acercas a nivel personal a la realidad?

Igual desde el estudio te puedes atrincherar un poco. La música tiene su parte de refugio que está bien, pero también puedes decir: “¿Qué hago yo aquí haciendo canciones y pasando horas componiendo melodías que a veces parecen completas chorradas, al lado de tragedias que ves en los medios todos los días?”. Intento estar informado lo necesario, pero creo que es muy tóxico estar colgado ahí, te puedes deprimir, aunque quizá lo que hay que hacer es deprimirse para luego actuar.

“Yo creo que la música en los años sesenta fue una cumbre absoluta, todo lo que se componía en el edificio Brill, lo que hacía Brian Wilson… tiene un impacto que yo no viví porque no había nacido todavía, pero cuando lo escuchaba en los discos de mi familia, luego en el programa ‘Flor de Pasión’ de Juan de Pablos, me llegaba superhondo”

Jaime Cristóbal

Abordas el paso del tiempo en temas como “Every Year A Flower Blooms”. ¿Cómo es tu relación con el paso del tiempo?

De niño y de adolescente tenía un poco de obsesión con el paso del tiempo y siempre estaba fijándome en aquello que terminaba y que ya no iba a volver. Con 16 años empecé a escribir un diario personal, quizá producto del aburrimiento de finales de los ochenta y primeros noventa, en los que las posibilidades de entretenimiento eran muy pocas, con pocos canales de televisión, sin internet, con pocos discos y muchos libros. Entonces, para pasar el rato, me ponía a escribir. Y creo que también había ahí algo de intentar retener el tiempo. Y con el tiempo he ido aprendiendo. Después de ser padre ves cambios casi a diario, para bien y para mal.

La portada del disco es obra de un grande como Javier Aramburu. ¿Cómo fue esta elección? ¿Qué importancia das a la estética y al envoltorio de la música?

Contar con Javier ha sido una suerte muy grande. Lo había descartado porque se retiró de hacer portadas hace mucho tiempo. Solamente las hace para gente muy cercana, como Single, Ibon Errazkin y poco más. Pero el sello insistió y yo creo que le gustó el proyecto y que al leer el título le vino una idea. A la estética le doy mucha importancia. En los grupos que he tenido siempre la hemos cuidado mucho, sobre todo a partir de Souvenir.

Has contado en este disco con colaboradores muy cercanos, como Patricia de la Fuente, tu hijo Eric, Samuel “Tamu”… ¿Qué han aportado?

Me encanta guisarlo y comérmelo yo solo. Tamu de Exnovios toca el bajo mejor que yo y aporta un regusto especial. Además colabora en una labor más invisible: le voy pasando lo que voy grabando, las ideas que tengo, a ver qué le parece. Ha sido un consejero y aliado, no tiene precio. Patricia aporta algo a nivel vocal que yo no podría hacer con mis limitaciones, no tienes por qué ser un Jeff Buckley. Cada vez que suena su voz, el sonido sube como dos peldaños. Y en el caso de mi hijo ha tocado el teclado y un stylophone con un solo en una canción, y en otra ha usado un monotron que hace ruidos, interferencias.

Anacrónico sin defecto. Foto: Javier Escorzo
Anacrónico sin defecto. Foto: Javier Escorzo

¿Cómo planteas los directos?

En el precario mundo del indie, cuando he tocado fuera de Pamplona, voy con un formato muy reducido. Cuando presenté el disco en Madrid fui en el formato de trío, con batería, bajo, guitarra y voz, que estuvo muy bien y también tiene algo como de sacarle la esencia a las canciones. Si puedo elegir me gusta ir con una banda con bastantes miembros para que haya matices en el sonido.

¿Cuáles son tus planes de directo?

De momento no tengo nada, estoy a la espera de que me llamen. El disco anterior, como me coincidió con la pandemia, no lo toqué y mi experiencia de girar se remonta al año 2012, que fue cuando sacamos el último disco de Souvenir. Desde entonces el panorama ha ido un poco en picado en cuanto a condiciones para tocar. Y yo ahora mismo no me veo en la tesitura de ir a taquilla, arriesgando pasta… Ya lo hice con 20 años, con 30 y casi hasta con 40. Estoy abierto a que me llamen, pero depende de que alguien que organice un evento con capacidad económica se fije en mi disco.

¿Cómo vives la escena musical actual?

No hay nada que me haya entusiasmado recientemente, pero quizá es también difícil que te deslumbre algo ya con más de 50 años. Pero sí que me interesa mucho y me parece estimulante Apotheke. A esos grupos los veo muy inspirados en el post-punk, en New Order y cosas así, o The Cure incluso. Me hace gracia, en el mejor sentido de la palabra, que haya gente de veintitantos que esté nutriéndose de eso, pero veo que hay algunas canciones muy chulas y hay grupos que suenan muy guay. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados