Ludvig Parment y Joshua Idehen: música y palabras . Foto: Fabrice Bourgelle
Ludvig Parment y Joshua Idehen: música y palabras . Foto: Fabrice Bourgelle

Entrevista

Joshua Idehen: entre la euforia y la introspección

Inminentes son los dos conciertos que realizará el ecléctico músico londinense Joshua Idehen en nuestro país. Para conocer un poco mejor el disco que viene a presentar, el primero que firma en solitario, nos sentamos a hablar con él y con Ludvig Parment, coautor del álbum y pieza esencial de su singular sonido, ya que fue él quien lo grabó y mezcló. Hoy toca en Barcelona (Razzmatazz 3) y mañana en Madrid (El Sol).

El insospechado equipo formado por Joshua Idehen –un poeta británico de raíces nigerianas que quizá algunos conozcan por sus colaboraciones con Sons Of Kemet– y Ludvig Parment –un productor de electrónica sueco en estado de gracia– nos ha brindado –desde su cuartel general en Estocolmo– uno de los álbumes más intrigantes en lo que llevamos de año. En “I know you’re hurting, everyone is hurting, everyone is trying, you have got to try” (Heavenly-[PIAS] Ibero América, 2026) plantean un refrescante sincretismo estilístico –combinando cortes gourmet de dance noventero como “This Is The Place” con piezas más ominosas radicadas en la potencia de los versos como “Choose Life”–. De la misma manera, en este cancionero se palpa cierta tensión entre una música escapista y energética y una aproximación artística más apesadumbrada, lírica y contemplativa.

El título de la obra refleja perfectamente esta dialéctica: vivimos en tiempos oscuros y es necesario mantener vivo el espíritu crítico, pero al mismo tiempo debemos intentar preservar la esperanza y la ilusión. “La música puede ser una distracción, desde luego, pero eso no es algo necesariamente malo”, observa Parment. “Puede ser terapéutico alejar de tu mente los horrores del mundo y encontrar un lugar feliz aunque sea por un ratito; no tiene por qué anular la reflexión analítica sobre la realidad que nos rodea el resto del tiempo”. Idehen explica que algo que querían evitar con este disco era “mostrarse optimistas solo porque sí, de forma vacua”. La esperanza, comenta, es “la consecuencia natural de los principios fundamentales de nuestro proyecto: la unidad, la comunidad, la amistad, la redención, el amor... Todos hemos sido un poco gilipollas alguna vez, pero en todos existe el potencial de demostrar amor y de recibirlo”. Es, a través de la exorcización de esos principios, como ellos llegan a la esperanza: “Hay que conectar con nuestra vergüenza, con nuestro duelo y entender que no estamos solos, que siempre habrá gente con nosotros en la pista de baile”. Esa es la tesis principal de la primera canción del disco, “You Wanna Dance Or What?”.

“It Always Was”, clip dirigido por Jonny Sanders.

Más taciturna pero sin perder la sensibilidad pop es “Could Be Forever”, donde se trata el tema de las tribulaciones de los inmigrantes desde una perspectiva muy empática. Es el tipo de mensaje necesario hoy día, con todo el auge de la extrema derecha...

Joshua: Esa canción tuvo muchísimas iteraciones antes de acabar siendo una pieza en dos partes, ambas inspiradas en historias reales que tuve la suerte de presenciar. Lo primero que se me ocurrió fue el estribillo, que hace referencia a una relación amorosa complicada. Queríamos mostrar un tipo distinto de amor, entre dos hombres, que no suele reflejarse así muy a menudo. Por otro lado, también quería humanizar la experiencia del inmigrante, que es algo que me toca de muy cerca; ahora mismo soy un inmigrante en Suecia. Desde luego, en nuestra sociedad están resurgiendo grupos que se esfuerzan en intentar convencer a la gente pobre de que sus problemas son debidos a otra gente pobre. Su táctica consiste en despojarlos de toda su humanidad, de su complejidad, de su tapiz cultural, de su experiencia vivida. Por supuesto, todo esto es una falacia. Por ejemplo, en Reino Unido supongamos que llega de algún lugar del planeta un dentista; dado que no dispone de residencia legal, documentos o permisos se ve obligado a ganarse la vida limpiando váteres. ¡Y eso que hay falta de dentistas en el país...! La canción trata esto de forma indirecta, centrándose en el ángulo humano, poniéndose en la piel de esa persona.

Ludvig: Para mí, uno de los mensajes inherentes a esta canción es la idea de que a todo el mundo le toca una baza distinta en la vida y nunca deberíamos juzgar a gente desconocida recurriendo a los estereotipos sin saber cuál es su historia, sus vivencias. La problemática experiencia del inmigrante es uno de los temas más relevantes de nuestros tiempos, está claro, pero esa idea se puede extrapolar a algo más general.

“Lo primero que se me ocurrió fue el estribillo, que hace referencia a una relación amorosa complicada. Queríamos mostrar un tipo distinto de amor, entre dos hombres, que no suele reflejarse así muy a menudo. Por otro lado, también quería humanizar la experiencia del inmigrante, que es algo que me toca de muy cerca; ahora mismo soy un inmigrante en Suecia”

Joshua Idehen

Sin duda, una de las canciones más emblemáticas del disco es “Mum Does The Washing”, un ácido listado de observaciones casi aforísticas sobre distintas ideologías y tendencias sociopolíticas. ¿De dónde salió semejante maravilla?

Ludvig: Probablemente, una de las razones por las que esa pista destaca tanto es porque es de las pocas que no fue conceptualizada originalmente como canción. Se origina en un hilo de Twitter que Joshua empezó hace mucho tiempo... ¿Hace casi diez años?

Joshua: Once años. Gracias, Ludvig, por hacerme sentir viejísimo (risas).

Ludvig: Es un caso muy curioso, un tema que fue experimentando un crecimiento orgánico no planeado, casi accidental. Yo me topé con ese hilo antes incluso de conocer a Joshua, ya que se volvió medio viral. Existían como fragmentos poéticos que él empezó a recitar en pruebas de sonido. Lo animé a convertirlo en una canción, pero cuando me pidió que lo musicara me di cuenta de que la labor era casi imposible. Sería absurdo transformarlo en una canción pop, hacía falta otro tipo de energía.

Joshua: Sí, es una canción adaptada de un hilo de Twitter que iba actualizando. Cuando pasó lo del Brexit, metí una frase sobre eso; cuando Trump ganó las elecciones, añadí otra; cuando aconteció el genocidio en Gaza, se me ocurrió la pulla al sionismo, etc. Ambos estábamos de acuerdo en que nunca podría ser una canción convencional. La base tenía que ser el flujo del texto, y no podíamos inventarnos un estribillo donde empezara a exclamar “mum mum mum, washing washing washing” (risas). Mi primer y terrible instinto fue poner una pista jazzística instrumental por debajo. No cuadraba en absoluto pero luego rescatamos esa idea para el single “Illegal Hit”. Al final, Ludvig se sacó de la manga esa composición tan particular, que resultó ser la más adecuada para el vibe de las letras: tiene el mismo aire irreverente, así como un punto de extrañeza caprichosa. Me recuerda a un coro de señoras soviéticas canturreando mientras ensamblan un misil nuclear. Las primeras versiones tuvieron muy buena acogida en nuestro entorno. Pero, bueno, ya llevamos demasiado tiempo en este mundo como para no recibir este tipo de comentarios con cierto cinismo.

Ludvig: Por otro lado, varias personas nos recomendaron no sacar esta canción alegando que habría gente que se enfadaría con lo que dicen las letras. Algo que nos extrañó... Tampoco es que se plantee nada especialmente controvertido.

Hedonismo y compromiso. Foto: Fabrice Bourgelle
Hedonismo y compromiso. Foto: Fabrice Bourgelle

¿En serio? Si claramente es una pieza satírica... ¿Tan poco sentido del humor o capacidad de comprensión tiene la gente?

Joshua: Te sorprendería. He recibido algunas críticas a nivel personal, aunque por supuesto de forma bastante ligera. Más de alguno me ha escrito para explicarme qué es realmente el capitalismo, con absoluta seriedad... Ya sabes, como los flipados que miran “Star Wars” y se quejan de que en el espacio no se transmite el sonido. En mi opinión, la única crítica válida que se le puede hacer al tema es que tiene un aire misantrópico, como si ningún sistema humano fuera válido; pero eso es parte de la gracia. Trata todos los ismos, y el único que sale más o menos bien parado es el feminismo. Quizá también el socialismo, porque digo que funciona en teoría, lo cual es falso, porque el socialismo sí funciona, lo que pasa es que el capitalismo lo atosiga. En cualquier caso, quería repartir collejas a todas las formas de pensar, ese era el concepto, de forma que nadie pueda arremeter contra la canción como algo demasiado puro ideológicamente. Ha descolocado a algunos, pero creo que a la mayoría les ha gustado este juego que planteo para reírme un poco del absurdo de todas estas categorías.

Claras muestras de humor y sátira también se pueden encontrar en “Choose Yourself”, una canción cuyo planteamiento lírico nos ha hecho pensar a muchos en ese famoso monólogo con el que empieza “Trainspotting”.

Joshua: Bueno, bueno, bueno, quizá estoy familiarizado con ese monólogo, quizá lo he escuchado alguna vez antes de escribir estas letras, quizá existan conexiones... Pero no voy a confirmar ni desmentir insinuaciones al respecto (risas).

“Nos damos el uno al otro mucho espacio para probar cosas. Sí, sobre el papel él hace las letras y yo la música, pero estamos en constante diálogo de feedback, para que ambos aspectos nos resulten satisfactorios a los dos. Otra cosa importante es que raramente nos juntamos para crear música en un mismo espacio; intercambiamos ideas y trabajamos por separado.”

Joshua Idehen

¿Podríais resumir cómo funciona vuestra colaboración, en líneas generales? Por lo que habéis comentado hasta ahora, no parece que sea tan simple como que uno trae los beats, el otro las letras y fin de la historia. Además, lleváis bastante tiempo trabajando juntos. ¿Suele variar mucho el proceso de composición?

Ludvig: Yo la calificaría como un sistema muy libre, y por eso mismo funciona. Nos damos el uno al otro mucho espacio para probar cosas. Sí, sobre el papel él hace las letras y yo la música, pero estamos en constante diálogo de feedback, para que ambos aspectos nos resulten satisfactorios a los dos. Otra cosa importante es que raramente nos juntamos para crear música en un mismo espacio; intercambiamos ideas y trabajamos por separado, para luego reunirnos y pulir los detalles de la producción, la interpretación, etc. Nos lo tomamos con calma: es un proceso que puede alargarse mucho, meses y meses dependiendo de la canción. Si lo comparo con otros proyectos en los que he trabajado, aquí hay menos impulsividad y más paciencia. Por eso mismo, si nos metieras en una sesión a improvisar, el resultado sería funesto...

Joshua: Es cierto, nos damos el tiempo suficiente para llegar al punto donde queremos que llegue nuestra aportación. Yo soy totalmente incapaz de componer letras en un estudio, sobre la marcha. Ludvig a veces intentaba darme beats para ver si me inspiraba in situ, pero no tardó en renunciar al ver que necesitaba tiempo para sacar algo decente. Unos días, unas semanas o en la mayoría de casos unos meses (risas). La única excepción es “My Love”: teníamos a la cantante Amanda Bergman con nosotros y necesitábamos tener algo listo en ese momento. En el extremo opuesto estaría “You Wanna Dance Or What?”, la canción que más tardamos en dejar acabada, por sorprendente que parezca: casi dos años se alargó el tema. Después de que Ludvig me entregara la estructura musical, a mí me costó horrores dar con las letras y el flow idóneos, ¡hasta el punto de que él ya se había olvidado de la canción! Pero no siempre es tan dramático, claro. Las letras de “This Is The Place”, por ejemplo, me brotaron como un frenesí en una sola tarde, y al día siguiente ya estábamos grabándola; incluso tuvimos que eliminar partes de la canción porque era demasiado larga.

Ludvig: Esto último que mencionas es significativo y me gustaría subrayarlo. Creo que uno de nuestros fuertes es que no idolatramos nuestra propia creatividad. Es decir, si consideramos que procede, no tenemos problema en mandar a la papelera de reciclaje versos o beats, sin ningún tipo de resquemor.

Colaboración sustanciosa. Foto: Amandine Chincholle
Colaboración sustanciosa. Foto: Amandine Chincholle

Tal como lo planteáis, el consenso es clave en vuestra interacción. Pero una de las cosas que más sorprende del álbum no es solo la variedad de estados anímicos, sino también de estilos musicales... Hay temas de house para la pista de baile, arrebatos de drum’n’bass, algunos momentos de experimentación ambiental... ¿Diríais que compartís muchas sensibilidades musicales?

Joshua: Instintivamente, diré que sí; de lo contrario, este proyecto no acabaría de funcionar bien. Recuerdo momentos en los que escuchamos algo que nos maravilló a ambos por igual. Por ejemplo, cuando Kendrick Lamar sacó “Mr. Morale & The Big Steppers” y estábamos los dos en plan “¡joder, eso es lo que queremos hacer!”. Mencionar también a nuestro compañero de sello, Baxter Dury, cuya forma de aproximarse al spoken word nos influyó a los dos. Lo que más me gusta de Ludvig es su fascinación por la música dance. Parece que su destino es dirigirse hacia una sensibilidad popera pero ha escogido el camino más enrevesado para llegar hasta ahí, intentando hallar la forma más original y peculiar para lograr que la gente baile, para darle esa dosis de euforia. Sus composiciones nunca resultan perezosas. Pienso en la antes mencionada “Mum Does The Washing” o en una canción más directa como “This Is The Place”, que tiene samples de gente hablando ¡sobre las que yo debía buscar la forma de hablar! (risas). En términos de géneros, compartimos gustos, ya sea garage, EDM, breakbeat... Personalmente, a mí lo que más me enamora es el house: cuando Ludvig saca una pista de ese tipo estoy en mi lugar feliz, los versos me salen más fácilmente. Pero cuando se pone a hacer breakbeat, para alguien como yo, que crecí en el seno de la cultura club británica, es como observar a un extranjero trapichear con tus juguetes... Como si pillara un trenecito de “Thomas el tren” y lo utilizara para intentar perforar el suelo (risas).

Ludvig: Añadiré que incluso los puntos en que divergen nuestros gustos musicales son de gran importancia para el proyecto. Es decir, básicamente tengo que intentar convertir algo que me gusta a mí en algo que le guste a él, y eso es un reto interesante. Por otro lado, mentiría si dijera que yo soy un superfan de la movida spoken word británica; me gusta, pero no es el tipo de concierto al que asistiría cuando estoy de visita por Londres. Cuando Joshua viene con una idea demasiado alejada de mis instintos musicales, intentamos encontrar un punto intermedio, y diría que solemos llegar a ese equilibrio.

“En términos de géneros, compartimos gustos, ya sea garage, EDM, breakbeat... Personalmente, a mí lo que más me enamora es el house: cuando Ludvig saca una pista de ese tipo estoy en mi lugar feliz, los versos me salen más fácilmente. Pero cuando se pone a hacer breakbeat, para alguien como yo, que crecí en el seno de la cultura club británica, es como observar a un extranjero trapichear con tus juguetes...”

Joshua Idehen

Ya que mencionáis el tema del spoken word, la gestión vocal de Joshua es bastante inusual. No entra dentro de lo que se asumiría como recitación poética canónica pero tampoco rapea ni canta propiamente, quizá con la excepción del estribillo de “Whatever Comes”. ¿Cómo lo clasificarías?

Ludvig: Este también es un tema sobre el que hablamos mucho en el estudio, incluso debatiéndolo en el caso de cada canción. La forma en que debería ser interpretada: no es algo que simplemente “suceda” de manera esporádica. Especialmente cuando empezamos a planear el álbum, queríamos partir de un entendimiento mutuo sobre la naturaleza del spoken word. Pasamos mucho tiempo grabando y desechando pruebas.

Joshua: Cada persona puede pensar lo que quiera pero yo siento que sigo haciendo spoken word, o al menos así es como me lo tomo, independientemente de la música que esté sonando debajo. Eso sí, interpreto ese término de forma muy abierta. Hay otras personas de mi generación que hacen cosas similares en Reino Unido y que consideraría mis coetáneos: Ghostpoet, Antony Szmierek, Real Lies, For Those I Love... Lo cierto es que cuando escucho el álbum y contrasto temas como “Everything Everywhere All At Once” con otros tipo “It Always Was” o “Illegal Hit”, me doy cuenta del viaje que experimenté en términos de cómo mi labor vocal se traduce en formato musicado. La primera suscita una impresión de bloque de texto que discurre sobre la pista; en las otras, sin embargo, se puede constatar mucho más flow, mucho más ritmo en mi interpretación. Pero sigo sin rimar con los beats, no soy cantante, no me pondría en la misma categoría que Beyoncé...

Ludvig: ¿Pero qué ejemplo es ese...? (risas).

Joshua: Bueno, ni en la misma categoría que Kendrick Lamar, ni de incluso alguien como Mike Skinner de The Streets. Creo que al principio me limitaba a hablar sobre la pista y ahora hablo de forma melódica, por llamarlo de algún modo. Lo que tengo claro es que mi movida tiene sus raíces, su historia, su ímpetu original, en el spoken word. ∎

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