Con su segundo álbum, “Paradís”, la mallorquina se ha abierto al pop electrónico sin olvidar el folclore de la tierra que la ha visto crecer y que estaba muy presente en “Miramar”, su debut largo, publicado en 2023. “Paradís” es un álbum que nos ha seducido, situándose entre los mejores del pasado ejercicio. Nos ha atrapado con sus canciones, que miran a las raíces pero también a lo contemporáneo. Y su carrera no ha hecho más que empezar. El 7 de marzo actuará en Manacor.
Descubrí a Júlia Colom con su álbum debut “Miramar” (La Castanya, 2023) y me sorprendió la solidez de su propuesta, la manera de acercarse al folclore mallorquín para integrarlo en su propio estilo. Todo un mérito y un logro. Pues bien, “Paradís” (La Castanya, 2025), su segundo álbum, se enriquece con otras sonoridades. Tira hacia el pop electrónico en la línea de Caroline Polachek, Yaeji, A-WA o Emel pero sin olvidar las raíces, mirando a propuestas como las de Tarta Relena, Maria del Mar Bonet o a la portuguesa Carminho, por su manera de ensalzar la voz. El disco lo producen Martín Leiton y Óscar Garrobé (Marina Herlop, Tarta Relena) y la mezcla es obra de Lucas Piedra (Jorge Drexler, Valeria Castro).
“Paradís” ejemplifica muy bien la evolución de Colom. Lo describe y analiza muy bien David Saavedra en su crítica del álbum para Rockdelux. Este nuevo LP a la vez define y muestra cómo discurren las mezclas, las fusiones y los híbridos en la corriente contemporánea del neofolk. En los cuatro años que viví en Palma de Mallorca, me atrapaban propuestas que miraban con orgullo la música de la tierra, como “Los penitentes” (2004) de La Búsqueda o las propuestas de Oliva Trencada y Jaume Compte con su Nafas Ensemble. Para saber más de Júlia Colom, recomiendo ver el excelente documental “Sempre dijous” (Joan Porcel, 2020), que ganó el premio In-Edit al mejor nacional. Aunque estas cintas suelen tratar de gente consagrada, apunta Colom, todavía al principio de su trayectoria,“explicar los inicios también tiene un valor”.
Nos encontramos con ella en una cafetería cercana a la oficina madrileña de su sello, y desempolvo mi mallorquín para que se sienta como en casa. Colom se explaya y la música brota por todas partes.
¿Dónde crees que está tu paraíso? ¿En tu isla o es un espacio más onírico, más mental?
Diría que, a nivel terrenal, en Mallorca tengo el paraíso y el infierno. Si eres de Valldemossa realmente te atraviesa el infierno del turismo. He procurado que este disco fuera muy onírico y también he intentado poder traducir el preciosismo de mi cabeza. Creo que he intentado estar más en los paraísos. En el nivel de este jardín perfecto que me imaginé. Este disco es una ruptura con “Miramar”, porque como primer álbum fue muy teórico, muy meditado. Es decir, quiero que haya esas canciones populares, porque tienen ese significado vital, más esas canciones mías. Estaba muy repensado. Y este ha sido un disco mucho más intuitivo, donde el reto soy yo como compositora. Escribo canciones y también produzco. Lo hice sencillamente con esa parte de mi yo. Hay diez canciones mías y una canción popular. Esa era mi intención.
Tu sello menciona en su nota de prensa la influencia del k-pop en “Paradís”. ¿Es así?
Realmente no es que esté pensando en el k-pop. Pero hay algunas canciones que tienen algunos detalles que estiran el pop mucho, mucho.
O sea ¿que te gusta el pop electrónico?
Es que consumo mucho pop, sinceramente.
¿Pop contemporáneo, o también de los setenta, ochenta y noventa?
Me encanta el pop de los años setenta, ochenta y noventa. Me encanta Stevie Wonder, B.B. King, también Earth, Wind & Fire… Lo más pop, Michael Jackson… Todo esto me gusta. Soul, pop, pero también la música tradicional de Mallorca y lo que suena en la radio. Siempre me ha pasado. Siempre lo he consumido.
Ahora vives en Barcelona. ¿Cómo se ha manifestado el hecho de ser de una isla y cómo se representa eso en tu música?
Siempre se me ha vinculado con la música de raíz. No he tenido que ir a buscarlo a ninguna parte, ya estaba allí, dentro de mi vida. Lo que me sorprende, y al mismo tiempo me gusta, es que haciendo un disco de canciones propias donde no tengo ninguna pretensión siga ese aire folclórico, porque me interesa. He hecho lo que me ha gustado. Y aun así hay una esencia que se respira, por lo que me dice la gente. Sigue teniendo esa vinculación, quizá sea mi manera de cantar, quizá el sonido del laúd y de la guitarra, pero es algo que ha estado en mi subconsciente. No pretendo defender la tierra en mis canciones, es que me sale así. Y lo natural es que esto está dentro de mí y, cuando me pongo a hacer, de alguna manera también se respire.
¿Piensas que la voz es un reflejo del alma?
Total. La voz es un ser vivo que tenemos dentro de nosotros. Lo digo así porque es increíble que cuando conoces tu voz parece que no puedes creerte que sea tuya, que ha ido cambiando. Y cada vez tienes otro registro. Ahora tengo más graves y menos agudos, mi voz se está aireando más. Es como cuando te miras en el espejo y descubres una cana que nunca habías visto. Tienes esa realidad tan íntima con tu voz. Así es. Es tu cuerpo. Es decir, está ahí. Si pudiera escuchar mi voz cuando tenga 70 años, ¿qué color tendrá?, ¿cómo será? Hay un punto de training, puedes estudiar la voz, puedes ejercitarla, pero también hay un punto de aceptación.
¿Cómo ves el impacto de tu aprendizaje después de formarte en el Taller de Músics de Barcelona?
La academia ha sido importante, pero lo más importante para mí, lo que me ha hecho crecer, ha sido grabarme en casa. Grabarte mucho y tenerte muy escuchada. Esto es lo que a mí realmente me ha marcado la diferencia. Y después grabar los conciertos, escucharlos, escucharte mucho a ti misma y decir: “Va, eso me gusta, eso no”.
En “Miramar” colaboró Pol Batlle y en este disco Tarta Relena y Ouineta. ¿Son personas con las que conectas?
A mí lo que me sigue atrapando más de la música son sus voces.
¿Te gusta el góspel?
Sí, sus voces corales. Después de terminar este álbum me gustaría que lo próximo que viniera fuera algo muy coral, instrumental. Quizá con cuerdas y sin sintetizadores, nada producido.
Una constante en tus álbumes es hablar también de los elementos que te rodean, que están cerca de ti. En tus letras están muy presentes los sentimientos, pero el mar, la tierra, la naturaleza también están ahí. ¿Por qué?
Creo que mi música es como el paisaje que he visto, pero en sonido. No voy a buscar otra cosa. Es algo que a mí me resulta familiar, lo que me evoca el paisaje, las texturas. Pero te lo digo: no he ido a buscar nada fuera.
Este álbum también tiene esa idea de mirarse a uno mismo. ¿Tiene algo de madurez?
He pasado mucho tiempo sola, ¿qué puedes hacer en el pueblo? En el pueblo lo que se puede hacer es ir a andar. Ir a pasear y a caminar por los alrededores. Me pongo mis auriculares, entro en mi película y me pongo a andar y andar. Algo que hago desde que era muy pequeña. En mis discos he querido evocar mucho estas imágenes de estar dialogando con los elementos naturales: con la luna, con el río, con el mar. Porque literalmente es un poco lo que yo hago y lo que he hecho cuando estoy en Valldemossa. Mi terapia es esa. Me pierdo con la naturaleza, por ahí, para intentar encontrar. Parece una hippiada, pero me gusta.
A veces las dudas y el miedo frenan el impulso, pero tienes esa fuerza de compartir y de moverte, de explorar. ¿Esto sucede porque tienes la música dentro de ti?
No lo puedes hacer de otra forma. Es muy difícil y muy fácil a la vez. Es decir, a veces todo es muy solitario, estás tú con tus incertidumbres, pero, por otro lado, la música también me lo pone muy fácil porque es una decisión profunda. No lo tengo que elegir, porque ya lo estoy haciendo, y no me lo imagino de otra forma. A mí realmente la música me ha dado mucha dirección vital, desde que soy muy pequeña. Porque es lo que quiero hacer, lo que quiero conseguir. No sé cómo será el camino para llegar, pero me ha despejado muchas incógnitas del camino. A veces veo a amigos y amigas mías que ya no son tan jóvenes, también gente muy mayor, que deben encontrarse. Quizá a nivel sentimental o a nivel vital tendré más incertidumbres, pero por encima de todo hay una dirección.
El álbum incluye una canción titulada “Transformacions”. ¿Es un trabajo de búsqueda personal?
Es un álbum en el que más que nada he dejado muchas preguntas abiertas. Como dice “Sa nit i es dia”, la balada del disco: “Demasiadas preguntas, pocas respuestas / y lo mejor, mientras buscaba / mientras perdía / ya era yo”. Todo ese camino que pasa mientras vas encontrándote... Pero, mientras tanto, ya vas siendo.
En “Gelosia” expresas algo, los celos, que no habías manifestado antes. ¿Es el lado oscuro de nosotros mismos?
“Gelosia” es para mí un poco la hermana de “Enveja” (envidia). Porque “Enveja” fue una canción que salió en el primer disco. Tuve situaciones personales que me resultaban muy extrañas y me trastocaron mucho, estuve depre. ¿La “Enveja” era esa energía que tienen los niños pequeños y que en el mundo adulto desaparece porque ya maduramos? Y yo no me lo creía. ¿Cómo puedo tener envidia de otro? Para mí fue muy impactante ver que podía despertarla siendo adulta, y que podía oírla. Fue una canción que realmente me ayudó: tocarla en los conciertos, cantarla ante la gente, tener esa cosa presente y también poder liberarla. Así que fue una canción que me resultó un poco terapéutica... Me gustaría que la hermana de esta canción sea “Gelosia”. También es algo que a uno no le gusta reconocer, le sabe mal a uno reconocerse allí. Pero creo que esa canción necesitaba una hermana.
Cambiando de asunto, la música tradicional mallorquina estaba muy ligada a las labores del campo, ¿no?
Al cien por cien. Las canciones que cantaban iban de lo que hacían con sus manos.
¿Cómo ha evolucionado la presencia de las mujeres en la música de Mallorca?
Mientras crecía iban empezando a aparecer. Yo también me ponía al frente. A mis 15 años ya había una Joana Gomila –curisamente, también con un segundo álbum titulado “Paradís”–. Eso ya estaba pasando. Pero realmente estamos despertando, estamos surgiendo. Somos nosotras mismas las que estamos haciéndolo. Y creo que este es un punto de inflexión importante. Ahora estamos servidísimas porque hay muchas chicas liderando cosas, por todos lados. La situación ha cambiado mucho.
Tus letras, sin ser demasiado directas, sí que tienen un punto de liberación. ¿Cómo piensas que el feminismo puede manifestarse en tu música?
Yo soy todo lo feminista que puedo ser. A veces es muy difícil porque en tu entorno ocurren cosas que no sabes muy bien cómo gestionar. Pero tengo que decir que dentro de mi círculo más cercano me siento muy respetada, que tengo todo el espacio que necesito para hacer las cosas, ya que si no quizá no podría hacerlo así. Esa seguridad no siempre viene dada. ∎