En el paraíso de la libertad. Foto: Mayra Ortiz
En el paraíso de la libertad. Foto: Mayra Ortiz

Entrevista

Mon Laferte: “Ser libre, en general, hace ruido”

Con el álbum “FEMME FATALE”, la cantautora y artista visual chileno-mexicana tensiona los límites del drama latino, mientras reúne fragmentos de un discurso amoroso. Tras vivir su primera década de fama internacional, habla en esta entrevista sobre sus confrontaciones con el patriarcado y su nuevo trabajo, construido a partir de notas de un pasado cargado de blues jazzístico.

En el largometraje “Las noches de Cabiria” (Federico Fellini, 1957), la actriz Giulietta Masina deambula por la ciudad de Roma. A medida que avanza la narrativa se da cuenta, de las formas más insólitas posibles, de que su vulnerabilidad es un arma: solo puede confiar en sí misma. En el teatro, otra protagonista se debate con una sensación de ruina. Es Sally Bowles, la burlesca figura central del musical “Cabaret” (John Kander, Fred Ebb y Joe Masteroff, 1966), detonadora de una atmósfera marcada por un peligro existencial siempre latente. En la música –entre ecos de esa misma estela de disrupción que la acerca a pares como Rocío Jurado, Gal Costa y La Lupe– emerge la figura de Mon Laferte.

En las catorce canciones que componen su álbum más reciente, “FEMME FATALE” (Sony, 2025), no solo articula su obra de mayor coherencia conceptual y estética, sino que también juega con la dicotomía entre la ferocidad de las composiciones y la delicadeza de los arreglos, en su mayoría guiados por el jazz. “Siempre me ha gustado el contraste”, comenta, entre risas. “Cuando empecé a escribir las letras y las sentí cada vez más crudas, me pareció la mezcla perfecta para contar una historia que no fuera tan pesada ni tan evidente. Si lo hiciera sería obvio, y eso no me gusta. Así que se pueden sentir los instrumentales como un bálsamo. Es como si te hicieran un cariño y te dijeran anticipadamente ‘ahí te viene’”.

La idea para componer la obra se consolidó después de revisar reportajes antiguos que, con frecuencia, asociaban su presencia escénica con la etiqueta de mujer fatal. Al rencontrar también anotaciones y mensajes de voz de aquella época de especial sensibilidad, empezó a preguntarse “¿quién fui yo?”. Para responder en voz alta y clara, se tiñó el pelo de rubio y se vistió de una tristeza teatral, permitiéndose pintar cuadros emocionales que, aun apuntando a complejidades inauditas, pueden pertenecer a todos.

Laferte, que se divide entre las experiencias de ser madre de un niño y una de las grandes estrellas populares de América Latina, termina por encarnar a la Tigresa de Caetano Veloso, una mujer libre “con garras afiladas y que va a ser lo que quiso, inventando su lugar en el mundo”. A menudo, evoca en su obra conceptos dicotómicos, ideas guiadas por la contradicción. En esta entrevista reflexiona sobre la madurez que ha adquirido como compositora, su dedicación a las inquietudes, así como el valor político de sus narrativas: un punto de inflexión frente a la pulcritud y la juventud eterna del ideal femenino que alimenta el machismo.

“Melancolía”. Vídeo dirigido por Camila Grandi.

¿Es posible escuchar este álbum como un manifiesto de libertad?

Siempre me he sentido muy libre. O sea, no es que haya un antes y un después. En estas canciones me fui al fondo de mi vida, de mi historia y de mi corazón. Les rasqué las heridas y dejé las letras más explícitas. Tengo plena conciencia de ser una mujer rebelde, segura, sexualmente consciente. Entonces, yo diría que sí. Más bien es un manifiesto de libertad quizá más profundo.

Fuiste protagonista del musical “Cabaret” en México en 2025 y se agotaron más de veinte funciones. ¿Qué aprendiste de Sally Bowles sobre el amor?

Estoy muy agradecida. Justo cuando estaba terminando las grabaciones del disco también estaba en los ensayos del espectáculo. Pude observar cómo mi interpretación de ella tenía mucho de quien fui cuando era más joven, y en algunos momentos éramos casi como la misma persona. Además, la forma de cantar y la expresión jazzística que quise poner en el álbum tuvieron total influencia de las prácticas teatrales. La verdad es que ella era muy complicada, igual que yo (risas).

La fortaleza de la femme fatale. Foto: Mayra Ortiz
La fortaleza de la femme fatale. Foto: Mayra Ortiz

En otra ocasión, me dijiste que te gustaba cuando tus letras sonaban incómodas. ¿Qué sientes que ha cambiado en tu manera de dejarse ver vulnerable?

En todos estos años he escrito de la misma manera, pero siento que ahora di un paso más hacia esa vulnerabilidad que quema, que asusta. Hablando de incomodidades, hay varias en el álbum y puedo mencionar específicamente un free jazz llamado “1:30”. Escribir este poema fue un proceso complicado, sobre todo porque proviene de varios micropoemas conectados finalmente en un solo texto. Hay una parte al final que me duele, que me da escalofríos. Este trabajo me provoca la impresión de que mis inquietudes llegaron a un nivel superior. Por eso me cuesta escuchar el disco completo en compañía de otros. En general, sigo rechazando la idea de que todos escuchen una canción y se queden como si nada. Lo que más me gusta es que digan: “A ver, ¿qué pasó?”. Me ilusionan las narrativas que te mueven el piso… Así percibí que ya no hay vuelta atrás.

Si hablamos de cabaret y del jazz, de algún modo también exploramos territorios de desvelo nocturno. Como creadora, ¿qué relación tienes con la noche?

De hecho, casi todo el disco lo compuse de noche. Desde que me convertí en madre, el momento que me dedico a mí misma es aquel después de acostar a mi hijo. Salgo a la terraza de mi casa y me pongo a escribir, a veces acompañada de una copa de vino y un cigarrillo. En general sufro mucho por las mañanas. Mi hijo despierta temprano y yo, naturalmente, despierto de noche. Sin duda, es ahí donde encuentro la magia de las historias. Suelo bromear diciendo que soy una especie de hija de la poeta argentina Alejandra Pizarnik.

“Siempre me he sentido muy libre. O sea, no es que haya un antes y un después. En estas canciones me fui al fondo de mi vida, de mi historia y de mi corazón. Les rasqué las heridas y dejé las letras más explícitas. Tengo plena conciencia de ser una mujer rebelde, segura, sexualmente consciente”

¿En qué medida piensas que las femme fatales –tratadas históricamente como mujeres peligrosas, independientes y atrevidas– siguen resultando amenazadoras en Latinoamérica?

Hay un sector muy grande de la población que aún me considera una loca, una criatura peligrosa. A veces leo comentarios muy duros. Dicen “¿por qué se viste así?” o “¿quién se cree?”. ¿Sabes lo que pienso? Que a nadie le gusta salir de su comodidad, porque nos da miedo lo desconocido. Creo que estas reacciones tienen más que ver con sus inseguridades, sus miedos y sus sustos potenciales. Aunque me vean así, yo me siento como un borreguito (risas). Tan frágil, tan vulnerable la mayoría del tiempo. Ser libre, en general, hace ruido.

“FEMME FATALE” es una obra con influencia cinematográfica. Está lleno de paisajes sonoros y me gusta pensar que esa misma narradora ya había aparecido antes en tus pinturas. ¿Tu vínculo con las artes visuales influyó de alguna manera en la creación del álbum?

Para mí, como creadora, estas cosas son indisociables. Cuando empecé a mostrar mis pinturas, los comentarios a menudo eran “¿por qué tanta tristeza?” o “¿por qué están sufriendo?”. Yo no me había dado cuenta de que mis pinturas tenían esa carga de melancolía, yo las veía inocentes, muy dulces. Cuando fui consciente, me di cuenta de que tenía que aceptar a ese yo que es así, que tiene la melancolía entrañada. Creo que, más que nunca en mi carrera y en mi vida, soy eso y lo acepto. Soy una drama queen. Muchas veces me han dicho: “Tú que eres tan dramática, tú que siempre lloras”. En mi cabeza respondía: “No es cierto, también soy feliz, hago música para bailar, ¿por qué me catalogan así?”. Aunque lo niegue, siempre estará presente eso. Y, por supuesto, es un sentimiento estupendo para trabajar la ironía. Tú ya lo sabes, hay mucha ironía en mi música.

Locura y empoderamiento. Foto: Mayra Ortiz
Locura y empoderamiento. Foto: Mayra Ortiz

“Esto es amor” podría fácilmente ser una canción de Madonna. ¿Qué importancia tiene para ti mantener vivas dentro de nosotros las fantasías afectivas y sexuales, tan exploradas por ella durante los últimos cuarenta años?

El otro día, alguien me dijo que mi música estaba hecha o para llorar o para follar. Me dio mucha risa, porque para mí el tema de la sexualidad es tan importante como natural. Es muy loco cómo la gente todavía se asusta o se impacta si se habla de sexo. ¿Cómo no, si todos cogemos? ¡Todos lo hacemos! En “FEMME FATALE” hay una canción llamada “Las flores que dejaste en la mesa” en la que digo: “Seguramente me vas a extrañar cuando la tengas dura / no cabe mi vida en esta casa, con todo mi arquitectura”. Me encanta esa idea. En mis conciertos van muchas abuelas y algunas de ellas, en algún momento, tendrán que decir mientras me escuchan “bueno, voy a abrir mi mente”. No es por maldad, al contrario. Es mi contribución para que la gente salga de su zona de confort. Amo eso, todo el tiempo estoy preguntando, cuestionando absolutamente todo y también me contradigo. Es el movimiento que me ha llevado a crecer. Soy una persona que estudió solo hasta los 13 años, no fui a la escuela formal ni a la universidad. Si no me hubiera gustado cuestionarlo todo, creo que no habría llegado al punto de escribir de esta manera, aunque tampoco creo que estudiar formalmente te haga mejor o peor en algo.

Hace unas semanas dijiste que “no te interesa hacer música para chavos”. ¿Esa idea también funciona como una invitación a que tu público acompañe tu proceso de madurez?

Sí, fue una broma, pero tiene algo de verdad (risas). Sería muy triste que yo quisiera hacer música para mantenerme vigente entre la gente más joven, cuando evidentemente soy una neoseñora, tengo 42 años. Tal vez caiga en eso, pero no quiero. Mi intención es seguir haciendo la música que me mueve y que la gente me siga acompañando en mi camino. Estoy en una etapa en la que todo el tiempo pienso: “¿Tendré que pincharme la cara?”. Mi primer impulso es decir que no, porque quiero ver cómo seré de vieja, pero tampoco estoy peleada con eso. Tengo muchas preguntas respecto a quién soy, cómo me veo, cómo quiero que el mundo me perciba. Mi mayor deseo es seguir haciendo música que me guste, que me emocione y sentirme cómoda en mi piel. Es lo que más quiero para mi vejez.

“Sería muy triste que yo quisiera hacer música para mantenerme vigente entre la gente más joven, cuando evidentemente soy una neoseñora, tengo 42 años. Estoy en una etapa en la que todo el tiempo pienso: ‘¿Tendré que pincharme la cara?’. Mi primer impulso es decir que no, porque quiero ver cómo seré de vieja, pero tampoco estoy peleada con eso”

¿El éxito alguna vez te resultó incómodo?

La verdad es que mi éxito siempre ha ido poquito a poco, pero sí, me resultó cuando recién me hice famosa. Todos me gritaban cuando me puse de moda y fue muy fuerte observarme en medio de la dicotomía entre amor y odio. Es cierto que nunca había tenido tantos números como ahora, tantos conciertos agotados, pero me siento tranquila, estable. Lo bonito –estadísticamente– es que reviso mis números y te diría que alrededor del 90% de la gente que me busca va directamente a escuchar mi música. No estoy en playlists, en espacios aleatorios. Mi público es mi público, son mis fans, y creo que eso podrá ayudarme a tener una vejez musical más digna.

Siempre creemos que estamos en nuestra etapa más madura a medida que pasan los años. Sin embargo, en “Vida normal” dejas un mensaje muy humano sobre el tema. ¿Cómo te sientes en este momento?

En esta canción me permití ser como una niña que no sabe adónde va, y este es justamente el conflicto que tengo ahora, con el deseo de ofrecerle una vida normal a mi hijo pequeño. O sea, que tenga horarios de escuela, una mamá que no esté viajando todo el tiempo… Sin embargo, también soy artista y no quiero renunciar a eso. Es toda una contradicción. Pero, oye, llevo tres semanas sin fumar un cigarrillo. La promesa de la canción –voy a dejar de fumar”– ahí está. Me siento bien, pero lo único que sé es que quiero ser la mejor versión de mí misma. Como artista y para mi hijo. ∎

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