En el aire de Granada. Foto: JM Grimaldi
En el aire de Granada. Foto: JM Grimaldi

Entrevista

Srta. Trueno Negro: “Granada en España y La Plata en Argentina son como guetos musicales”

Nadie ha llevado la prolija conexión La Plata-Granada tan lejos como Srta. Trueno Negro. La historia de Natalia Drago daría para una película. Casi seis años después del estallido de la pandemia –circunstancia que derivó en su asilo en la casa de J, el líder de Los Planetas–, la artista argentina, todavía vinculada al colectivo Laptra, presentó a finales de 2025 su trabajo más sólido, “El sonido de la felicidad”. Bajo la influencia consciente e inconsciente de J, y con la voz de la experiencia de Antonio Luque en la producción. El 21 de febrero actuará en Barcelona (Rouge).

Tarde de sol y nieve en Granada. El frío de la sierra imprime carácter a la ciudad. Natalia Drago llega a la cita en el Lemon Rock, en el corazón musiquero de la urbe, con una bufanda liada al cuello del club de sus amores, Gimnasia y Esgrima La Plata. Conoce bien el sitio donde presenta “El sonido de la felicidad” (Eclipse Melodies, 2025), el primer trabajo que graba en España como Srta. Trueno Negro. También es el primer disco en el que cuenta con la figura de un productor artístico: Antonio Luque (Sr. Chinarro). Como describe J en “Natalia dice”, la platense vino desde Argentina y le pilló la pandemia en mitad de la gira. Acabó encerrada en una dulce burbuja, tocando con el líder de Los Planetas. Y no tardó en convertirse en una más en la escena granadina, integrada en proyectos como “Plena pausa” o echando una mano en la formación de Enrique Octavo. ¿El denominador común? Un regusto de indie vieja escuela.

Hasta los 18, Natalia apenas salió de su habitación. Se pasaba el tiempo leyendo y escuchando música. Se instaló en Madrid a finales de 2024, pero viene a Granada con regularidad. La distancia entre ambas ciudades es más o menos la misma que existe entre su Miramar natal y La Plata, donde estudió Filosofía y creó Srta. Trueno Negro. Era la época de MySpace. Ahora, con 34 años, en tierras granadinas tiene su propia banda, formada por el guitarrista argentino Luciano Lorenzo, el bajista Jordan Montero y el batería Roberto Escudero.

“El pueblo más grande”, vídeo realizado por Gastón Olmos.

El título del álbum juega con el “Sound Of Confusion” (1986) de Spacemen 3, que ahora cumple 40 años.

Sí, es un guiño. Me encanta ese disco de Spacemen 3 y me parece un título buenísimo en su traducción. Cuando estábamos grabando “El sonido de la felicidad”, no paraba de hacer analogías en mi mente. De repente, alguien se hacía un porro y yo respondía “¿Viste el sonidito ese? Es el sonido de la felicidad”. Y se quedó el chiste. J dice que es un buen título. Y me gusta su parecido con el de Spacemen 3. El contenido no es triste, pero tampoco son canciones de felicidad. Más bien habla de un proceso a través del cual se puede llegar a la felicidad.

Y arranca con “La cura”: la canción más eufórica y, a la vez, el reflejo de un bajón. Con desglose de drogas incluido…

Es un bajonazo. Y me hago una pregunta: si ninguna de esas mierdas me salva, ¿qué me va a salvar? Al principio la iba a titular “No me cura”. Pero la cura es darte cuenta de que no te cura. En el estribillo nombro palabras fuertes. Recuerdo las primeras veces que la tocamos. Los chicos de la banda me decían que no citase esas palabras. Pero el mensaje es positivo. No estoy alabando las drogas. Es una manera de expresar que esto no sirve para nada. Al final los convencí. Creo que a toda la banda le gusta ya. Les daba corte usar esas palabras. Y es uno de los estribillos más potentes porque son palabras fuertes en una canción.

“Me encanta ‘Sound Of Confusion’ de Spacemen 3 y me parece un título buenísimo en su traducción. Cuando estábamos grabando ‘El sonido de la felicidad’, no paraba de hacer analogías en mi mente. De repente, alguien se hacía un porro y yo respondía ‘¿Viste el sonidito ese? Es el sonido de la felicidad’. Y se quedó el chiste”

Natalia Drago

Sin embargo, luego está “Yendo a comprar”, que es como una relectura del “I’m Waiting For The Man” de The Velvet Underground.

¡Totalmente! Está muy inspirada, por no decir fusilada en algunas partes. Yo llevo 30 euros en vez de 26 dólares en la mano. Y subo por Linares en lugar de Lexington 125. Quería describir la misma situación. Los acordes no son los mismos, pero se nota incluso en la manera de sacar la voz.

Esta canción aparece en la casete recopilatoria “Graná enterrá”, que salió en 2024 como testimonio de una Granada musical subterránea.

Sí, pero era una versión distinta; más oscura, más como la planteamos con Jordan en el local. Aquí se nota la influencia de Luque, que decidió cambiar los acordes en el estribillo. En el disco es mucho más rock’n’roll.

¿Qué tal la experiencia con Antonio Luque? Siempre ha sido quisquilloso con el sonido. Recuerdo cuando se animó a producir a la banda sevillana Salieri hace más de veinte años, con excelente resultado.

Antonio Luque es muy perfeccionista y minucioso. Nunca había tenido un productor artístico. Para la producción técnica ya estaba Jaime Beltrán, que ha trabajado con Los Planetas y con J. Ensayamos los temas durante meses porque grabamos el disco en directo, los cuatro tocando. Eso es cien por cien Chinarro. Luque quería que sonara como lo hace en directo, sin arreglos ni guitarras añadidos. En crudo, como tocado en el momento. Y para eso tuvimos que ensayar un montón. Luego, el mismo día que estamos grabando en el estudio, podía dar una vuelta de tuerca y cambiar una estructura que habíamos ensayado desde seis meses antes. Además, Luque canta una parte en “Fusilada” porque se le ocurrió a él. La canción era de otra forma… Esos detalles de producción artística mejoraron el disco.

Natalia Drago, el trueno argentino. Foto: JM Grimaldi
Natalia Drago, el trueno argentino. Foto: JM Grimaldi

“Fusilada” supone un punto de fuga en el álbum con su fragilidad.

En realidad fue cómico. Yo estaba destrozada, necesitaba irme a dormir. Y Jordan insistió: “Vamos a aprovechar lo rota que estás”. La canción salió literalmente de la realidad de ese momento.

¿“El sonido de la felicidad” es la crónica de tus vivencias este lustro en España?

Sí. Estas canciones las compuse a partir de 2023, sobre todo. Obviamente son acontecimientos y cosas vividas desde que llegué a España. Entre 2023 y 2024 estuve mucho tiempo en nuestro local de ensayo en Albolote con el bajista, Jordan. Fue un año en serio, acudiendo tres o cuatro veces cada semana. Le mostraba las canciones a Jordan y él me ayudaba. Luego las ensayábamos con el resto de la banda. Fue un proceso largo. La primera parte que grabamos fueron cuatro temas en El Refugio Antiaéreo: “Ya no me acuerdo”, con unos coros a lo lejos de J, además de “Se ha ido”, “Yendo a comprar” y “El pueblo más grande”. Luego nos fuimos a Gismo 7, el estudio del productor alemán Paul Grau en Motril, porque Jaime Beltrán trabaja mucho ahí. Y sí, son mis vivencias, a veces teatralizadas.

¿Por ejemplo?

Lo de “nadie me ayuda”. Desde que estoy en España, sinceramente, todo el mundo me ha ayudado. Me han tratado de puta madre siempre. Es por exagerar un poco el personaje este de la persona tirada. Pero son relatos reales, como el de “El backstage de la zapatería”, en Madrid, que estaba al lado de una tienda de ropa de segunda mano en la que trabajé. Fue una bizarrada con marihuana de por medio.

“Antonio Luque es muy perfeccionista y minucioso. Para la producción técnica ya estaba Jaime Beltrán, que ha trabajado con Los Planetas y con J. Ensayamos los temas durante meses porque grabamos el disco en directo, los cuatro tocando. Eso es cien por cien Chinarro. Luque quería que sonara como lo hace en directo, sin arreglos ni guitarras añadidos”

Natalia Drago

Llaman la atención los dibujos de los carteles de tus actuaciones. Muy hazlo tú mismo. Ese cuidado visual se reconoce en el sello Laptra y en tus inicios ahí, así como en los trabajos de Él Mató A Un Policía Motorizado, 107 Faunos…

Mi hermana estudió Bellas Artes. Igual que mi primo Miguel, que fue quien me descubrió a The Velvet Underground y mucha música. Siempre estuve rodeada de un montón de gente que pintaba o dibujaba, y tiré un poco de ellos. Y ahora también Gastón Olmos, que vive en Granada. Yo no hago los dibujos, pero Santiago Motorizado se encarga del arte de sus propios trabajos.

Y, como dices en “Se quiere venir” de Los Planetas, se produce la conexión La Plata-Granada.

Mi contacto con Los Planetas llega por Él Mató A Un Policía Motorizado, que son los primeros que establecen esa conexión. Hace unos años, Los Planetas fueron a Argentina. Tocaron con Él Mató y con los Faunos. Después, yo vine en 2017. De hecho toqué acá, en el Lemon, sola. Hice un tema de Family. Así conocí a J, que me prestó una guitarra para tocar. Pero todo empezó cuando Gusti, el Niño Elefante, que es el guitarrista de Él Mató, lanzó los discos del grupo al escenario para que J los escuchara.

Te lo habrán preguntado mucho: ¿cómo se obsesionó una artista argentina veinteañera con el Donosti Sound?

¡Me obsesioné mucho! Y ya conocía a Los Planetas. Fue en el verano de 2015, que pasé con mis padres en Miramar. A partir de ahí empecé a investigar. Y cuando vine a España tiré más para atrás y llegué a cosas como Derribos Arias.

La Plata-Granada: constelación indie. Foto: JM Grimaldi
La Plata-Granada: constelación indie. Foto: JM Grimaldi

Lo último que has cantado con J es “Anhedonia”, una versión de Charly García. Mantiene ese aire de intercambio.

Surgió por el sello de uno de los componentes de Virus, que fue una banda de los ochenta de La Plata, en la onda de lo que fue la movida aquí. Me pidieron participar en un compilado de homenaje a Charly García y que, a ser posible, lo hiciera con J. Esto también lo hicimos en el local con Jordan. Sí, hay conexión y analogías. Granada en España y La Plata en Argentina son como guetos musicales. La Plata también es una ciudad universitaria. Bandas grandes de Argentina, como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, salieron de allí. De manera inconsciente, termino siempre en ciudades así, buscando algún tipo de verdad.

¿De eso habla “El pueblo más grande”?

Esa frase la decía mucho un amigo de La Plata. Me puedo sentir agobiada en La Plata o en Granada. Si tengo una mala racha, siento que el lugar donde vivo es el pueblo más grande. Granada para mí es la ciudad más linda del mundo, y que me perdonen los platenses, pero recuerdo haber pasado ataques de ansiedad.

¿Qué has aprendido de J?

Me dio un montón de información que absorbí a mi forma, consciente e inconscientemente. He visto a J trabajar sus canciones. Es una persona que vive escuchando música nueva, bandas que yo no conocía. Estar con J es como hacer un máster. Cuando empecé a construir este disco, me di cuenta de que estaba aplicando maneras distintas a mi manera anterior de hacerlas. Claro, estos años aprendí mucho de J. Conmigo fue muy generoso. Nada celoso con sus conocimientos. Incluso se frustra si ve que no puedes. En este disco me animaba a cantar canciones de otra manera, más agudo, aplicando las herramientas que me dio. Y le encanta el disco. Muchas de sus enseñanzas han sido inconscientes. Me dio unos conocimientos y una visión muy cercana de cómo trabajar. Tiene que ver con algo más filosófico y espiritual, con ser honesto contigo. Escucho mis anteriores canciones y tengo una barrera, me hago más la dura. En este disco me quiebro un poco más, por aquello de ser honesta conmigo misma. De J aprendí eso: te tienes que desnudar.

“Estar con J es como hacer un máster. Cuando empecé a construir este disco, me di cuenta de que estaba aplicando maneras distintas a mi manera anterior de hacerlas. Claro, estos años aprendí mucho de J. Conmigo fue muy generoso. Nada celoso con sus conocimientos. Incluso se frustra si ve que no puedes”

Natalia Drago

Y te convertiste en personaje de una canción: “Natalia dice”.

Fue una experiencia superpotente trabajar el material de Iván Zulueta. Había un paralelismo entre lo que estábamos viviendo y el trabajo que estábamos haciendo. La canción “Natalia dice”… Es cómico: me acuerdo que llegó y me la mostró, y no sabía qué decir. Me largué a llorar. Nos mandaron las películas de Iván y había que musicalizarlas. Y estaba pasando todo un proceso raro y reflexivo entre J y yo. Ese disco se construyó así. Por eso supongo que soy un personaje en el disco. Había una cierta analogía entre los personajes de “Arrebato” (Iván Zulueta, 1979) y nosotros. Lo construimos mientras estábamos ahí viviendo juntos.

Por último: ¿cómo fue lo de cantar con The Jesus And Mary Chain en Granada, el pasado 27 de junio, en el festival Degusta Fest?

De puta madre. Salí con gafas de sol y la letra de “Sometimes Always” en el móvil porque me moría de los nervios y no quería fastidiarla en un verso. Me lo confirmaron el día antes. Es una de mis bandas favoritas. Y es una de las cosas más potentes que me han pasado. En Argentina nunca pude ver a Lou Reed. Esto es lo más parecido a estar ante alguien a quien admiro de la historia de la música. No probamos sonido. Me dijeron que acudiera directamente al camerino para hacer un mínimo ensayo. Llegué antes que ellos. Cuando Jim vio mi camiseta de The Velvet Underground dijo “nice t-shirt”. Fue todo muy normal. Jim y William no van de estrellas. Me hizo gracia que Jim regañara a su hermano por un acorde de “Sometimes Always”. ¡Llevan 40 años tocando y discuten por una tontería! En ningún momento me sentí incómoda o fuera de lugar. Son cero pose. ∎

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