¿Te ha marcado ser de la misma ciudad que Radiohead, Supergrass o Foals?
No necesariamente. Siempre he escuchado todo tipo de música. Escuché música clásica y jazz por mi padre, y también a The Beatles o Simon & Garfunkel: me enamoré de las armonías vocales y de las melodías. Mi música siempre se basa en la melodía. También la que produzco. Desde un prisma muy británico, pero también oyendo mucha música francesa, italiana, española o japonesa. Aunque la procedencia geográfica es algo secundario. No es lo esencial.
Cuidas mucho la textura del sonido, en cualquier caso.
Sí, porque siempre escribo y produzco mi música. Por muy importante que sea la letra y la melodía, sé cómo debe sonar en mi cabeza: delicado, atmosférico, emocional.
¿Alguna influencia innegociable?
El indie de los ochenta: The Stone Roses. De los noventa, Mazzy Star. Más recientemente, Cigarettes After Sex. También bandas sonoras, como la de “Twin Peaks”.
“Neon Pink” es muy Julee Cruise, ya que mencionas “Twin Peaks”.
Absolutamente. Todo el disco se pregunta si es real o es un sueño. Mucha de la gente que lo escucha me dice que es perfecto para el amanecer y para el atardecer. Y estoy de acuerdo. Está hecho para perderte en él.
¿Crees que podría funcionar también como música de fondo mientras uno trabaja?
Podría, porque es suave, fácil, amable, y también está influenciada por el easy listening.
Yo no soy capaz: cuando escucho música, no puedo trabajar. Y viceversa. Necesito centrarme en ella, o me distrae. Pero mucha gente sí lo hace.
A mí me pasa igual: no puedo escuchar música mientras hago otra cosa. No me puedo concentrar (risas).
¿Cómo surgió tu contacto con Elefant?
En 2011, mi primer hijo acababa de nacer y estaba enganchadísimo al “Pet Sounds” (1966) de The Beach Boys. Quise hacer algo parecido. Llevaba desde los 15 años componiendo música. Pero hasta que grabé con mi proyecto The Yearning, con la voz de Maddie Mae, nada me satisfacía del todo. Antes de las redes sociales, grababas un CD y lo enviabas a los sellos discográficos. En mi colección había una banda, The School, que sonaba como yo quería. Y resulta que eran de Elefant. Les mandé un CD de The Yearning. El único que envié a una discográfica. Al principio no pasó nada. Curiosamente, el día que nació mi segundo hijo recibí un correo de Elefant ofreciéndome un contrato. Habían estado escuchándolo durante cuatro meses, todos los días. Ese día cambió mi vida. Les estaré siempre agradecido. Empecé a tener mucha más confianza.
¿En qué medida “Neon Pink” es distinto a tu disco de 2024?
Empecé una nueva relación de pareja, y lo refleja. Es más alegre, en las letras y en la música.
Se nota en “Lifetime Of First Times”, por ejemplo. Conforme nos hacemos mayores, nos cuesta recuperar esa sensación de asombro. Vivimos todo con menos intensidad que cuando éramos adolescentes o jóvenes.
Ese título viene de una conversación que tuve. Como muchos. La idea de querer vivir juntos y experimentar cosas como si fuera la primera vez, lo que vivo junto con mi pareja, se plasma ahí. Sin negar la necesidad de cambiar, ojo. Es bueno acostumbrarse a tener nuevos hábitos, a vivir de acuerdo con tu edad. A afrontar nuevos desafíos. Conforme te haces mayor, sabes mejor lo que quieres y lo que no.
También nos cuesta más adaptarnos.
Sí, pero hay que hacerlo. Y te beneficia no solo en tus relaciones personales, sino también con la música. Algunas bandas no cambian nunca. Prefiero a las que cambian y evolucionan con el tiempo. Como The Beach Boys, The Beatles o los Pet Shop Boys, que se adaptaron a los progresos técnicos y a diferentes productores. El pop va de eso. No tanto el rock, que te permite no cambiar el chip. Lo cual tampoco tiene nada de malo.
Pet Shop Boys han cambiado más de lo que mucha gente cree.
Sí. En los ochenta eligieron como productor a Stephen Hague cuando todo el mundo confiaba en Stock, Aitken & Waterman, por ejemplo. Siempre han tomado decisiones inteligentes. Y han tocado muchos estilos, aunque la voz de Neil Tennant sea tan reconocible y suene como cuando empezaban.
¿Qué papel juega la música en tu vida? ¿Podrías vivir sin componer, producir y grabar?
No. Si alguien me pregunta qué es imprescindible en mi vida, es la música. Soy profesor, me gano la vida con eso, me encanta mi trabajo y me encantan los niños, pero podría perder mi trabajo y no supondría el mismo trastorno que si no pudiera hacer música. Me ayuda. Hace que mi cabeza funcione. Es terapéutico. Y libera muchos sentimientos fantásticos cuando escribo. Desde los 16 años no he dejado de escribir. Es quien soy. Me pierdo en la música. Y no es necesario saber componer o tocar un instrumento para que eso te ocurra. Mucha gente se olvida de escuchar: están tan ocupados componiendo su propia música que no escuchan nada más. Y ocurre lo mismo con los cantantes: los mejores son los que más y mejor escuchan. Maddie Mae es una de las mejores cantantes del mundo porque aprende todos los días, porque escucha con atención. La música va sobre escuchar y crear. Yo podría perder la vista, pero necesitaría mis oídos. ∎