Es costumbre de Wednesday lanzar un guiño a la ciudad que están visitando en la canción de entrada al escenario. Si en Milán sonó “L’appuntamento” de Ornella Vanoni, en Bilbao tuvimos menos suerte y nos tocó el tema de jazz “Song For Bilbao” de Pat Metheny Group. Uno de los comentarios en los corrillos previos al bolo era si se notaría la ausencia de la formación en directo del gran MJ Lenderman, que anunció que ya solo colaboraría con la banda en el estudio antes de empezar esta gira. Pero fue colgarse los instrumentos, abrir con la maraña de “Reality TV Argument Bleeds” –con esos agudos disonantes a todo volumen a cargo de las guitarras de la líder, Karly Hartzman, y el más que solvente sustituto de Lenderman, Jake Pugh– y disiparse todas las dudas. Ante la alternancia de fragmentos de calma y tormenta tan de los noventa, un espectador comenta que dicha estructura le recuerda a los Pixies, pero no parecen tener a los duendes de Boston tan en el radar como tienen a Pavement y otras bandas de aquel indie rock slacker como Swell o Veruca Salt, entre otras variadas influencias. Karly Hartzman adapta el tono vocal entre perezoso y lloriqueante de sus canciones en estudio con un poco más de vigor y ciertos gritos y desgarros en la voz que añaden determinación e intensidad.
La mayor parte del repertorio lo ocupan las canciones de “Bleeds” (2025), del que tocan diez de los doce cortes. Eso sí, tienen el detalle de hacer algún cambio respecto a otros bolos. Esta noche es el turno de la balada country “The Way Love Goes” en lugar de “Gary’s II”, en la que se luce en la pedal steel guitar Xandy Chelmis, que en algunas canciones la hace sonar casi como un teclado. Las influencias que manejan, hemos citado ya algunas, son más variadas de lo que parece a primera vista; el country pop psicodélico de “Phish Pepsi” recuerda al primer Beck, y en la melancólica “Bath County” mencionan en la letra a Drive-By Truckers, cuyo rock sureño de bar de carretera con billar y Harleys y camiones aparcados en la puerta es otra de las inspiraciones del grupo. Por cierto, Chelmis comentó que los de Georgia sonaron en un bar del Casco Viejo, lo cual le pareció alucinante. También a quien esta crónica redacta, porque no es para nada habitual. De su anterior LP “Rat Saw God” (2023) también es “Chosen To Deserve”, que Karly aclara que han decidido tocar a última hora por la petición de un fan que los abordó en su paseo por Bilbao.
El concierto se celebró en el día de San Valentín y no percibimos ninguna referencia al mismo por parte del grupo, pero sí al hecho de coincidir con el sábado de carnaval. El batería Alan Miller ha visto a gente disfrazada por el centro y se disculpa por no haber traído ellos mismos unos disfraces, pero lo cierto es que solo detectamos tres personas disfrazadas entre el público rockero local, poco dado a frivolidades de este tipo y que, como en el mítico chiste, suelen ir “a setas o a Rolex”, pero no a ambos al mismo tiempo. El sonido de la banda es muy potente y el público cabecea, pero no se acaba de soltar, por lo que Karly advierte al respetable que solo quedan cuatro canciones y que, si alguien quiere pasar a las primeras filas a saltar o hacer un poco de pogo es el momento, antes de arrancarse con una tensa “Bitter Everyday”. Una veintena de personas le hacen caso y bailan hasta la vacilona “Townies”, que encajaría como un guante en el repertorio de Courtney Barnett.
Despiden con dos de sus trallazos más potentes. Una es “Bull Believer”, que dedican a la causa Palestina con un “fuck ICE” en la parte final del alegato que el público aplaude con ganas. El tema, de ocho minutos y medio, empieza por aguas más templadas hasta desembocar en un denso estallido de guitarras y los gritos y aullidos de la cantante en una especie de exorcismo expiador. Para rematar, nada de baladas, sino la canción más veloz y dura de su repertorio, la rabiosa “Wasp”, que en menos de dos minutos provoca el bailoteo más agitado del bolo antes de decir buenas noches y soltar desde la mesa de control el “Goodbye Lucille #1” de Prefab Sprout –¡toma contraste!– como prueba definitiva de que no va a haber bises. Estaba todo dicho, y cómo. El público desfila satisfecho hacia la salida y un buen aficionado de la vecina ciudad costera de Getxo comenta qué les darán a estas jóvenes bandas americanas para a tan temprana edad tocar con la prestancia y rotundidad que es habitual en los buenos grupos que cruzan el charco. Es alguien que lleva más de 40 años viendo conciertos, cualquiera le quita la razón. ∎