Clip

Amaia Miranda

Amak dio / Entre mi sangre y el llantoSerafina Ventura

Amaia Miranda lanzará este próximo viernes “Cada vez que te veo lo entiendo”, diez canciones sobre las diversas formas que puede tomar el amor. Antes de ofrecer su nuevo retoño discográfico y someterse al juicio de los oyentes, ha decidido precalentar la escucha con un ejemplar doble videoclip dirigido por Serafina Ventura. El cariño dispuesto en este se evidenció con un estreno –algo inusual para el formato– que tuvo lugar en los cines Zumzeig de Barcelona el pasado 6 de octubre.

El trabajo orquestado por Ventura, con Fèlix Armengol como director de fotografía, parte de una única premisa planteada por la artista bilbaína radicada en Barcelona: “Que todas podemos estar en el lugar de la otra en algún momento de la vida”. A partir del reflejo de esa idea contenida en el tema “Amak dio”, y desde una “libertad creativa total”, tal y como explica la propia Amaia, el clip toma la fisonomía de un corto de noble factura, latir poético y una secuenciación en tres partes que atraviesa los dos temas elegidos del disco.

Arranca con la carrera de un joven por un bosque nevado. Fugas centelleantes grabadas en sintonía con el cine indie. Tras su caída, y la entrada del llanto de un bebé, se descubre al recién nacido en medio del bosque. Pasado ese inesperado y metafórico encuentro, la acción se traslada, tras una transición con el fogonazo de un mechero, a los lomos de un cowboy en su travesía por distintos paisajes montañosos (la obra se rodó entre los Alpes y la ciudad de Berlín). Diferentes encuentros de este personaje desembocan en la llegada a una cabaña en cuyo interior se descubre un bar donde ofrecen cócteles de autor. Esa desincronización espacial coincide con el sample vocal de Gloria Fuertes recitando el verso en que se inspira el segundo tema. Aunque sin duda el interés visual radica en lo que acontece en el interior de este bar trasplantado a lo alto de los Alpes. Como si los universos de Aki Kaurismäki, Jim Jarmusch, el Anders Petersen de “Cafe Lehmitz” (1978) e incluso con algún personaje que podría haberse retratado en el Raval de hace unos años colisionaran en su interior. El magnetismo no remite con los bailes que llevan a cabo los personajes encerrados en tan peculiar pero también acogedor escenario. No es la primera ni la única vez que Amaia Miranda vela por un detallista y hermoso envoltorio visual para amarrar la calidez de sus temas. En esta ocasión se supera con una pieza tan bella como lírica y desconcertante. Y es precisamente en su desconcierto y en la factura rasposa de cine indie –rodada con cámara Alexa Mini de ARRI– donde brota su mayor valor sensorial. ∎

Etiquetas
Compartir

Lo último

Contenidos relacionados