El pasado 1 de junio se cumplieron veinte años del fallecimiento de Rocío Jurado (1943-2006). En la actualidad coinciden “Rocío Jurado. La voz que nos hizo libres” y la serie documental “La más grande” (Alexis Morante, 2026; se puede ver en Movistar+), que comparten fuentes y estereotipos que suman más tópicos que certezas a la trayectoria y la personalidad de la cantante de Chipiona, localidad sita en la costa de Cádiz.
Acostumbra a crear cierta tribulación que un libro colectivo no incluya un prólogo en que se indiquen los motivos, los objetivos y el porqué de los nombres invitados a, desde su disciplina, trazar una mirada sobre la homenajeada. Carlos Barea (Granada, 1987), encargado de la edición y el prólogo, abre el libro con un texto biográfico de la cantante. Como responsable del proyecto, habría sido un acierto explicar la necesidad de mezclar textos de literatura gris y ensayos, algunos bien documentados, con piezas de reporterismo que no citan ninguna bibliografía.
En definitiva, casi todo resulta epidérmico, cuando no cosmético. El universo de lo accesorio le gana la partida al mundo de lo esencial, es decir, el clásico cómo, cuándo, quién y por qué. La imagen que ha trascendido de la intérprete es que se hizo a sí misma, casi cierto. Y que todo lo hizo sola, tampoco tanto. Cabe recordar que no leía música. Sin embargo, tenía una intuición para expresarse mediante la teatralidad de la lírica como pocos colegas de oficio. La idea del libro –o eso parece– es jugar la baza de la popularidad relegando la sustantividad del oficio de cantar. No queda claro cuál es la fotografía cultural de tres décadas de carrera de Rocío Jurado.
La obra abarca el transformismo, el erotismo, la crónica rosa, el matriarcado, la sexualidad, la teatralidad de sus interpretaciones, el subtexto de mucha lírica escrita por otros, el feminismo, el cine y la presencia en televisión, entre otros asuntos. Otro error editorial es que numerosos hechos y declaraciones se repiten hasta la saciedad, cosa que lastra la lectura.
En lo musical, destaca sobremanera un nombre, el de Manuel Alejandro, que supuso un cambio sustancial en la expresividad escénica de la canción romántica del momento. “Si Rocío Jurado no hubiese existido, esas canciones no se habrían escrito”, afirmó en su día el compositor de los álbumes “De ahora en adelante” (1978), “Señora” (1979) y “Paloma brava” (1985), coproducidos los dos primeros junto con su hermano, David Beigbeder, que participó en los tres. A menudo Jurado ha sido calificada como flamenca y ella misma se sentía así. En ese sentido, no es del todo conocido que arrastró una pena. Ya llegaremos.
Sin duda, el mejor ensayo lleva la firma de Laura Fa, “El vacío definitivo. Rocío Jurado y la prensa del corazón”, en que la experta en ese sector mediático traza un paralelismo evolutivo entre la intérprete y su relación con los medios, en especial la televisión. Fa admite que, en los últimos años de su vida, devino devastadora. “Rocío Jurado jamás vendió reportajes a la prensa del corazón. Nunca mercadeó con su intimidad”. La informadora concluye que “su ausencia no dejó únicamente un vacío artístico ni un vacío en la prensa social. Dejó un vacío moral y estructural que nunca se llenó”.
Respecto a la orientación sexual del prójimo, la cantante en 2003 soltó en una entrevista en el programa “Lo + Plus” (1995-2005) de Canal+ una frase que en una supuesta sociedad moderna debería ser un simple pie de página y no el titular. Su “yo soy progay” está bien presente en este libro. En esa aparición televisiva, la tonadillera explicaba de nuevo que provenía de una familia humilde que respetaba a todo el mundo.
Volviendo a aquello de ser flamenca. En una conversación privada, Jurado comentó que desde hacía tiempo deseaba grabar un disco con Paco de Lucía. “Soy flamenca en todo mi ser”. Difícil olvidar esa frase. Tiempo después, con su retranca entre andaluza y mexicana, el tocaor respondió a esa declaración con “algo de eso hubo…”. Más allá de la intensa agenda laboral de una y las giras y los extensos descansos del otro, el proyecto no cuajó. Cabe suponer que la desidia de las discográficas tampoco ayudó. Sea como fuere, ese álbum no llegó a grabarse.
Rocío Jurado sigue en pie en una web de fans y en el Centro de Interpretación Rocío Jurado, inaugurado en 2022 en Chipiona, iniciativas que mantienen vivo el legado de la cantante. No fue “la más grande”, como indica una compilación mexicana de 2001 ni como insiste en recordar el libro. María del Rocío Trinidad Mohedano Jurado, devota de la Virgen de Regla, fue la mejor a la hora de encontrar su camino a partir de su voz y sus dotes interpretativas y teatrales en lo alto de los escenarios. ∎