Álbum

Hoavi

ArchitectonicsPeak Oil, 2026

A lo largo de más de una década, y a través de varios trabajos en diferentes sellos, el productor ruso Kirill Vasin, aka Hoavi, ha ido perfilando una personalidad sonora muy distintiva. Su aproximación al dub techno (bien expuesta en sus referencias para Gost Zvuk) es heredera del enfoque minimalista y abstracto de Basic Channel y Chain Reaction, en la línea de Moritz von Oswald pero sobre todo de las primeras producciones de Torsten Pröfrock (T++) como Erosion o como parte de Monolake. En Balmat, y con “Music For Six Rooms” (2021), desnudó aún más su sonido desprendiéndose casi por completo del ritmo en busca de atmósferas igual de profundas, pero mucho más abstractas (y orgánicas). Y con “Posle Vsego” (2022), publicado en Quiet Time Tapes, llegó la definitiva dilución narcótica en las nieblas ambient de Huerco S o Perila. Ahora, con su segundo álbum para Peak Oil, entrega por primera vez algo parecido a una síntesis, un trabajo en el que reconocemos todas sus inquietudes mientras descubrimos otras nuevas. Y en el que consigue intrincar aún más el ritmo sin perder el pulso atmosférico.

El catalizador de este “Architectonics” que sucede a aquel “Invariant” (2021) más incendiario y posapocalíptico, de hecho, es la percusión del gamelán indonesio: a lo largo de tres años y medio, y con un método casi de música concreta, Vasin se dedicó a grabar con su móvil y un micrófono de contacto infinidad de sonidos de percusión, desde los emitidos por los propios idiófonos característicos del gamelán hasta otros producidos por vasos, tablas, verjas y otros objetos corrientes, para componer un catálogo infinito de samples que son el verdadero alma del disco. La polirritmia y el microtonalismo heredados del gamelán, así como la cualidad melódica de sus elementos percusivos, se filtran naturalmente en todos sus temas, sirviendo de hilo conductor. Pero el productor ruso compone un agujero negro de bajas frecuencias que lo absorben todo desde el epicentro: ante lo vibrante de los ritmos, ante lo agudo de las tonalidades, su reacción es un dub pensado para desintegrarse con el paso del tiempo, para degradarse y verse corrompido por la naturaleza, en la línea del que ofrecía el enigmático proyecto Xth Réflexion. Como un Ghost Dubs o el Andy Stott de “Faith In Strangers” (2014), Hoavi no pierde la muscularidad en “Architectonics”, sino que la abstrae hasta el punto de convertirla en un fantasma, un esqueleto que sostiene, de un modo extrañamente inmaterial, el espíritu del conjunto.

Esta idea, que dista mucho de la percepción habitual que hay del gamelán en la música electrónica o en la vanguardia asiática y que se acerca más, por ejemplo, a los trabajos de Will Guthrie con Mark Fell, refuerza paradójicamente el componente físico del disco: si hay acceso al trance o a una dimensión espiritual, este es siempre desde lo tectónico, y no por nada el álbum se llama “Architectonics”. A partir de las tectónicas del sonido, el productor construye y delimita el espacio disponible, y por tanto también su posibilidad de trascendencia. En este sentido el disco conecta con Shackleton, y su ADN etnógrafo es perfectamente reconocible en una alucinación de percusiones abstractas como “Triad Of Becoming” o en el arranque de “After A Day Of Silence”, porque hay algo ritual, mántrico, en la espacialización de los distintos ritmos contrapuestos; en cierto punto, un gong irrumpe y cesa la algarabía para enviar el disco a las profundidades de un post-jazz abstracto completamente sumergido en la vanguardia, preocupado más por las resonancias y las texturas de, por ejemplo, los armónicos que producen las percusiones.

Limitar por tanto el discurso estético de “Architectonics” al campo del ambient dub es realmente engañoso, aunque temas fundamentales en su secuencia como “Shadow Of The Limits”, “Keris”, “Colossus” o la final “Thousand Cycle” encajen a la perfección en el descriptor y haya, en general, un aura de misterio y anestesia sobrevolando todos los beats. Los noises que crepitan al fondo de la más siniestra “Blue Krait” (heredera de los ambientes de ciencia ficción de su anterior disco en Peak Oil), o los pulsos de suspense de “Contradiction”, lo quirúrgico de sus ritmos (un coro de relojes a destiempo) y sus oscuras implosiones, tienen más en común con el dark ambient y el avant jazz de proyectos como Supersilent, vinculados al ámbito de la improvisación académica. Lo mismo se puede decir de esa pieza entre el ambient y el jazz que es “Songs Of The Forgotten”, algo así como un negativo académico del último álbum de Djrum, recorrida por un manto de ruido rosa. Al final, “After The Cyclone” se revela al mismo tiempo como un tema casi aislado en el disco y el que mejor lo define: una abstracción reichiana que accede al trance a través de la repetición que es natural en la música microtonal indonesia y de las resonancias armónicas de las percusiones metalófonas del gamelán, pero que se afianza gracias a las tectónicas de un dub fantasmagórico. ∎

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