Autor de los que ya quedan pocos, Jim Jarmusch cuida hasta el último detalle de las (pocas) películas que consigue llevar a buen puerto. La banda sonora de “Father Mother Sister Brother” –su último filme, León de Oro en el pasado festival de Venecia; se estrenará el 24 de diciembre– no es una excepción: una filigrana sonora que ya se puede disfrutar sin tener que esperar a ver en movimiento a Tom Waits, Cate Blanchett, Adam Driver, Charlotte Rampling y al resto del exquisito reparto.
El cineasta de Ohio, también músico –no olviden su paso por el combo no wave The Del-Byzanteens, sus múltiples colaboraciones con el holandés Jozef van Wissem o sus exploraciones en SQÜRL–, ha compuesto una docena larga de piezas (breves) que se mecen con gusto en las olas del ambient más contemplativo. La sorpresa del lote está en su colaboración con Annika Henderson, Anika para el arte: la británica y el estadounidense coincidieron por primera vez en 2022 en la celebración del 15º aniversario del sello Sacred Bones y el flechazo fue instantáneo: tenían que hacer algo juntos y Jarmusch le encargó para el score de su nueva película una versión de “These Days”, la canción que Jackson Browne le entregó a Nico para “Chelsea Girl” (1967), el primer álbum en solitario de la chanteuse de The Velvet Underground. Anika la grabó en Berlín acompañada de las cuerdas del cuarteto Kaleidoskop, aunque finalmente Jarmusch la minimizó (solo voz y guitarras) y es la que suena en la película (la de cuerdas está alojada al final del disco como “Berlin Version”). No hay que decir que Anika encarna a Nico con una finura de categoría (además de que la canción es uno de los hitos del abultado repertorio de un compositor mayúsculo como Browne).
La otra aportación de Henderson se materializa en un cover de “Spooky”, que abre el disco y acompaña a los créditos iniciales del filme. Jarmusch pensaba usar la popularizada por Dusty Springfield en 1968 –que también suena en la tercera historia de la película–, pero Anika le sugirió grabarla ella (ya la había interpretado en directo en diversas ocasiones). La versión es gloriosa: voz, contrabajo, crujido de dedos y órgano otorgan a la canción un aire retro y fantasmagórico, totalmente atemporal.
El resto de la banda sonora, dicen los protagonistas, se coció en sesiones improvisadas entre Berlín, Nueva York y una residencia en el Pompidou de París, con Anika pulsando guitarras y un Wurlitzer y Jarmusch ocupándose de manipular otras seis cuerdas. El resultado es un score hermoso (mucho), un masaje de serenidad perfecto para escapar del mundanal ruido. Ojalá la pareja extienda en el futuro su pacto artístico: queremos más, mucho más, que estos excelsos treinta minutos. ∎