El 14 de diciembre de 2023, SAULT dieron en Drumsheds, macrodiscoteca al norte de Londres con capacidad para al menos 15.000 personas, el que hasta agosto de 2025 había sido su único concierto. La historia recordará aquella cita por su ambicioso despliegue artístico: todo el recinto se intervino para crear una experiencia inmersiva, reforzando la épica que ya empezaba a rodear a la narrativa del colectivo. Liderados por Inflo, productor top con currículum estelar –“Love & Hate” (2016) de Michael Kiwanuka o “30” (2021) de Adele– que incluso ganó el Brit Award a Productor del Año en 2022, su historia puede leerse como un triunfo de la emergencia, de cómo construir un culto de nicho desde un anonimato imposible cada vez más expuesto a la luz pública: aquel día –¿quizá el “Chapter 1” al que se refiere el nombre de su nuevo álbum, decimotercero ya?–, todos los invitados al escenario –bien conocidos entonces: Cleo Sol, que de hecho es la mujer de Inflo; Little Simz, que venía de publicar “Sometimes I Might Be Introvert”, el trabajo con el que conquistó el Mercury Prize o el top 3 de álbumes internacionales de esta revista; o Chronnix– vistieron máscaras para preservar ese aura de misterio y para reforzar esa idea de que la música siempre va a ir por delante.
SAULT, lógicamente, siguieron sacando discos, e insinuaron una gira para llevar aquel revolucionario espectáculo total con aires de minifestival a otras ciudades del mundo en 2024 que nunca llegó a materializarse. Entonces, a principios de 2025, se hizo público que Little Simz había demandado a Inflo por una deuda de más de un millón de libras con la rapera, al parecer en concepto de unos sobrantes de los adelantos para la producción de “GREY Area” (2019) y “Sometimes I Might Be Introvert”, pero sobre todo por un préstamo para la organización, precisamente, de aquel primer concierto de SAULT. ¿De verdad que montando semejantes pifostios escénicos, vendiendo entradas a casi cien libras y trabajando con Adele no tienes para pagar a la peña con la que curras? Es bastante irónico que su respuesta fuera montar un segundo concierto y redoblar en él la apuesta por el maximalismo y la opulencia: su presentación en un All Points East cada vez más “coachellificado”, que incluía también conciertos en solitario de Cleo Sol y Chronnix, se desdobló hacia una pirámide levantada entre el público durante cinco horas, acompañada en todo momento de una orquesta sinfónica, un cuerpo de baile y danza contemporánea y trufada de invitados especiales. Está claro: a Inflo se le da bien lo de hacer música, pero no mucho lo de hacer balance entre inversión y resultado. Por comparar un poco, cuando Beyoncé levantó su particular pirámide en Coachella en 2018, lo hizo conscientemente a pérdidas, asumiendo el coste de hacer un espectáculo con trascendencia histórica, pero de paso le vendió un documental a Netflix para hacer que cuadraran las cuentas.
El caso es que “Chapter 1” es el primer trabajo de SAULT después de aquel concierto, y aunque no es el primero después del tema de la deuda con Simz –“10” (2025) salió algunos meses después, pero seguramente ya estaría grabado antes y mantenía en general una tónica espiritual, optimista y funky muy marca de la casa–, sí es el primero que parece entrar en la polémica. Y no solo sutilmente a través de, por ejemplo, los títulos de algunas canciones:“God, Protect Me From My Enemies”, “Good Things Will Come After The Pressure”, “Don’t Worry About What You Can't Control”, “Puppet”... Sobre todo de forma mucho más evidente en la letra de la homónima “Chapter 1”, donde además parece, musicalmente, parodiar el giro más punk del último trabajo de Little Simz, “Lotus” (2025), en el que la rapera por su parte le dedicaba perlitas tan explícitas como “Thief”, “Flood” o “Hollow”.“Eres una perdedora y odias que yo gane (...) No te gustas a ti misma, pero tengo que agradecerte que te hayas marchado”, escribe Inflo, manifestándose a través de la voz de Cleo Sol. ¿De verdad ha acabado así un proyecto que siempre se ha construido en torno a la unidad, la colectividad, la espiritualidad, el amor y los buenos propósitos como motor para hacer del mundo un lugar mejor?
El disco, de hecho, se convierte después en una recopilación de mantras de vocación eclesial y de titulares de autoayuda que pasa del soul pastoral y cinematográfico de “Fulfil Your Spirit” o “Good Things Will Come After The Pressure” al funk psicodélico de “Protector” o al vintage espacial de “Create Your Prophecy” –Air sin los robots–, lo que lo sitúa bastante en la órbita muy orgánica de “10” y lejos de otros intentos con mayor propulsión rítmica o directamente bizarros en su propósito, como “AIR” (2022) o “AIIR” (2022). Son canciones bien plantadas, bonitas y de intenciones sencillas en su ambición progresiva, coproducidas además por primera vez por el legendario dúo formado por Jimmy Jam & Terry Lewis –tras hits de Janet y Michael Jackson, Boyz II Men, Usher, Mariah Carey o Mary J. Blige–, pero también forman el conjunto menos memorable en la extensa discografía de SAULT.
La final “Puppet” funciona como un resumen de la estructura del disco: un destello casi punk, esta vez con la voz de Melissa Young imitando el fraseo infantil y punk de la Little Simz de “Lotus”, abre rozando el terreno del diss track –“Set the prize, and now you’re bleeding me, you’re bleeding”, canta, antes de soltar un pertinente “Paid my way, I really done it”–, y después hay una letanía de buen rollo. Cuesta creerlo cuando las alusiones al dinero campan a sus anchas. Fuckin’ money, man. ∎