El camino trazado por “Antología. La mujer en el cante” desde su concepción teórica hasta su materialización fue largo y complejo. Se propuso su realización a finales de los ochenta pero no vio la luz hasta ocho años después, cuando Javier del Moral aprobó el proyecto desde su despacho en las oficinas del sello Polygram. El equipo formado por Carmen, Miguel y José Manuel Gamboa –espoleados en su momento por el crítico y escritor Ángel Álvarez Caballero, que es quien firmó las notas del libreto– manejaba la idea de grabar una serie de cantes creados por mujeres que Carmen había conocido de primera mano en su trabajo o escuchado en registros casi incunables, algunos en soporte mineral. Ella conocía bien los cantes de La Niña de los Peines, de La Trini, de La Perla de Cádiz o de La Peñaranda. Y él, que trabajaba como guionista en Televisión Española, había escrito series como “Flamenco” (1974-1978), “Ayer y hoy del flamenco” (1980-1981) o “Arte y artistas flamencos” (1989-1992) y era diestro en las labores de documentación, búsqueda y compilación.
Con el músico y productor José Manuel Gamboa habían trabajado anteriormente en “Cantaora” (Flamencos Accidentales-DRO East West, 1988) y “Canciones populares antiguas” (Auvidis, 1994), discos que conectaban –ya sea desde el método de trabajo o el diseño sonoro– con lo que se propuso en “Antología…”. La grabación del doble álbum –27 cantes, 137 minutos de registro– fue fragmentaria e implicó a 14 guitarristas de distintas generaciones y escuelas: de Vicente Amigo y Juan Carmona “El Camborio” a Paco Cepero y Perico el del Lunar, pasando por Tomatito, Rafael Riqueni o Moraíto Chico. “A Gamboa lo conocíamos muy bien, ya sabíamos, nos gustaba mucho su forma de trabajar. Y además él aportó muchas cosas en la grabación: ‘Carmen, mira esto; a ver, prueba esto’. Había guitarristas que los teníamos muy claros, que me habían acompañado, pero luego otros los sugirió José Manuel. Yo había trabajado con Paco Cortés y con Miguel Ángel Cortés. Pepe Habichuela por ejemplo toca muy bien las alegrías en una tonalidad que es su especialidad. Con él hicimos las alegrías de La Niña los Peines, y ahí toca recordando a Sabicas. O sea, es que están todos..., es que no es casualidad. Pepe Habichuela dijo: ‘Ah, ¿lo toco en el tono por medio?’. Pues sí, es que no es casual, es que sabemos que por ahí eres un fiera”.
La conversación de Carmen fluye libre de énfasis o vanidades, pero eso no le impide subrayar la intención y el propósito de cada decisión tomada en el disco. “Los guitarristas son distintos, pero tenía sentido por qué estaban ahí. Eso fue muy importante. En los cantes de La Perla de Cádiz, por ejemplo: tuve la suerte de escucharla, a otras solo las escuché en discos de pizarra, pero a la Perla la escuché, conviví con ella, hemos cantado juntas. Pues el guitarrista de La Perla era Paco Cepero y le da un punto a esos cantes de ella, así que pensamos que era Paco quien tenía que hacerlo, y vino él e iba todo sobre ruedas. Incluso le recordábamos falsetas. En ‘Antología…’ tienes la esencia de esos cantes de La Perla, pero hechos por otra persona. Con Juan Habichuela hice los cantes de su tía Marina: pues él le da el punto. Vicente Amigo alguna vez me había acompañado, pero los suyos eran cantes a los que él le sacó esa modernidad. Es un disco que está vigente”.
También pervive la amistad con los compañeros que prestaron su talento y conocimiento a la obra. Y cuando coinciden con alguno de estos queridos camaradas y recuerdan el trabajo realizado hace ahora tres decenios, solo pueden sonreír. “Sí, el otro día vimos a Vicente y lo recordamos. Le digo: ‘¿Te acuerdas cuando fuimos a ensayar?’. Fuimos al hotel Victoria, él luego tenía una grabación con Paco de Lucía y lo llevamos a casa de Paco. Y me hizo mucha gracia, porque ahí estaba Paco, con un batín: ‘Quedaros, que están haciendo unos boquerones fritos’. Y preguntaba Paco: ‘¿Qué estáis haciendo?’. Se lo expliqué, y estaba también su hermano Pepe de Lucía, que nos dijo: ‘¿Pero vas a cantar la petenera de La Niña de los Peines? ¡Que eso trae mucho bajío!’. Y le digo: ‘¡Anda ya con el bajío ahora, que yo lo voy a cantar, si la cantó La Niña de los Peines y vivió hasta no sé qué!’. Es que la guitarra pegó un salto con Paco de Lucía… Ahora encontrar a gente que no toque bien es muy difícil, te viene un niño de 20 años y hace así, empieza a tocar y dices: ‘¡Jolín qué bien!’. La técnica ya está ahí, luego hay que hacerse como artista, pero se puede desarrollar teniendo esa base”.
Con la complicidad de sus seres queridos, Carmen Linares ha articulado una carrera impresionante que, además, ha sido reconocida en tiempo real. El Premio Nacional de Música en 2001, la Medalla de las Bellas Artes en 2006, el Premio Princesa de Asturias de las Artes en 2022 o el Grammy Latino a su trayectoria en 2023 se suman a reconocimientos académicos de universidades como Berklee o Sevilla. En su discografía, además de los álbumes que ya hemos citado, encontramos joyas elaboradas junto a otros músicos –“Locura de brisa y trino” (Mercury, 2000) con Manolo Sanlúcar o “Un ramito de locura” (Mercury, 2002) con el trío de Gerardo Núñez– y discos de belleza imponente como el directo “Remembranzas” (Salobre, 2011) o su aproximación a la poesía de Miguel Hernández en “Verso a verso” (Salobre, 2018).
Cualquiera que haya tenido la suerte de verla cantar sabe que el público le profesa un cariño genuino, fruto de la devoción con que ella se entrega al oficio. Cuando su antología femenina se publicó, Carmen ya era una artista muy reputada, pero el disco fue un éxito comercial e impulsó su agenda. “Fue un antes y un después, me puso en otro sitio. Yo había grabado ya discos muy buenos y ‘Canciones populares antiguas’ también me abrió el campo de los teatros. Como ‘El amor brujo’. Cantar ‘El amor brujo’ me llevó a sitios donde es difícil entrar con flamenco jondo. La antología me dio trabajo, me abrió muchas puertas, pero sobre todo me dio prestigio como cantaora. Considero que eso fue lo más importante”.
El eco de aquel trabajo coral –en el que se convocó a prácticamente todas las estrellas de la guitarra flamenca para ejecutar una maniobra de rescate con la que nadie se había atrevido hasta entonces– ha resonado durante muchos años. Se percibe en clásicos contemporáneos como “Los Ángeles” (Universal, 2017) de Rosalía, quien incorporó a “Si tú supieras compañero” varios versos de “Toma este puñal dorao”, las cantiñas de La Mejorana, Rosa La Papera y Rosario la del Colorao con que echaba a andar “Antología. La mujer en el cante”. “No lo había escuchado, a mí Rosalía se me pasó, la conocí cuando cantaba flamenco, en el Ateneo, que hicimos una cosa allí juntas. Yo estaba haciendo de la madre de Séneca (se refiere a su participación como actriz y cantante en “Séneca”, de Antonio Gala, con dirección de Emilio Hernández, ella en el papel de Helvia) y uno de los actores de la obra me lo puso: ‘Anda, mira, escucha, Rosalía, qué bonito’. Que Rosalía cantara ‘Toma ese puñal dorao’… pues es que nunca se sabe. Igual que las canciones de Lorca luego las ha cantado mucha gente, ese disco también sirvió para eso”.