Dan Bejar, a su manera.
Dan Bejar, a su manera.

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Destroyer

“Después de 30 años es posible que haga sonar las cosas a mi manera”

Fotos: David Galloway

10.06.2025

El pasado 28 de marzo vio la luz “Dan’s Boogie”, decimocuarto álbum de Destroyer, en el que el grupo nortamericano suena más autorreferencial que nunca y sin perder un ápice de inspiración. Conversamos con Dan Bejar, el líder de la banda, sobre sus nuevas canciones y algunas cosas más.

A

unque se relaciona de forma directa al canadiense Dan Bejar con el seudónimo Destroyer como un apelativo personal, aplicar dicho alias al conjunto del grupo que forma junto a otros seis músicos, tal como hace él mismo, tiene mucho sentido, ya que, desde hace catorce años, trabaja con el mismo núcleo de colaboradores –y algún miembro más entrando y saliendo de la nómina– en el que confía ciegamente, para alcanzar ese sonido que captura el glamur del bon vivant y la sombra de esa elegancia cinematográfica de otra época. El nuevo traje para su música se materializó por vez primera en “Kaputt” (Merge, 2011), un disco inolvidable que Rockdelux ha incluido en su reciente repaso a los 400 mejores álbumes del siglo XXI. Pese a que él mismo refrenda la importancia de dicho hito, considera trabajos anteriores, por ejemplo “Your Blues” (Merge, 2004), como todavía relevantes en su modo de hacer actual.

En “Dan’s Boogie” (Merge-Popstock!, 2025), esta vez sin la percha temática de otros trabajos recientes, suena tan a sí mismo y a su banda –liderada por el también productor John Collins– que ha decidido incluir su nombre de pila en el título. Charlamos vía Zoom, él desde su casa en Vancouver, caminando con el móvil como pantalla en la mano, respondiendo concienzudamente, con amabilidad y cercanía, pero dotando de cierta teatralidad de artista a algunos fragmentos, sobre todo en la frase final de cada respuesta. Esto es lo que nos contó sobre sus nuevas canciones y su actual gira, a la que dio inicio en el festival Primavera Sound de Barcelona el pasado 7 de junio y que volverá a recalar en España en noviembre, con fechas confirmadas en San Sebastián (20), Santander (21, dentro del ciclo SON Estrella Galicia), Valencia (23) y Madrid (24).

“Dan’s Boogie”, vídeo realizado por Colette Arrand.

Para titular el nuevo álbum has utilizado tu propio nombre de pila, quizá como una especie de descripción de tu nueva música. ¿Es esta más personal que en tus anteriores discos?

Se me ocurrió el título casi accidentalmente, creo que he tenido el coraje de usarlo ahora –no se me hubiera ocurrido hacerlo hace diez o veinte años– porque me gustó la música del disco y porque creo que, más que en mis recientes álbumes, sonaba más a la música en mi corazón, al tipo de música que yo escucho en casa. Siento que las canciones son más personales, de alguna forma, mucho más personales que las de “LABYRINTHITIS” (Merge, 2022), que lo veo como un disco más impersonal, de una manera que encuentro problemática.

En la crítica del disco que publicó Rockdelux, mi colega, Juan Manuel Freire, utilizó el adjetivo destroyeriano para describir el estilo de la música del álbum. Conozco algunos fans, me incluyo, a los que no les importa tanto la forma final de tus canciones sino sentirse inundados por tu sonido. ¿Crees que has alcanzado una especie de lenguaje musical propio?

(Ríe). “Des-tro-ye-ria-no” (lo dice en castellano), se me traba la lengua (vuelve a reír). Creo que estoy de acuerdo con tu colega. Cuando acabé las canciones pensé que este era un disco, lo diré en inglés, destroyery. Hay algunos momentos que me sorprendieron, pero la mayor parte del tiempo me sentí muy cómodo, como en casa. Los miembros de la banda están más representados que en los anteriores discos, quizá la vez que más desde “Poison Season” (Merge, 2015). Y eso que “Poison Season” era un álbum de una banda tocando junta en una habitación y este, definitivamente, no lo es; es un extraño mundo sónico creado estando lejos unos de otros. Pero, volviendo a lo de destroyeriano, no sé la diferencia entre Destroyer y otras bandas, en cuanto a si un disco de, no sé, The Beatles es beatlesiano (sic) o uno de Bon Iver es…(ríe) boniveriano


“Cuando acabé las canciones pensé que este era un disco, lo diré en inglés, destroyery. Hay algunos momentos que me sorprendieron, pero la mayor parte del tiempo me sentí muy cómodo, como en casa”

Dan Bejar



Creo que el sentido es que muchas bandas, sobre todo cuando están empezando, suenan mucho a sus influencias y los grandes artistas acaban sonando a sí mismos, ¿no?

Sí. Creo que John Collins tiene un sonido muy específico que no encuentro en otros discos. Y diría que, aunque mis canciones sean buenas o malas, tengo un estilo distintivo que puedes distinguir de otros, y añadiría que, sea esto bueno o algo terrible, tengo una particular forma de cantar en la forma en que pronuncio las palabras. Prácticamente escribo las letras para mi forma de cantar. Así que después de hacer esto durante treinta años es posible que haga sonar las cosas a mi manera.

Si en discos como “LABYRINTHITIS”, “Ken” (Merge, 2017) o “Have We Met” (Merge, 2020) parecías perseguir la canción pop perfecta por medio del synthpop u otros estilos, ahora pareces haber vuelto a ese sonido más expandido, casi paisajístico, de “Kaputt”, sin ser del todo lo mismo. ¿Consideras que es así?

Sí, “LABYRINTHITIS” era un disco de sonido más aventurado, más abrasivo y agresivo, las canciones más tensas, más formales, mientras que –no quiero revelar el secreto de “Dan’s Boogie” o decir algo que ayude a la gente a odiarlo– el origen de estas canciones fue probar ejercicios al piano y buscar versos que pudiera cantar sobre ellos. No son por tanto canciones tradicionales. Imagino que podrían llamarse canciones arty que partiendo del piano luego explotan con baterías propias del rock’n’roll o líneas de bajo muy locas.

En eso que dices destaca “Hydroplaning Off The Edge Of The World”, en la que pareces haber conseguido la mezcla entre una canción pop directa y una canción elaborada e intrincada, a partir de la irrupción de la guitarra eléctrica y tu frase anunciando que se entra en una nueva fase.

Sí, para mí esa canción se diferencia de las demás. Nació de esta repetición coral en mi cabeza, y la primera mitad es una canción de pop, pero no quería hacer realmente una canción de pop al uso, sabía que necesitaba algún tipo de ruptura y no sabía a dónde me iba a llevar, así que empecé a improvisar durante los últimos dos tercios del tema. Que es algo en lo que no soy especialmente bueno, ni me gusta, creo que soy bastante tradicional y cuidadoso a la hora de componer, pero creía que aquí necesitaba otra cosa. Me sentía seguro, porque en el anterior álbum ya había hecho algo así en “June”, con un largo final en el que improvisé una especie de spoken word. Aunque he de decir que el sentimiento de “June” y de “Hydroplaning Off The Edge Of The World” es muy diferente. Donde la primera es juguetona y perversa, casi futurística, esta es más como una diatriba triste. Sabía el principio y el final que quería, pero me faltaba lo de en medio, e intuía que debía ser más personal que la forma en la que he escrito poemas en el pasado.

“Bologna” feat. Fiver. Vídeo realizado por David Galloway.

En “Bologna” el sonido es casi cinemático. Con ese glamur similar al que algunas canciones de Portishead o Massive Attack querían evocar de las bandas sonoras de Lalo Schifrin y otros compositores. ¿Tenías algo así en mente?

Cuando escribí ese tema no quería hacer una especie de canción atmosférica, sino más como una canción de Nino Rota. Sé lo que quieres decir con cinemático. Yo la visualizaba más como una canción melodramática al piano. Melodramática en el sentido del melodrama en el cine, y cuando John Collins y yo empezamos a meternos de lleno con ella tuvimos que esforzarnos, no sabíamos cómo iba a sonar. No estaba saliendo bien y hasta pensé que no entraría en el disco. Creo que aunque las torch songs son mi tipo de canción favorita, no soy un buen cantante para ese tipo de canciones. Y cuando se nos ocurrió llamar a Simone (se refiere a Simone Schmidt, conocida en el ámbito artístico por su trabajo como Fiver) y aceptó, las cosas empezaron a encajar muy rápidamente. Cuando su voz estaba grabada, Josh Wells (batería del grupo) empezó a tocar esas congas que John subió en la mezcla, y la canción empezó a sonar más atmosférica y por eso entiendo que la gente piense en la onda del trip hop, aunque en mi mente sonaba más a los The Clash de “Combat Rock” (ríe).

En la primera canción, “The Same Thing As Nothing At All”, cantas: “El orgullo llega antes que la caída / Haber amado y perdido / es lo mismo que nada en absoluto Estoy harto de recordar / Estoy harto de las mujeres perdidas”. Marca un tono pesimista, como si tratases de refutar aquello de que es mejor intentarlo que no hacer nada o lo importante es participar, no ganar.

No estoy seguro de cuál es el mensaje ahí, pero hay un mensaje.


“Cuando escribí ‘Bologna’ no quería hacer una especie de canción atmosférica, sino más como una canción de Nino Rota. Yo la visualizaba más como una canción melodramática al piano. Melodramática en el sentido del melodrama en el cine”

Dan Bejar



El estado de ánimo en varias de las canciones es un poco como el del tipo que se ha pasado todas las pantallas, con sus moratones y sus heridas, y tiene muchos más remordimientos que el personaje de “My Way”. ¿Son quizá una muestra de hartazgo con la vida?

Sí, yo creo que encajan bien en esa definición. La música de Destroyer siempre ha tenido esa especie de melancolía, quizá en el pasado de una forma académica o romántica; y actualmente, que ya estoy viejo y cansado, siento que puedo escribir desde ese lugar y que suene real. Un lugar donde te sientes distante del mundo, como que tu mundo ha sido arrasado y ya es una especie de niebla o confusión. Una especie de visión existencialista pasada de moda. No es un tema candente estos días, pero voy a tratar de traer el existencialismo de vuelta, ponerlo de moda (sonríe).

Por otra parte, tus canciones nunca parecen venir desde el fondo del pozo. Hay cierta especie de ligereza que transforma la tristeza profunda en melancolía, como si el personaje tras tus composiciones tuviera la capacidad de encajar los golpes sin besar la lona y llevara el desgaste y el desánimo con elegancia. Un poco como el Toni Servillo de “La gran belleza”, la película de Paolo Sorrentino. ¿Es algo buscado a propósito o algo que por tu personalidad no puedes evitar?

Bueno, no creo que pueda evitarlo; las canciones de “Dan’s Boogie” salieron de mí, de un lugar oscuro. Los años entre el final de “LABYRINTHITIS” y cuando empecé a trabajar en este nuevo álbum... no entraré en ello. Pero así es como me sentía entonces, creo que se puede decir que estoy fuera de allí ahora, pero no puedo evitar hacer algo cuando estoy en un lugar así. Cualquier impulso creativo que tenga puede salir de lo más profundo del túnel; tiene que haber algo de luz al final y luego puedo recordar el sentimiento y hacer algo con él. Otra cosa es que hay ciertas clases de melodías y ciertos tipos de progresiones de acordes sobre los que me gusta cantar, y esos son melancólicos, pero diría que también jubilosos. Por eso siempre ha habido esa especie de sentimiento dual entre las letras –que pueden ser bastante oscuras, nunca nihilistas, que tienen una lógica interna que asocio con un lugar cerrado– y la música, que es abierta, creando una extraña catarsis, algo así como de abrazar o ser abrazado por el mundo. Son como dos fuerzas en conflicto en el mismo espacio.

Frente a frente.
Frente a frente.


Reforzando la ligereza de la que hablaba está tu sentido del humor. Quizá los oyentes de habla no inglesa no lo pillen a la primera, pero este disco parece contener bastante. Como en “I Materialize” cuando estás cantando con emoción “nunca para, nunca para” y la canción termina abruptamente, se acaba. O algunos títulos como “The Ignoramus Of Love”. ¿Utilizas el humor para quitarle hierro a esas cosas que decías que vienen de tu lado oscuro?

Creo que tienes razón, y es posible que este disco contenga más humor que otros que he hecho. No es que sean bromas o las escriba como tal para hacer reír a la gente, pero creo que conforme me hago mayor me gusta mofarme de lo que hago y de lo que el mundo hace. Hay unos versos en la canción “Dan’s Boogie” bastante groseros, la clase de comentarios que haría un padre borracho para estropear una cena familiar. Hay mucho de esto y no sé de dónde viene. Creo que ya no me mido tanto y suelto lo que me pasa por la cabeza, como un viejo. Recuerdo cuando Scott Walker entró en esa fase, creo que después de “The Drift” (2006), y empezó a incluir bromas escatológicas en su música. Era extraño y no pegaba con la música, y quizá es algo que ocurre cuando envejeces. Te ríes de todo y abrazas cierto surrealismo.

En “Cataract Time” dejas que la pieza fluya suelta y discursiva hasta los ocho minutos. Un poco en la estela de canciones como “Bay Of Pigs” o “Suicide Demo For Kara Walker”, ambas de “Kaputt”. ¿Es una manera de dejar espacio de gozo y lucimiento a tu banda de siete miembros, que muestran su talento mientras tú das un paso al lado?

Cuando estoy en el escenario, eso es verdad. Cuando grabamos estas canciones no estábamos en la misma habitación, es una especie de música construida desde el ordenador pero a la que todos contribuimos. En el caso de “Cataract Time”, me enamoré de los arpegios de teclado que aportó John. Podía escucharlos durante mucho tiempo. El tema aporta ese groove relajado y sentí que necesitaba tanto espacio como fuera posible. Y cuando Joseph Shabason entró con el saxofón sentí que el conjunto generaba un momento Destroyer muy confortable que podía mantenerse por lo menos tres minutos después de que yo dejara de cantar. También tiene mucho que ver con la estética de John Collins, que viene del entorno de la música ambient, así que la idea de estirar las cosas y luego desplomarlas y disolverlas viene un poco de esta estética.


“Es posible que este disco contenga más humor que otros que he hecho. No es que sean bromas o las escriba como tal para hacer reír a la gente, pero creo que conforme me hago mayor me gusta mofarme de lo que hago y de lo que el mundo hace. Hay unos versos en la canción ‘Dan’s Boogie’ bastante groseros, la clase de comentarios que haría un padre borracho para estropear una cena familiar”

Dan Bejar



Por cierto, hoy en día, con muchos artistas haciendo bedroom pop en sus habitaciones, celebrando conciertos con tan solo un ordenador y un micrófono o músicos haciendo shows en solitario con una guitarra acústica, tus giras con una banda de siete músicos son casi revolucionarias. Principalmente para un artista sin el presupuesto ni el público de, por ejemplo, Bruce Springsteen. ¿Cómo lo haces posible?

Es una locura, creo que tengo que cuestionarlo. Es duro y no es fácil, pero es justo lo que me gusta. Pierdo dinero para estar en el escenario con el sonido que me gusta. Llevo catorce años con esta banda, ahora no encuentro otra forma de hacerlo, pero siento que merece la pena presentar mi versión ideal de tocar esas canciones en directo, porque en vivo las hacemos de una forma diferente a como están grabadas en el disco. Eso crea un montón de energía y me entusiasma, es una visión independiente de las canciones, les insufla vida, porque cuando tocas las mismas composiciones muchas veces puedes matarlas. Los miembros del grupo son un grupo muy específico de músicos, no es por azar que estén en la banda y por eso tienen mucha libertad para aportar lo que les venga en gana. Eso me encanta y es una parte esencial de tocar, para mí.

¿No crees que aparte de la viabilidad económica, quizá hay demasiado practicismo y poco romanticismo artístico últimamente?

Otros grupos tienen un mánager que les dice “¡no se te ocurra hacer eso!”, pero yo no tengo un mánager, así que es más divertido (ríe secamente). ∎

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