Aseguraba
Jean-Luc Godard (1930-2022) que
“el cine no es un arte que filma la vida, el cine está entre el arte y la vida”. Una frase que define perfectamente lo que desde 1955 trató de expresar con su cámara, siempre en busca de una narrativa compleja de realidades palpables. El cineasta falleció ayer a los 91 años mediante suicidio asistido en Suiza, un final acorde a su actitud vital, poco complaciente con el devenir de su tiempo y siempre aferrada a la polémica. Su obra, que tuvo un primer éxito prematuro con “Al final de la escapada” (1960), cuenta con alrededor de un centenar de títulos, muchas de ellos reseñables como “El desprecio” (1963), “Banda aparte” (1964), “Alphaville” (1965), “Pierrot, el loco” (1965), el testimonio de los Rolling Stones en “Sympathy For The Devil” (1968) o la serie documental “Historia(s) del cine” (1989-1999).
Su final representa también el de la
nouvelle vague, el movimiento más destacado del cine francés que él mismo apadrinó junto a colegas como François Truffaut, Éric Rohmer, Louis Malle, Claude Chabrol o Agnès Varda. Todos ellos y algunos más ejercieron la libertad de creación como fundamento frente a los clichés de Hollywood. La revista ‘Cahiers du cinema’, que tuvo a Godard como una de sus firmas destacadas, fue la difusora de su ideario. Se ha ido un intelectual, un artista comprometido y un gigante del Séptimo Arte al que, con su constante inconformismo, dotó de nuevas aristas. Su último largo, “El libro de imágenes” (2018), fue premiado con la Palma de Oro especial del festival de Cannes.
Hoy publicaremos un artículo que repasará y valorará su obra, trascendental en el cine del último medio siglo, y le dedicaremos el
editorial.