Con “Edelweiss”, de “Sonrisas y lágrimas” (Robert Wise, 1965), una cortesía de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein, favoritos de Bryan MacLean, lanzamos la playlist como “Alone Again Or” hizo con “Forever Changes”. Pero el sonido pulsante de Love se dio a conocer mediando “My Little Red Book”, de Burt Bacharach y Hal David, en las versiones de Manfred Mann para otra cinta, “¿Qué tal, Pussycat?” (Clive Donner, 1965), seguida de “I’ll Feel A Whole Lot Better”, una de las canciones de Gene Clark para “Mr. Tambourine Man” (1965), el primer álbum de The Byrds, cuya influencia en Love continúa vigente en su tercer disco.
La Invasión Británica tuvo mucha repercusión en el joven Arthur Lee y, por supuesto, temas orquestados como “Eleanor Rigby”. The Mothers Of Invention afilaban tanto como Love: “No soy negro pero muchas veces me gustaría decir que no soy blanco”, canta Frank Zappa en “Trouble Every Day”. The Seeds aportan otra clase de demencia latina –California fue española hasta 1821–, y en “Love Street” vivía Pam Courson: “She has wisdom and knows what to do, she has me and she has you” solo puede significar una cosa. De otro tipo era el torrente lírico de Van Morrison en “Astral Weeks”, un idiosincrático cruce entre el jazz de “Da Capo” (1966) y “Forever Changes” (1967). La alienación de Syd Barrett fue de otra naturaleza a la de Arthur Lee: su asociación postrera con Baby Lemonade no es casualidad y Julian Cope celebró entre 2016 y 2017 sendos “SydArthur Festival” rememorando sus vidas. Nick Drake compartió con Lee una gran afición por el THC, y “Hazey Jane II” por los arreglos de “Forever Changes”. Robert Plant supo amansar a la bestia Led Zeppelin con temas como “The Rain Song” sin perder un vatio de potencia.
También se alistó el post-punk de Echo & The Bunnymen –las cuerdas y el lenguaje elusivo de McCulloch–; el revivalismo singular de The Smiths –las primeras líneas de “The Boy With The Thorn In His Side” parecen hablar de Arthur Lee–; la experimentación evolutiva de Mark Hollis –otro fan rendido, como Johnny Marr– en Talk Talk; el fatalismo de Lawrence en Felt: “Maybe I should take a gun and put it to the face of everyone”; las adoraciones ácidas y erradas predicciones de Robyn Hitchcock que tanto desagradaron a Arthur Lee; la americana lisérgica de Mazzy Star –“Five String Serenade” fue uno de los momentos más radiantes en la órbita elíptica de Lee–; The High Llamas le ayudaron a preparar en 1994 un puñado de cortes con tres violines, flauta y clavecín; Belle And Sebastian rozaron sin quemarse la estrella de la muerte de “Forever Changes”, y Shack, es decir, los viejos The Pale Fountains, sintetizaron la carrera de Love en cuatro palabras.