“Queda una canción de cierre que lo más seguro sea ‘Cuando llegue el fin del mundo’, de Rocío Durcal. Es una canción muy esplendorosa con la que acabaremos el álbum, segurísimo. Es la única que nos falta”, comenta por videollamada desde Barcelona Diana María Franco Martínez. Todo este proyecto surge de contar con unas ideas muy claras desde sus inicios y de ubicarse en una postura vital firme: “A mí me encanta cumplir años. Yo tengo ganas de ser mayor. En plan de ser una señora mayor… Hay gente que tiene un alma vieja y yo me considero un poco así. Y me siento mucho más mayor de lo que soy, la verdad”, confiesa.
Es obligatorio preguntarse de dónde surge toda esta pasión musical. “Mi historia comienza de forma curiosa, porque nací en Ucrania y fui directamente a un orfanato. Mis padres adoptivos me contaron que estuve allí mis primeros cuatro años, en Dnipró. Allí nos instruyeron mucho en el tema de la poesía, el piano, en el tema de las artes. Lo que se hacía era educar artísticamente, como si ese fuera a ser nuestro alimento. Y creo que ahí, de alguna forma, comenzó mi unión al arte”, explica.
Su madre ha sido una figura fundamental en su crecimiento, “la referencia más esencial”. También en sus gustos y sus influencias mediante el equipo de música familiar. “Ya tenía una relación muy directa con mi madre y con la música, que ha ido creciendo en mi obra. Todo se ha ido retroalimentando”, matiza. Sus primeros pasos han sido determinantes y su primer tema fue una declaración de intenciones: el bolero de Carmelo Larrea “Camino verde”, en el que ya apuntaba que seguía la tradición de la música popular arraigada en una época, incorporando una visión más actualizada. Dianka estudió en el conservatorio, pero tiene influencias contemporáneas como Caroline Polachek, muy presente en este disco. “También he sido una niña Disney total. He crecido con Miley Cyrus y con todas las grandes del pop de ese momento. Pero sobre todo creo que de donde he bebido más ha sido justamente de esa época pasada. Y es ahí donde me siento más a gusto que en épocas presentes”.
Hemos escuchado una versión casi definitiva de “Cabriola” y podemos decir que la esencia y el envoltorio del álbum es muy pop, aunque también se observa mucha querencia por el folk, no solo en “Fanfarria” o en “Valstokada”: “Cristina Len, que es una artista con la que comparto muchas cosas, se ha acercado mucho al folclore. De hecho, la canción que hicimos, que se llama ‘El toro y la luna’, se mueve en torno a eso. Viendo a artistas como a Cristina me da mucho miedo apoderarme de ese sentido del folclore, porque percibo que es un arraigo hacia culturas, costumbres y músicas de ciertos lugares. Y no sé si he bebido tanto de eso como de folclóricas como Rocío Jurado, Rocío Durcal o Pepa Flores. Sé que son cosas distintas, pero si de algún folclore he bebido justamente es de esas grandes. Sí que es cierto que mi música no tiende a ese punto, pero creo que de alguna forma, sin quererlo o decirlo, también está en lo que hago”.
En su segundo álbum, Dianka se aproxima también al hyperpop. “Cuando creo, siempre lo hago junto con Pau. Es decir, esto es cosa de dos. Creo que él también es muy Dianka, somos los dos muy de Dianka. Así que siento que hay muchas influencias o sonidos, en las canciones y en los discos que vamos haciendo, que también son influencias que tiene él. Pau es un productor que tiene mucho recorrido porque hace muchísimos géneros. En ‘TOMBOLERA!’ nos gustó mucho más abrirnos. ¿Por qué hacer un género, por qué encasillarse en algo cuando puedes hacer absolutamente todo y probarlo todo? ‘TOMBOLERA!’ fue un aprendizaje y ‘Cabriola’ ya se extiende a algo más concreto y que se perfilará mucho más con el tiempo”. A Diana le gusta componer a base de “ideas supersueltas que voy cogiendo un poco al aire, solapo mucho mis experiencias con un imaginario inventado previamente”. En ‘Cabriola’ aparecen elementos y figuras tan dispares como “el Quijote, Heidi y todo lo que a mí me influenció de pequeña”.
Dianka desprende una capacidad intuitiva a la hora de buscar en su creatividad, pero considera que no solo es la intuición, sino también una señal en forma de una serie de casualidades que se le han presentado. “De momento voy recibiendo luz”, dice. Y es curioso, porque siente que está viviendo en una época que no le corresponde: “Me siento mucho mayor, quizás porque creo que tendría que haber vivido en otra época. Y también tengo la sensación de que me conecto mucho con la gente mayor, con la que tengo una afinidad o una empatía muy fuerte. Me he criado con mi abuela, que tenía esa aura”.
Reconoce que se relaciona regular con la tecnología. Sabe que es una herramienta, un medio, pero para nada puede ser entretenimiento. “A los artistas nos hace esclavos de la comunicación. Yo lo llevo muy mal porque a mí no me gusta explicar de más lo que hago en mi proyecto. Me gusta mucho cuando el matiz lo encuentras tú. Si se tiene que rizar tanto el rizo, para mí pierde magia. Se me hace difícil explicar mi creatividad en redes porque siento que me expongo. Me gusta que todo sea lo más orgánico posible”, concluye. ∎