Fcukers; viva la fiesta. Foto: Óscar García
Fcukers; viva la fiesta. Foto: Óscar García

Festival

Primavera Sound (4 de junio /y 2): jinetes en la tormenta

La lluvia y el viento marcaron el desarrollo del tramo nocturno durante el primer día grande en el Parc del Fòrum, obligando a cancelar conciertos tan esperados como los de Massive Attack, Doja Cat, Bad Gyal, Alex G o Mac DeMarco. Protegidos bajo el techo del Auditori Rockdelux, caroline y Panda Bear ofrecieron actuaciones memorables, mientras fuera también brillaron Agriculture, Fcukers y Oklou. El lunes la organización del festival explicará cómo funcionará la devolución del dinero de las entradas de la jornada.

2hollis

Si Father John Misty consiguió disipar la tromba de agua por primera vez para insuflar algo de esperanza a la primera jornada del festival con sus mantras de rock clásico, Hollis Parker hizo lo propio cuando una nueva oleada comenzó a arreciar, ya en plena madrugada y con los ánimos bastante a medias en el escenario Cupra. Como un émulo de la Generación Z del Padre Juan Místico, retirando las nubes con gestos dramáticos, 2hollis invocó el apocalipsis no a través de guitarras inflamables y soul preciso, sino a través de mamarracheo, bombos saturados, ultragraves y melodías de chicle y helio, también como una especie de versión distorsionada de Justin Bieber. Al principio fue distópico, encajando con casi todo lo que estaba sucediendo entonces en el Parc del Fòrum, pero después empezó a enfriarse como los huesos de los pocos valientes que quedaron allí presentes tras la tormenta de incertidumbre. Diego Rubio

2hollis invocó el apocalipsis. Foto: Óscar García
2hollis invocó el apocalipsis. Foto: Óscar García

Agriculture

Hay bolos en los que el espectáculo está tanto debajo como sobre el escenario. En un entorno casi apocalíptico, con el cielo cayendo sobre nuestras cabezas en forma de vendaval y aguacero, fue espectacular el headbanging, el circle pit y el pogo multicolor –por las capuchas que lucía el personal– que provocaron los angelinos Agriculture frente al escenario Port, precisamente –ya lo dice su nombre– el que más cerca queda del mar, dándole la espalda a solo unos metros. Leah B. Levinson, Kern Haug, Richard Chowenhill y Dan Meyer descargaron un torrente de black metal sin concesión alguna, ventilado con una ejecución tan anfetamínica, contundente, entusiasta y comunal como corresponde. Confieso que no llegué a ver los minutos finales de su set porque unos minutos después (teóricamente) tocaban Massive Attack en la otra esquina del recinto, y quise pillar buen sitio para cubrirlos: no hubo forma, tras dos intentonas. Y eso que en el móvil de un chico que tenía justo al lado lucía este mensaje de WhatsApp: “Lo han pospuesto, pero tocarán más tarde y será épico”. Pues no. Ojalá hubiera acertado. Carlos Pérez de Ziriza

Bofetadas de Agriculture. Foto: Rosario López
Bofetadas de Agriculture. Foto: Rosario López

caroline

Perteneciente a ese club de bandas-colectivo surgidas en el entorno universitario, caroline es también uno de los grupos que, como My New Band Believe, Blind Yeo o Black Country, New Road, han sabido asimilar las enseñanzas de The Incredible String Band llevándolas al terreno del avant-folk, el post-rock y la improvisación, sin caer en la trampa autorreferencial del indie. Vaya, ese tipo de grupo que podría tocar tanto en la Fairport’s Cropredy Convention como en el Cafe OTO londinense. Exhibieron espíritu comunitario al tocar en círculo en una magnética actuación, en la que demostraron ser capaces de pasar de la deconstrucción sonora de “U R UR ONLY ACHING” –una larga improvisación con paradas en el post-punk, el folk y el jazz– al encantador folk con Auto-Tune de “Tell me I never knew that” –la gema que grabaron con Caroline Polachek– o la entrañable experimentación con armonías vocales de "Coldplay cover". Para enmarcar. Luis Lles

caroline y el avant-folk excelso. Foto: Óscar García
caroline y el avant-folk excelso. Foto: Óscar García

Fcukers

El mundo se está yendo a la mierda, pero por suerte tenemos entidades como Fcukers para distraernos, aunque sea durante una horita. Como ya hicieron en su sonado paso por el festival el año pasado, los neoyorquinos obsequiaron una auténtica catarsis de baile –¡casi veinte canciones!— al cuantioso público que acudió a verlos en el escenario Schwarzkopf a las dos y pico de la madrugada, medio apesadumbrado por las tribulaciones de la primera jornada. Todos los ojos estuvieron puestos, cómo no, en la nueva epítome de lo cool, la cantante Shannon Wise: revoloteando, levitando, salti-danzando de un lado a otro del escenario, poniéndose y quitándose sus gafas de sol. Se reconfirmó como la encarnación más coqueta de esa energía discotequera internacional de finales de los noventa, transmitida por su voz airosa en tracas electro-house como “I Like It Like That”, “Bon Bon” o “L.U.C.K.Y”, de melodías y beats rotundos a partes iguales; o en los ritmos drum’n’bass de “Play Me”. Pero no todo fue sudor y botes: el combo también quiso demostrar su vertiente más densa y pantanosa. Las trip-hoperas “Feel The Real” y “I Don’t Wanna”, o el sabroso corte dub “TTYGF” –con las gomosas líneas de bajo de Jackson Walker Lewis pasando a un merecido primer plano–, cumplieron la necesaria función de oxigenar y rebajar un poco la temperatura. Por último, y no por ello menos importante, es preciso registrar el importante mensaje que Lewis lanzó antes de concluir el set: “Fuck Donald Trump, no more billionaires, no more wars”. Xavier Gaillard

Fcukers: baile usted. Foto: Óscar García
Fcukers: baile usted. Foto: Óscar García

Oklou

La francesa Marylou Vanina Mayniel podría haber terminado inspirando algún personaje de una película de Bruno Dumont de haberse quedado en su natal Poitiers. Pero por suerte para los aficionados a la música, su vida se despegó de su pueblo natal para emprender una fascinante carrera musical desde Londres, donde entabla contacto con algunas de las primeras espadas de la música contemporánea. Su despegue fue ese “choke enough” (2025) que presentó en un abarrotado escenario Cupra para un público entregado pese a la lluvia y las corrientes de viento que no la hacían más llevadera. En su primer parlamento frente al micro, agradeció la resistencia de un público que más tarde confesaría “creer el más numeroso de su carrera”. Su pop de mitología fantasiosa encuentra un deseado hospedaje en una producción excelsa que fue reproducida sobre el escenario barcelonés mediante puentes entre lo sintético y lo orgánico, este último construido a través de guitarra, teclados, flauta y hasta guitarra acústica. Fueron las primeras notas de “take me by the hand” las que sacudieron el frío de los presentes. Pero fue cuando liberó esos estallidos de rave en clave eurodance, y hasta mákina, hilvanados con hyperpop cuando hizo enloquecer a su público. ¿Acaso fue un concierto demasiado fiel al álbum? En este caso, y sin que sirva de precedente, bendita sea. Marc Muñoz

Oklou contra los elementos. Foto: Marina Tomàs
Oklou contra los elementos. Foto: Marina Tomàs

Overmono

En 2023, Overmono cerraron el Primavera Sound dando una lección de cultura break ante la agresión de los atronadores bombos de Charlotte de Witte, y esta vez el dúo dispuso sin embargo de toda la potencia del escenario Occident. La aprovecharon, desde luego, diluyendo subgraves a cascoporro, soltando progresiones flotantes y mercúricas y elevando siempre la intensidad a través de sus melodías más recordadas –“Is U”, “So U Know”, “Good Lies”–, que muerden como podrían hacerlo los perros que protagonizan los visuales. Pero llega un punto en el que se pierden en su emulación pistera de Bicep, recurriendo solo al subidón emocional y perdiendo por el camino la psicodelia, el trance, la abstracción, la melancolía. Como colofón, una curiosidad: pincharon “Big Dreams” de Smerz. “Think about it for a minute”. Diego Rubio

Overmono con asteroides. Foto: Òscar Giralt
Overmono con asteroides. Foto: Òscar Giralt

Panda Bear

El psych-folk de Panda Bear se convirtió en inesperado refugio climático para muchos. Algunos solo buscaban una pequeña tregua entre el chaparrón Pero seguro que más de uno encontró en el Auditori Rockdelux un confort espiritual con el despliegue del más efervescente y fiable miembro de Animal Collective. El estadounidense sigue poseyendo el don de las armonías vocales y la osadía experimental. Su pop psicodélico –que desplegó en combo de cinco miembros: teclados, batería, guitarra y bajo– transitó por múltiples llanuras y no siempre por las más previsibles. Le encanta seguir trazando tirabuzones, ritmos en loop, alaridos modulados por reverb y percusiones enfermizas. Pero en la gran mayoría de ocasiones lo hizo sin perder esa guía melódica y, especialmente, el excelente tino con las armonías vocales, que convierten su propuesta en apta para un público más allá del nicho. En el fondo, y en eso el escenario resultó un trampolín modélico, resolvió la tarea con atmósferas dispares que se instalaron en el ambiente. Pudo invocar tanto a unos Pink Floyd conjurados para componer una banda sonora giallo como, en otra estrofa, remitir a The Kinks tras una ingesta de ponche lisérgico. Hubo incluso hasta alguna aproximación –tímida, eso sí– al country y al rockabilly. Fueron movimientos dirigidos siempre por la singular imaginación de su principal artífice, capacitado para resolver estructuras enmarañadas y complejas con una meritoria claridad sonora. Su pop caleidoscopio cada vez es más omnívoro y expansivo. Y el resultado fue abrumador. Uno de los grandes triunfadores de esta jornada pasada por agua. Marc Muñoz

Ciclón melódico con Panda Bear. Foto: Marina Tomàs
Ciclón melódico con Panda Bear. Foto: Marina Tomàs

Skullcrusher

En su estreno en el festival, la cantautora estadounidense fue víctima por partida doble. Primero, por su desafortunada colocación en el escenario exterior Schwarzkopf. Y segundo, por la todavía más desafortunada irrupción de la lluvia más funesta y estrepitosa de la jornada, ya fuera en forma de repiqueteo sobre paraguas o en torrentes cayendo sobre el público desde la carpa superior. Tampoco ayudó que este fuera el primer concierto que impartía acompañándose de una amiga a la flauta travesera y una pequeña mesa de mezclas. La joven compositora, vestida de prístino blanco, interpretó diversas canciones de “And Your Song Is Like A Circle” (2025), incluso recuperando algún tema antiguo como “Steps”, que, según dijo, nunca había tocado en directo. Intentó tomarse las adversidades con filosofía, incluso rememorando una pesadilla en la que asistía a un bolo de Yo La Tengo y un diluvio inundaba el recinto. Desgraciadamente, las circunstancias ambientales lucharon en contra de su etérea voz susurrada, la naturaleza frágil de sus composiciones y el carácter letárgico de sus rasgueos de guitarra; tendrá que regresar en mejores condiciones para que podamos valorar adecuadamente su propuesta. Xavier Gaillard

Skullcrusher, etérea. Foto: Rosario López
Skullcrusher, etérea. Foto: Rosario López

TV Girl

El elegante Brad Petering –exudando carisma en sus paseíllos micrófono en mano, y deteniéndose de vez en cuando a trapichear con su micro Roland– nos guió a través de un colorido repertorio de greatest hits del grupo angelino. Cayeron las rotundas “Lovers Rock” y “Birds Don't Sing”, ambas con estribillos bailados y coreados a pleno pulmón por el público. También disfrutamos de la sofisticación lounge-pop de “Blue Hair” y “Louise”, con esos pegajosos pam-pam-pam. O la nostalgia doo-woop de “Hate Yourself” e “It Evaporates”. Curiosamente, interpretaban la onírica “The Blonde” –que contiene estos versos: “Cause anyone who ever had a brain / wouldn’t stand out in the rain”– cuando arrancó un nuevo chaparrón. Petering dedicó un par de minutos a homenajear a “aquellos que perdimos hoy”, refiriéndose a los artistas cancelados por la violenta meteorología. Y celebró la cultura skater de Barcelona, que por lo visto fue su primera conexión con la ciudad. Aunque la mezcla de sonido del Occident pecó de tosca, dando un protagonismo extraño a los graves, la profesionalidad del cuarteto, la entrega de los fans y el buen rollo del cantante solventaron la situación. Y si bien el último tercio del recital lo pasamos en remojo, nos dejó una memorable estampa: Petering bailando claqué bajo la lluvia en la coda de “Loving Machine”, emulando a quien probablemente sea uno de sus héroes, Gene Kelly. Xavier Gaillard

TV Girl: carisma angelino. Foto: Óscar García
TV Girl: carisma angelino. Foto: Óscar García

VVV [Trippin’you]

No estaban ya los ánimos muy festivos para cuando VVV [Trippin’you] asaltaron el escenario Port, así que los madrileños hicieron un poco lo suyo y un poco lo que pudieron: poco reivindicativos y más bien muy musicalmente funcionales –o lo que es lo mismo: a callar y a tocar, que ya tenía la peña suficiente drama y humedad encima–, desplegaron su distopía rave punk entre sintetizadores asfixiantes, bajos motórikos, mucha reverb y gritos de rabia, desesperación, esperanza, auxilio, ante un público pequeño pero entregado y algún que otro guiri bastante perdido. Muchos de ellos –también muchos de nosotros; no nos vamos a engañar– no supieron anoche donde meterse. Diego Rubio

VVV [Trippin’you], distopía con chaparrón. Foto: Óscar García
VVV [Trippin’you], distopía con chaparrón. Foto: Óscar García
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