Ayer Squarepusher anunció el que será su decimocuarto trabajo, “Kammerkonzert” –disponible el 10 de abril vía Warp– con una “K2 Central” que marca un sutil cambio de dirección en la prolífica y dilatada carrera del productor británico. No es, en cualquier caso, una gran revolución de su sonido o un giro sorprendente, más bien una evolución natural que quizá se ha hecho esperar demasiado tiempo: a lo largo de más de tres décadas, Squarepusher, de nombre real Tom Jenkinson, ha buscado una naturaleza orgánica en el diseño sonoro de la cultura breakbeat, reivindicando la presencia del bajo eléctrico en un ecosistema de bajos sintéticos y digitales –el UK bass– y la intervención directa de los instrumentos. Ahora, y por primera vez, aplica esa lógica desde el extremo más académico y camerístico y además en un formato de banda: el propio título del disco apunta a un “concierto de cámara”, y pese a que en este primer adelanto el fondo lo aporta una sutil programación electrónica y un colchón de sintetizadores de aires kosmische, todo el peso motriz recae en la interacción del bajo, las percusiones y los vientos ejecutados en vivo, a la manera de una agrupación jazz.
Ya había antecedentes, en cualquier caso, de este enfoque en el catálogo de Squarepusher, que junto a Shackleton fue uno de los grandes representantes de la primera IDM en el que podían leerse influencias evidentes del broken beat berlinés y esa vertiente más jazz y psicodélica de los ritmos rotos. En 2007 estuvo girando el espectáculo “Solo Electric Bass”, una revisión desnuda y análogica de su repertorio con el acompañamiento del gran saxofonista Evan Parker (Spontaneous Music Ensemble, John Zorn, Alvin Curran, Alexander von Schlippenbach, Scott Walker, David Sylvian), que tal vez es con lo que más se había acercado a la academia hasta ahora. Y a partir de 2010 montó un simulacro de banda, Shobaleader One, con la que giró por fin al frente de un quinteto pero yendo en dirección completamente opuesta, hacia un electro melancólico y popero que quedaba en algún punto entre Jamiroquai y Daft Punk. Pero con “Kammerkonzert” podemos hablar, por primera vez, de una especie de Squarepusher Quintet: una banda, con sus dinámicas propias y su protagonismo compartido, con la que acercarse a la idea de concierto de cámara y en la que poder dar rienda suelta a su pasión por el jazz desde un prisma académico.
No es, por tanto, y al menos a tenor de lo visto y escuchado en este primer sencillo, un ejercicio de hibridación entre jungle y jazz como el “Under Tangled Silence” (2025) de Djrum, mucho más centrado en el laptop que en la interpretación de los instrumentos. Ni un despliegue de jazz radical y ruidista como los que le hemos visto a Vladislav Delay junto a Mika Vainio, Lucio Capece, Derek Shirle o Moritz von Oswald. Es, sobre todo, una actualización refrescante, jazzística, suave y orgánica del sonido con el que cualquier iniciado puede fácilmente identificar al productor. Un viaje efervescente guiado por el bajo en dirección a una nueva dimensión. ∎