“Crecí, y el descaro lo aprendí / por ahí por Barcelona”. Este aparentemente confesional verso de Rosalía en su tema “Reliquia” ha sugerido a Maricel Chavarría (Tortosa, 1967) el título de su reciente libro a propósito de la de Sant Esteve de Sesrovires, convertida ya en una incuestionable artista global. Bajo el título de “Rosalía, por ahí por Barcelona…”, Chavarría nos ofrece un breve y estimulante fresco alrededor de la figura de una Rosalía determinada, desde muy joven, a comerse el mundo, exprimiendo en esencia su enorme talento artístico, pero también las oportunidades que le brindaba la capital catalana. Doble compás, pues, en esta obra reveladora, un vívido reportaje que retrata con solvencia artista y contexto. Un libro que, leído entre líneas, habla tanto de ella como de nosotros.
La protagonista ha declinado, como tiene por norma, intervenir en el libro, un relato servido en una docena de capítulos que su autora –periodista cultural del diario ‘La Vanguardia’– ha pergeñado apoyándose en los testimonios de más de dos decenas de fuentes relacionadas de un modo u otro con Rosalía. Es el caso de Raül Refree o Marco Mezquida. También el de Juan Gómez “Chicuelo”, que en su momento no accedió a grabar un disco de flamenco con ella, lo que de algún modo fue providencial para que más adelante hiciera “Los Ángeles” (2017) con Refree. Además intervienen su profesor de cante flamenco Chiqui de la Línea, Lluís Cabrera del Taller de Músics o Núria Sempere, de la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC).
El libro nos retrata, entre más prismas, a una Rosalía que ya en sus años de formación llamaba la atención por su determinación y claridad de ideas. Una noble ambición que la llevó a interesarse por temas no estrictamente artísticos, pero esenciales para labrarse una buena carrera como, en palabras de la profesora Sempere, “la cuestión, nada baladí de la identidad profesional, aquello que te hace distinta (...). También la del relato que construyes sobre lo que haces como artista”. Lo que muy probablemente otros estudiantes veían como un aspecto secundario no fue juzgado así por ella. He ahí otra de las claves más certeras que nos proporciona este retrato.
Rosalía tuvo siempre una mirada amplia sobre su carrera antes de triunfar en grandes recintos y conquistar una audiencia internacional. Solo a ella corresponde el mérito de lo logrado y todo lo que está por venir. Pero, sin desmerecer esto, y sin caer en limitantes autocomplacencias, el libro nos pone también sobre la pista de la ciudad que la ha acompañado en este camino, desde el entrañable bar Pastís al Palau Sant Jordi, al Sónar o al Primavera Sound. La ciudad de Carmen Amaya, la que tanto amaba Enrique Morente, la que bailó sobre embrujados ojos mestizos y, aun antes, vibró con pulso laietano, es un pósito ineludible a la hora de comprender en todos sus aspectos este fenómeno. ∎