Álbum

Dijon

BabyWarner, 2025

Quizá por estos lares pasó algo desapercibido “Absolutely” (2021), álbum de debut de Dijon, músico de Baltimore afincado en Los Ángeles, y es una pena, porque fue una brillante puesta de largo. Apoyado, en formato banda, por Michael Gordon –conocido en solitario como Mk.gee, que se estrenó el año pasado con el LP “Two Star & The Dream Police”– y los productores y músicos Andrew Sarlo y Henry Kwapis. Se le comparó en aquel trabajo, por el sonido orgánico y con groove, con la estilosa escuadra de los Soulquarians, a saber: The Roots, D’Angelo, Common, etc. Y es que el sonido respiraba, con espacio para todos los instrumentos, que sonaban reales y con una dinámica como de jam session, tal como mostraba un largo vídeo en directo en su estudio casero, con los músicos compenetrados y relajados, con caras de visible gozo.

Para su segundo álbum, lejos de ofrecer una prolongación de su primera encarnación –lo cual sería comprensible dado que ha grabado con el mismo equipo–, ha dado con un sonido distinto, a base de trabajar más la producción, jugando con los instrumentos reales, filtrándolos, desfigurándolos o devolviéndoles su sonido habitual, añadiendo samples, colchones de teclado, reverb y repeticiones que lo alejan del citado sonido Soulquarians para acercarlo, entre otras cosas, al de Prince de los ochenta, brillantemente actualizado con aportes de las producciones R&B más osadas de las últimas décadas. Es imposible no referirse repetidamente al genio de Minneapolis, en su versión menos funky y más romántica y llena de soul. Desde algunas inflexiones vocales, como esos arranques de rabia dentro de la dulzura con que Dijon corona muchas de sus canciones, hasta algunos ritmos. El patrón inicial de “HIGHER!” retrotrae a la hipnótica cadencia de “If I Was Your Girlfriend” de “Sign ‘O’ The Times” (1987). Pero Dijon no se queda con una única carta, empapado no solo del devenir de la música negra más melódica de las últimas décadas, de Frank Ocean a Steve Lacy –desde la titular “Baby!”, un “cómo conocí a vuestra madre” dedicado a su recién nacido hijo–, sino de otras músicas, como ese delicado pop de dormitorio, no tan lejano del que aquí practica rusowsky (la tierna “loyal & marie” sería una muestra).

Tampoco habría que obviar el eco de sus dos colaboraciones en estelares lanzamientos del año. Por una parte la composición y/o producción de cuatro temas de “SWAG”, el nuevo disco de Justin Bieber. Antes de que nadie arquee las cejas, que escuche “Yamaha”, lo más parecido a un hit radiable del presente lote, y en el que da muestras de su destreza para componer pegadizos estribillos R&B. Más versátil de lo que pueda parecer, ha participado también en “SABLE, fABLE”, lo último de Bon Iver, colaborando en “Day One”, un tema que no desentonaría en este “Baby”. La huella del cantautor de Wisconsin se nota en otros momentos del álbum, como en un “Rewind” con esa marcada intensidad emocional y la combinación de guitarras eléctricas –también deliciosas, por cierto, en el cierre “Kindalove”– con todo tipo de filtros electrónicos. El anteriormente citado álbum de su socio Mk.gee, una evocación idealizada de ese pop de raíz R&B de los años ochenta, también tiene su cabida en las formas y en canciones aspirantes al Top 40 como “Another Baby!” o “Automatic”.

Con todo, Dijon nunca pierde de cara la emoción, con su expresiva voz en el centro de todo y, pese a jugar con sonidos que en otros artistas alcanzan la perfección sonora, él prefiere sacarse media camisa por fuera y despeinarse, revolcando la potencial pulcritud en la arena de todos esos sonidos que, en oídos no habituados, suenan a imperfecciones. Él consigue integrarlos como un aliño que resalta la belleza y la dulzura de la música que tiene entre manos. Eso sí, para evitar disgustos, quizá haya que advertir de las contraindicaciones: a todos aquellos que no soportan el dulce, escuchar “Baby” de cabo a rabo podría producirles una severa hiperglucemia. A los demás, a disfrutarlo en bucle. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados