Álbum

Sr. Chinarro

El año de la peraEclipse Melodies, 2026

Mientras Antonio Luque da los últimos toques al nuevo disco de Sr. Chinarro, previsto para finales de año, y con “David”, su último EP con cinco adaptaciones al castellano de David Berman (Purple Mountains y Silver Jews) aún humeantes, el sevillano nos sirve un segundo entremés, en este caso largo, de versiones propias y con título de postre del tiempo que no deben buscar en las plataformas digitales por decisión del autor para favorecer a la industria musical tradicional. El álbum puede comprarse en la web de Sr. Chinarro en formato CD y LP.

Excepciones a la exclusión han sido los tres singles de adelanto: la briosa “El idilio”, procedente del álbum “Noséqué-Nosécuántos” (1998), que conserva la voz renovada de Sandra Rubio añadiendo a J de Los Planetas en mimética sustitución de Luque y una nueva luz que la acerca aún más al caudal narrativo de unos Belle & Sebastian; el hit “Quiromántico”, de “El porqué de mis peinados” (1997), donde su antigua sombra gótica permanece con un sonido mucho más claro y el oportuno aditamento de un sinte tecleado por Rubio, y “Sal de la tarta”, de “Compito” (1996), que también goza de un dinamismo remozado respecto a la toma original.

“El año de la pera” se centra en la era dorada del indie nacional, la anterior al dos mil, revisando temas de los álbumes señalados además de “Sr. Chinarro” (1994), su disco producido por Kramer –Jad Fair, Galaxie 500, Daniel Johnston–, del que han salido “Mi caracola loca” y “Bye Bye” ganando color en la misma tónica refrescante y manifiestamente luminosa. Tendríamos que entrar en la década siguiente para que esta revista decidiera votar a dos LPs consecutivos de Sr. Chinarro como “mejor disco nacional del año”, “El fuego amigo” (2005) y “El mundo según” (2006), ya fuera de Acuarela, récord solo igualado por Rosalía con “Los Ángeles” (2017) y “El mal querer” (2018). Este disco interino no puede aspirar a tales honores, pero sus viejas canciones se escuchan con interés renovado y lo integran consistentemente superando así el peligro de autocomplacencia que suele atenazar este tipo de maniobras dilatorias. Tal vez su próximo álbum sonará parecido.

Lógicamente, la secuenciación que ha elegido Antonio Luque no es cronológica. Como atemporales son los doce temas de indie en español con enjundia poética de “El año de la pera” en cuyo patchwork también se encuentran engarzados retales de vida pasada como “Su mapamundi, gracias”, del single “Lerele” (1995) –también en “Compito”–, y “Desilusión”, la primera canción del primer disco de Sr. Chinarro, “Pequeño circo E.P.” (1993) –antes rescatada en la recopilación “Despídete del lago. Las rarezas de Antonio Luque 1993-2001” (2001)–, con la que el álbum cierra su propio círculo.

El enfoque dominante ha sido el de conservar la estructura original de los temas regrabándolos en acústico desenchufado. El efecto es una ventilación del barniz de los años sin permitir que los duendes se escapen por la ventana ni la reforma afecte a la magia enigmática de aquellas palabras de acento secular y exégesis potencialmente inagotable. Por hacernos con una idea más exacta, “El día de la pera” ha contado con Antonio Luque (voz, guitarra flamenca), Alfonso López (bajos de caja), Isra Diezma (guitarra eléctrica), Juande Jiménez (tambores, escobillas y hot rods) y la precitada, felizmente recuperada y fundamental en la restauración sonora de buena parte de los cortes Sandra Rubio (voz, sintetizador analógico). De estos mimbres intangibles salen del contenedor del tiempo también en beneficio la torrencial “Puentes de plata”, una de las mejores piezas del repertorio revisitado con “Informe para un barco vikingo” –ambas de “Noséqué-Nosécuántos”–, un recuerdo abigarrado de iconografía a los bárbaros que atracaron por bulerías en Sevilla para embriagarse de rebujito –aunque sea Caronte quien toma un trago en el horizonte”–, “Ouija” y “Estrenos T.V.” –cogidas de “El porqué de mis peinados”– y “Papá matemáticas” –de “Compito”–, éxitos menores –o mayores aunque solo sea por la edad– de una carrera sin signos de recesión a pesar de todo. ∎

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