La productividad de The Mountain Goats es tan descabellada que antes de ponerse a reseñar es mejor mirar de reojo su discografía no sea que haya salido un disco nuevo en el ínterin, objetos habituales con portadas maravillosas, un detalle que no se puede pasar por alto. Pero no discos cualquiera, sino álbumes conceptuales con canciones estupendas como los aún recientes “Dark In Here” (2021), “Bleed Out” (2022) o “Through This Fire Across From Peter Balkan” (2025). El arma secreta para regurgitar los esquemas clásicos del pop-rock de autor sin que nos invada a todos una pereza cósmica adopta aquí la forma del genio efervescente de John Darnielle, líder, vocalista y compositor del veterano proyecto californiano, un hombre esponja capaz de saltar del power pop al country-rock, de la ópera rock al folk acústico, del jazz al pop de cámara sin perder en el camino la singularidad.
“Days” es el vigesimocuarto álbum de una banda absolutamente on fire cuyo núcleo duro está integrado por Matt Douglas –guitarra, teclado, vientos– y Jon Wurster –percusiones–, a quienes sumamos la repetidora Mikaela Davis –su arpa suena en temas como “Going To Fennario”–, Rob Jost –bajo, trompa– o la colaboración especial de Janis Siegel, un cuarto de los míticos The Manhattan Transfer, entre otros, todos bajo el liderazgo de Darnielle y la producción de John Congleton. Compuesto por doce temas que podría haber firmado, no sé, Jackson Browne en su mejor momento, el espectacular sonido de “Days” tiene un punto mainstream americano y setentero bien tamizado de elementos más contemporáneos. Sus melodías, fraseos, arreglos soul y una narratividad que habla de las cosas concretas inyectan optimismo en vena, también cierta realidad obsesiva. Un buen ejemplo sería la citada “Going To Fennario”, lugar mítico de la tradición folk anglosajona, una especie de Arcadia feliz pero también destino final y clara referencia al “Peggy-O” de Grateful Dead –Bob Weir falleció en enero de este año–. El baile de “Days” es alegre pero preparatorio para ese horizonte inevitable.
“Days” es un diario íntimo/colección de canciones torrente –con excepciones como “Woodstock ‘99”–, protagonizadas por personajes recónditos e inesperados como “Annie Haslam Imperial Phase” –la cantante angelical, poseedora de cinco octavas, del grupo inglés de rock progresivo Renaissance–, “Crying On Eddie Nash’s Grave” –un gánster vengativo de Los Ángeles encarcelado por instigar una infame masacre en Laurel Canyon–, “Hidden Majesty Of Later Venom Albums” –pioneros del black metal satánico–, “Charlie Sheen Reaches Out To The Feds” –la estrella de “Dos hombres y medio” y un tema que suena entre Orange Juice y The Cars–, “Song For Layne Stanley” –el cantante de Alice In Chains, fuera de juego en 2002 víctima de un speedball fatal–, “Candlebox” –nombre de la banda de Seattle con la que finalmente han llegado a girar The Mountain Goats cumpliendo el propio guion de la canción, tema que cuenta con un feliz arreglo de fuzz guitar, ya saben, a lo Tony Peluso–. Todos ellos circulan por “Days” sin aparente justificación ni subtexto, afirmativamente, como parece sugerir la vitalista “Best Hard Rock Albums 2013”.
Sheen asoma por la afición de Darnielle a las películas de terror. Se cuenta que el actor llamó espantado a los federales convencido de que lo peor de “Guinea Pig 2. Flower Of Flesh And Blood” (Hideshi Hino, 1985) era real. “Days” fue grabado en los estudios neoyorquinos Sear Sound que dirige Roberta Findlay, directora de la cinta seminal del género, “Snuff” (1975). Otro leitmotiv del disco es el mito de Orfeo, su relación con el pasado, la memoria y la muerte, corriente continua de “Days”, el tiempo y nuestra innata propensión para elegir, redimir y reconstruir los recuerdos. Todas sus canciones rememoran alguno, como la canción homónima. “¿Sabes lo cortos que son los días?”, dice su letra, que también hace un guiño a Syd Barrett y “Candy And A Currant Bun”. No sabemos cuántos días nos quedan, así que ¿por qué no salir a comprar caramelos? El mensaje de “Days” no es tétrico sino realista, sarcástico –“Swallow Grave” recuerda al rock trotón de Jim Croce–, bastante melancólico, positivo como el estribillo de la conclusiva “Last Day” –“Ten un buen pensamiento y no dejes a nadie atrás”–, y esperanzador –“Serás totalmente libre, eso está garantizado”–. Puede que John Darnielle lleve razón con las golosinas. ∎