En su décimo álbum, The New Pornographers reinciden en los mismos planteamientos de “Continue As A Guest” (2023). Todas las canciones fueron compuestas desde el esqueleto por Carl Newman, y después terminó de darles forma junto al resto de un grupo del que ya solo quedan tres de sus miembros originales (John Collins, Neko Case y el propio Newman). Como el anterior, y para descontento de lxs seguidrxs que adoraban su canciones más vívidas y aceleradas sobre todas las cosas, es un disco de tono introspectivo y melancólico, muy bien definido por esa figura cabizbaja que aparece en la portada.
Si su trabajo anterior había sido muy inspirado por el Covid, este ha venido lastrado por un suceso irónico y horrible: la detención de su exbatería, Joe Seiders, por posesión de pornografía infantil. Newman llegó a plantearse incluso el cambio del nombre del grupo por culpa de ello, aunque finalmente debió de pensar que podía ser un suicidio comercial que tirase por tierra el legado construido a lo largo de más de un cuarto de siglo. En realidad, las canciones ya estaban compuestas y grabadas antes de que esto sucediera, pero el líder de la banda decidió borrar las partes de batería y volverlas a registrar con el prestigioso Charley Drayton.
La buena noticia es que se trata de un trabajo mucho más inspirado que su predecesor. No solo eso, diría que es uno de los mejores y más emocionantes de su trayectoria. El tono es bastante unitario e, incluso, la presencia de Newman es más predominante. Que, por primera vez, no ceda la voz solista a Neko Case en ninguno de los temas no parece tanto un ejercicio de ego como una estrategia para establecer una narrativa común entre las diez canciones. Estas nacieron como relatos cortos protagonizados por diferentes personajes en situaciones desoladas, ya sea por motivos personales o sociales. Eso sí, las contribuciones tanto de Case como de Kathryn Calder en la segunda voz son siempre estupendas, aumentando el pulso emocional de las canciones.
Destacaría dos de ellas de entre las demás: el corte 1 (“Great Princess Story”) y el 9 (“Bonus Mai Tais”), cuyo arranque es tan poético como impactante: “The sidereal doo-wop of the rain / On the skylight, yeah, it played / First time I’d seen you since when / The cancer nearly did you in”. Con unas cuantas pinceladas, Newman –quien ha afinado su escritura hasta encontrar un lugar donde lo inteligible confluye con misterios algo más preservados– evoca la hermosa crónica de una amistad, que incluso se permite reivindicar a Thompson Twins como los autores de una de las canciones favoritas de los protagonistas.
“Pure Sticker Shock”, con una tonalidad algo más electrónica, reflexiona sobre un tema que tan importante se veía antaño y que ahora parece olvidado: los peligros de venderse. “In a pure sticker shock at my price cut by half / You say I look happy and I start to laugh / You see the problem I have / The heart is always here, you forget it’s beating / Like a gift that you didn’t remember giving”, canta en un tema más conciso en su lírica. “First comes love / then comes pity” son las palabras que más me gustan de “Ballad Of The Last Payphone”, que habla precisamente de lo que dice el título, y es una elegía sobre las cosas que se quedan obsoletas por culpa de los avances tecnológicos.
La más apesadumbrada de todas es “Wish You Could See Me I’m Killing It”. Comienza con un personaje detenido ante una floristería, hablando a una persona ausente, hasta que posteriormente se sugiere que va a comprar flores para su entierro. Tras el momento de la revelación, aparece una estrofa que lleva el desencanto hacia cierto rictus entre cómico y desesperado: “There’s lavender, delphinium / The filler that plays with the space / Can’t all be roses, can’t all be lilies, no / No, where is the art, for God’s sake?”. Supongo que, para aligerar, la banda sitúa justo después “Votive”, que comienza como balada hasta cambiar de ritmo y terminar por ser un poco más cercana a los New Pornographers del pasado. “The Former Site Of” es el tema que cierra el álbum, y el que adquiere el tono más crepuscular y pausado. A lo largo de seis minutos y medio, se narra desde el punto de vista de un párroco en el tejado de una iglesia en un país inundado, y que se niega a marcharse mientras ve a otras personas huyendo en barcos. En la misma se incluyen también guiños a otras de las canciones, como si todos los personajes del disco se fuesen del mundo que conocíamos a bordo de esas naves. Y concluye repitiendo una y otra vez estas palabras, que bien podrían situar al protagonista como trasunto del autor: “All of them shadows / that reminded me of mine”. ∎