Siete años dan para mucho y para nada. Para James Graham (Kilsyth, 1984) han dado para lo peor: en enero de 2024 murió su madre tras años con diagnóstico de demencia frontotemporal de inicio precoz. The Twilight Sad, reducido ya al dúo fundacional de Graham y el guitarrista y productor Andy MacFarlane, metió esa experiencia entera en un disco. La otra opción, supongo, era no hacer ninguno.
“IT'S THE LONG GOODBYE” es el sexto álbum del dúo escocés y probablemente el que cierra definitivamente la discusión sobre qué lugar ocupa en la genealogía del post-punk de las islas. Desde “Fourteen Autumns & Fifteen Winters” (2007) hasta “It Won/T Be Like This All The Time” (2019), Graham y MacFarlane han ido afinando un lenguaje que le debe a partes iguales al sonido de las guitarras escocesas de los ochenta y a cierto maximalismo emocional que en sus mejores momentos recuerda a My Bloody Valentine con menos distorsión y más filo. Aquí ese lenguaje llega a un punto de ebullición que nadie había alcanzado antes en su obra.
El disco se grabó en Battery Studio, Londres, con una nómina que habla de su familia afectiva: David Jeans, de Arab Strap, a la batería; Alex Mackay, miembro en vivo de Mogwai, al bajo. Y Robert Smith (The Cure), que contribuye con guitarra en “WAITING FOR THE PHONE CALL”, guitarras y Mellotron en “DEAD FLOWERS”, y bajo Fender de seis cuerdas en “BACK TO FOURTEEN”. Smith publicó “Songs Of A Lost World” (2024), otro disco construido sobre la pérdida. Que aparezca aquí no es un adorno de nombre en el crédito: es que nadie más vivo tiene su capacidad para convertir el duelo en arquitectura sonora reconocible a tres compases.
MacFarlane produce y el resultado es el más brutal de su carrera sin ser el más oscuro: las guitarras aplastan, los sintetizadores dejan entrar la luz justa, el acento escocés de Graham –siempre más herramienta que adorno– encuentra en “DESIGNED TO LOSE” y en “CHEST WOUND TO THE CHEST” la distancia exacta entre lo que se puede nombrar y lo que no. El disco abre con “GET AWAY FROM IT ALL” y una frase que resuena durante los cuarenta y ocho minutos siguientes: el lento proceso de ver marcharse a alguien. Que Graham también se convirtiera en padre durante ese mismo período no aparece mencionado en las críticas tanto como debería: este disco es, al mismo tiempo, un funeral y un nacimiento, y MacFarlane tiene la decencia de no subrayarlo. ∎