Vanidades con fundamento. Foto: Igor Pjörrt
Vanidades con fundamento. Foto: Igor Pjörrt

Entrevista

A Malibu no le importa lo que tú sientas, pero te va a hacer sentir cosas…

La compositora, DJ y productora francesa –¡también actriz de doblaje en películas de dibujos animados!– regresará a España en abril para actuar en Barcelona (14) y Madrid (15). Todo ello unas cuantas semanas antes de su concierto en Primavera Sound Barcelona, programado para el 4 de junio.

Barbara Braccini (Pau, 1994) viene a España con el objetivo de presentar “Vanities” (YEAR0001, 2025), el primer álbum “auténtico” de Malibu, publicado el pasado mes de octubre. Lo defino así porque son trece composiciones de casi cincuenta minutos de duración total, y lo sorprendente es que sea su primer largo después de una década de trayectoria como compositora.

A su nombre encontramos, eso sí, varios EPs anteriores: “One Life” (Joyful Noise, 2019), “Palaces of Pity” (UNO NYC, 2022) y “La fille qui explose” (Autoeditado, 2024). Este último es la banda sonora de un cortometraje de animación creado por Caroline Poggi y Jonathan Vinel. Pero estos trabajos se limitaban a cuatro o cinco piezas, sin llegar en ningún caso a la media hora. También cuenta en su discografía con varias obras sueltas, elaboradas en algún caso en colaboración con músicos variados, desde el dúo neoyorquino ESP a la francesa Oklou (a quien ha teloneado), pasando por la cantante y compositora sueca Kristina Florell, conocida también como Merely, con quien grabó otro disco completo, el álbum compartido “essential mixtape” (YEAR0001, 2024) a nombre de merely+malibu. En cualquier caso, se trata de una sucesión de composiciones de ambient y electrónica etérea bastante homogéneas, cercanas en resultados sonoros tanto a la música new age de los años ochenta como a la música de inspiración ecologista del estadounidense John Luther Adams, ya en este siglo.

“Spicy City”, vídeo dirigido por Igor Pjörrt.

Fue la también estadounidense Julianna Barwick quien propició su despegue, cuando descubrió su música a través de una publicación en Instagram de un amigo suyo en la que había incluido alguna de las piezas iniciales de Malibu. El 1 de octubre de 2019, la propia Barwick publicó un texto en su cuenta de Instagram en la que se extendía en parabienes sobre su música, resumidos en una simple frase: “Esta es, quizá, la música más bella que jamás haya escuchado”. Y anunciaba su fichaje para la serie White Label del sello Joyful Noise: grabaciones propuestas por artistas reconocidos. Barwick era la que amadrinaba a Malibu mostrando la portada del EP “One Life”, con cinco temas entre los que figura “Tilting On Windmills”, su primera grabación autopublicada. Posteriormente, Barwick se la llevaría de gira como telonera.

Antes de ese inesperado apoyo, Barbara Braccini había comenzado a programar música en la emisora londinense en línea Radar Radio, desaparecida en 2018. Poco después, en julio de 2020, dio el salto a NTS, la popular cadena británica online de programas de nicho, con un programa mensual titulado ‘United In Flames’. En realidad, pinchar o componer son formas igual de importantes y valiosas para ella a la hora de expresarse musicalmente. Barbara también es DJ en clubes –tiene varios alias para estas funciones: DJ Lost Boy, Belmont Girl o Malibu Surf– y no distingue entre todas estas funciones. “Cuando hago el programa de radio o cuando hago sesiones de DJ considero que lo que estoy haciendo es componer con cosas que ya existen”, explica por videollamada. “En realidad, no compones como tal: es más bien seleccionar elementos, hacer una mezcla. Elegir piezas me permite no partir de una página en blanco para contar una historia. Hacer un mix de radio es muy divertido y sencillo, aunque también tengo que ser muy creativa porque, aunque la mayoría de lo que escucho son temas de baile, no quiero hacer un mix de baile y, de repente, aíslo quizá cinco segundos sin batería y lo hago sonar en bucle durante cinco minutos. Es muy divertido desmenuzarlo, estirarlo, bajarle el tono o lo que sea; cantar encima o superponerlo con canciones con las que jamás imaginarías mezclarlo”. “Me parece muy entretenido ser tan minuciosa con esos pequeños fragmentos de música que me gustan”, continúa. “Pero, en cualquier caso, no me considero DJ, porque no sería capaz de ‘leer’ al público: ver cómo reacciona ante lo que estoy poniendo. Yo pincho, pero pongo exactamente lo que he planeado, al segundo. Mi set completo no es ni flexible ni modificable. Y no sé improvisar si surge algún ‘problema’. Así que simplemente le propongo al público mi selección. Es muy estricto y no me importa si no les gusta. No es mi problema. No soy una buena DJ, pero me encanta la música electrónica y de baile y soy una gran fan de la música de los noventa y principios de este siglo. Pinchar es mi forma de escuchar lo que me gusta en un buen sistema de sonido. Es muy egoísta porque lo que quiero es escuchar la canción para mí misma”.

“No me considero DJ, porque no sería capaz de ‘leer’ al público: ver cómo reacciona ante lo que estoy poniendo. Yo pincho, pero pongo exactamente lo que he planeado, al segundo. Mi set completo no es ni flexible ni modificable. Y no sé improvisar si surge algún ‘problema’”

Componer, en su caso, es un ejercicio hasta cierto punto doloroso. A eso se debe lo escueto de su discografía, que dio comienzo en 2015 con el EP “Paraiso”. “A veces me cuesta ponerme a trabajar en Malibu porque, en cierto modo, lo siento demasiado cercano. Es como tener que escribir en tu diario. Y componer implica volver a determinados sentimientos. Y sea lo que sea lo que sentiste, lo que te conmovió, ya sea negativo o positivo, tienes que volver a ese momento y eso puede ser agotador o, a veces, doloroso. Así que, en fin, como no quiero sentirme así todo el tiempo cuando hago música, mis facetas de DJ Lost Boy o Belmont Girl sirven para eso, para no pensar en nada y simplemente divertirme”.

El proceso de creación de su propia música se basa tanto en la pura intuición como en ciertos automatismos de los que emplea para sus sesiones de DJ en clubes o en la ‘NTS’: “Cuando escribo mi propia música parto, a veces, de una edición que he hecho de alguna canción, porque quizá me gusta la energía de ese fragmento o una progresión de acordes. Así evito empezar desde cero, aunque la mayoría de las veces acabo eliminando ese fragmento porque ya tengo suficiente material y estoy construyendo otra historia distinta. Me cuesta explicarlo, porque nunca parto de una idea preconcebida ni elaboro un plan para cada disco del tipo ‘necesito que esta canción tenga violonchelos y sea así’. Es más intuitivo, como si pudiera tener una imagen en mi cabeza… No sé… una chica en la playa, por ejemplo. Quizá esa es la imagen que tengo en mi cabeza y la tengo ahí mientras compongo la música, así que es en eso en lo que pienso y eso quizá influye, consciente o inconscientemente, en la música”.

Barbara Braccini: vapor de ambient. Foto: Igor Pjörrt
Barbara Braccini: vapor de ambient. Foto: Igor Pjörrt

De cara a sus próximos conciertos en Madrid y Barcelona, Barbara advierte que se tratará de directos muy introspectivos: “Es una especie de invitación a cerrar los ojos y sentir simplemente lo que sea que estés sintiendo: es como una experiencia visual y musical. A algunas personas les gusta muchísimo, sienten una felicidad absoluta y se sienten genial; otros, en cambio, sienten que les toca algo que les resulta incómodo pero a la vez necesario, como si les hiciera llorar. La mayoría de la gente siente al final como si les hubieran dado una bofetada o algo así. O simplemente sienten que ni siquiera tienen palabras y eso, supongo, es lo mejor. Yo no sé en qué están pensando y no me importa, no quiero preguntarles; ya he dicho que soy egoísta y no soy una persona justa. Es una experiencia que tienes que sentir en tu interior y entonces supongo que he hecho mi trabajo. Pero me alegro si conmueve a la gente y si les aporta algo por dentro”.

“Mi directo es una especie de invitación a cerrar los ojos y sentir. A algunas personas les gusta muchísimo, sienten una felicidad absoluta y se sienten genial; otros, en cambio, sienten que les toca algo que les resulta incómodo pero a la vez necesario, como si les hiciera llorar”

Al terminar la charla, le comento que apenas tres días antes se ha producido la muerte de la compositora francesa Éliane Radigue (1932-2026), uno de los nombres fundamentales de la música ambient y minimalista internacional. Pero Malibu no la conoce: “Nunca he escuchado nada de Éliane Radigue. Había oído el nombre antes, pero ¡ni siquiera sabía que era francesa! Nunca me la han recomendado, pero ahora, si lo dices tú, lo haré. Si alguien me dice: ‘¡Oh, deberías escuchar este álbum!’, lo que sea, de quien sea, yo me lo apunto mentalmente y quizá dentro de cinco años me diga: ‘Quiero escuchar esto ahora mismo’, como si recordara que tengo que escuchar algo y ese fuera el momento perfecto. Así es como funciono con la mayoría de la música, pero especialmente con este tipo de música, con la que siento que tiene que ser el momento perfecto, para estar completamente en sintonía con ella. Pero más vale tarde que nunca, estoy deseando descubrirla, supongo...”. ∎

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