“No nos espera nadie, no tenemos ningún tipo de presión”, suelta de pronto y a cara descubierta, sin el pasamontañas que se ha enfundado para la sesión de fotos, Xavi Font. A su lado, sus compañeros asienten mientras el hilo musical escupe una versión liofilizada y atomizada del “Forever Young” de Alphaville. El horror era esto y no el apocalipsis de noise irreverente y electrónica abrasiva de los de Granollers.
“Ese es precisamente el secreto de que la cosa dure”, prosigue Josep Arnan, camiseta de Dražen Petrović en la mochila y pasado remoto compartido con Font en Camping, aquel islote de post-rock panorámico que parecía que sí pero al final no. “No nos espera nadie, pero estamos bien acogidos”, añade Gustavo García. “Sí, muy buena crítica y muy buena acogida, pero luego no viene nadie”, remata Font.
Risas en la barra, patadón para adelante y que fluya el ruido.
Los cuatro Tiger Menja Zebra, sumen a los ya citados a Pablo García, hermano de Gustavo, apuran el primer tercio y empiezan a tirar del hilo de “Admirables” (Dog From Hell-Astro-Ataque!, 2024), su último disco, en un intento por explicar qué ha ocurrido desde 2017, cuando publicaron “Anarquia i mal de cap” (Hidden Track) y cerraron lo que ellos mismos bautizaron como la “Trilogía de la autodestrucción del ser humano”, a completar con “Com començar una guerra” (Music Or Nothing, 2012) y “Súper Ego” (Music Or Nothing, 2014). La cosa, por si no se acuerdan, iba de extremismo, visceralidad y agresión sonora escuela The Young Gods y Alec Empire.
Un jaleo tremendo de secuenciadores de acería industrial, texturas densas y dañinas como cubiertas de andamio y alaridos sepultados bajo capas y más capas de ruidazo infernal. “Me acuerdo que cuando le llevamos ‘Anarquia i mal de cap’ a Ferran (Palau; su sello Hidden Tracks licenció el álbum) a Collbató nos lo pusimos en el coche y lo escuchamos del tirón. Cuando acabó fue como: ‘buf, menuda chufla’. Parecía un disco de esos de Today Is The Day que es imposible escuchar de cabo a rabo”, evoca Josep. Siete años después, han cerrado un ciclo y el cuerpo les pedía volantazo. “Imagino que la gente se esperaba que sacáramos un disco rollo Atari Teenage Riot, todo muy extremo”, apuntan. Lo que han hecho, sin embargo, ha sido mantenerse fieles a su idea de hacer música “muy agresiva sin guitarras” cambiando los métodos y las intenciones.
Para empezar, se fueron a grabar a Parets del Vallès al estudio de Rubén Moreno, aka DJ Ruboy. “Sí, tío, es el que produjo ‘Flying Free’. Ahora hace canciones para Pastis & Buenri, así que si el disco tiene un rollo como ‘makinero’ es porque detrás hay un tipo que se dedica a eso”, explica Josep. “Fuimos a probar y a él hacer algo que se salía de lo suyo también le hizo gracia. Era mezclar la parte electrónica con un tío que sabe bien cómo hacerlo con el noise y la suciedad que aportábamos nosotros”, añade Xavi. El shock, claro, debió de ser memorable. “De repente aparecían por ahí tres o cuatro tipos que venían de Ciudad Real a hacerse fotos con él. En plan: ‘oh, estamos en el templo de Ruboy’”, recuerdan.
Así que borrón y cuenta nueva –literalmente: cada vez que empiezan un nuevo proyecto borran sus huellas y vacían discos duros; cada disco, dicen, “es una obra contemporánea hecha y pensada para el momento en el que estamos”– y un poco de luz en la oscuridad. “La trilogía era provocación, discos con un mensaje muy intenso, así que cuando nos planteamos hacer algo nuevo pensamos que quizá estaría bien hacer un disco de buen rollo”, cuenta Josep. “No podemos hacer un disco de pop, pero vamos a levantar un poco el pie del acelerador”, añade Xavi. “No hay casi bajos acústicos, son todo sintetizadores ochenteros y secuencias electrónicas. Hemos quitado muchas capas de noise, es más luminoso. Y como hablamos de gente, queríamos que las letras se entendieran bien. No es que en los anteriores discos no fuese importante, pero no nos importaba tanto que no se entendieran, eran como un instrumento más”, resume Gustavo.
Esto último es especialmente importante porque, en su cuarto trabajo, los de Granollers se han encomendado a, ya lo dice el título, gente digna de admirar. Músicos, humoristas y un futbolista-karateka que les han dejado huella y a los que invocan desde el más allá o el más acá. De cuerpo presente o vía sample. En la alineación titular, Pepe Rubianes, Michel Cloup, Víctor Nubla, Miguel Noguera, Eric Cantona, Kim Gordon, La Estrella de David y Mimi Parker. “Estábamos un día escuchando ‘Il·lustres Execrables’ (sección humorística de un programa de RAC1 dedicada a desenmascarar la cara menos amable de personajes ilustres) y pensamos ‘¿por qué no admirables?’. Hacer algo con referentes que nos hubiesen influido”, recuerdan. Llegaron las listas, los descartes –nada de obviedades: ni Bowie ni Albert Pla, por ejemplo– y, al final, una selección con la que todos estaban satisfechos.
Lo siguiente, claro, era samplear a los muertos y contactar con los vivos para ver si querían colaborar de alguna manera en el disco. Con Kim Gordon y Eric Cantona no hubo suerte, pero a Miguel Noguera le faltaron piernas para sumarse a la aventura. David Rodríguez (La Estrella de David) se hizo el remolón –“la idea de que me dediquéis una canción me parece regular, estoy un poco fuera del pop-rock”, se le oye decir al final de la canción– y Michel Cloup se embarcó en la empresa con un entusiasmo francamente sorprendente. “Se quiso involucrar en todo el proceso. Nos envió la maqueta y nos caímos de culo, porque pensábamos que cantaría cuatro versos y se había hecho una letra que es más larga que el resto del disco”, recuerda Xavi.
Y entonces fuisteis a por Alan Sparhawk para que hiciese algo en la canción que le dedicáis a Mimi Parker.
Josep: Y nos dijo enseguida que sí. Venía a tocar a La Nau y quedamos en ir a verlo al hotel el día antes. Así que llegamos ahí, lo conocimos y entonces nos preguntó qué queríamos que hiciese.
Entiendo que le habiáis enviado la canción.
Xavi: Claro, la canción, la letra traducida… Todo a través de su management.
Josep: Dábamos por hecho que la había escuchado, porque en la canción hay unos samples de la voz de Mimi. Pero llegamos a la habitación, montamos el micro, toda la historia, y nos dijo que aún no había escuchado la canción.
Xavi: Se la pusimos y le cambió la cara. La volvía a poner, se quedaba pensativo, nos volvía a preguntar qué queríamos que hiciera… Y de repente, que no. Que no podía. Que hacía un año que se había muerto Mimi y tenía un muro delante. No podía cantar con ella.
Gustavo: Es que aún no había escuchado nada grabado por ella.
Xavi: Solo por el hecho de que fuera un homenaje estaba dispuesto a colaborar, le daba igual que hiciéramos death metal o reguetón, pero fue incapaz. Anímicamente lo hundimos. Lo dejamos destrozado. Se quedó veinte minutos rebobinando y escuchando, rebobinando y escuchando.
Josep: Nos sentíamos fatal, claro.
Xavi: Fue un poco como hundir a tu ídolo, sí.
Josep: Al día siguiente en el concierto estuvimos con él, nos hicimos fotos, nos volvió a pedir perdón y nos dijo que teníamos que mantener el contacto. Y hace cosa de un par de meses nos escribió directamente desde su correo personal para pedirnos un remix de un tema de su disco. Se lo hemos enviado y nos dijo que le había flipado. Así que lo mejor de todo es que ha cumplido su palabra, lo que da aún más sentido al título del disco. Yo ahora lo admiro aún más. Que un tío de Duluth, ¿que dónde cojones está Duluth?, te escriba y te diga que sí, vamos a grabar una canción, y luego mantenga el contacto… Lo pasamos muy mal, pero ha acabado muy bien.
Al final, “Mimi Parker” (la canción) funciona como inmejorable broche para un disco que, aseguran, tiene también algo de corriente circular funeraria. “Al acabar nos hemos dado cuenta de que hay como un eje que vincula el disco con la muerte. Empezamos con una charla con Pepe Rubianes sobre la muerte, luego un ‘sample’ de Victor Nubla en el que dice ‘me voy, me voy, adiós’, y al final acaba con ‘Mimi Parker’ como con una rave de despedida”, explica Xavi.
“Habla de la muerte pero quitándole trascendencia”, añade Gustavo, quien, casi sin querer, resume el espíritu de la banda apelando al perfecto equilibrio entre relativismo y profesionalidad. “Tan importante es tomarse las cosas con dedicación como no tomarse demasiado en serio”, dice, entre otras cosas, por esa veta humorística que acompaña a la banda desde sus primeros pasos. O incluso desde antes. “El humor es básico, entre nosotros no hay seriedad”, dice Josep. “En Camping ya teníamos una canción con ‘samples’ de Arévalo”.
Adiós, pues, a esa vieja idea de que la vanguardia tiene que ser seria y cariacontecida. “Víctor Nubla, por ejemplo, tenía un punto de humor muy sorprendente. No era en plan Tim Hecker y Ben Frost, todo trascendencia… Tenía un rollo muy natural y en el fondo muy catalán, muy ‘de la conyeta’”, evoca Xavi. También ellos huyen de la gravedad para darse un atracón de “surrealismo, comedia y anarquía”, como cantan a las primeras de cambio, e hincar la rodilla ante un puñado de ilustres admirables hermanados por la singularidad, la irreverencia y la transgresión. ∎