El pasado 4 de agosto falleció el guitarrista Pepe Habichuela y el mundo del flamenco se ha pasado las últimas semanas echándolo de menos. Rastreamos su poderoso influjo en el planeta jondo.
La mirada hacia el rock de Pepe Habichuela (1944-2026), quien falleció el pasado 4 de agosto a los 81 años, es tangencial, aunque la portada y el título de la biografía escrita por José Manuel Gamboa, “Pepe Habichuela con Amparo Bengala y Josemi Carmona. Now Or Never” (El Flamenco Vive, 2025), parecen indicar una referencia a Elvis Presley. En realidad, es un rasgo de humor ante el inmovilismo flamenco que vivió acompañando a Enrique Morente (1942-2010). Ese ahora o nunca reflejaba una actitud ante la vida. La carrera de un guitarrista que desencadenó muchos mecanismos evolutivos en el flamenco. Uno de esos momentos se produjo cuando viajó de Granada a Madrid para sustituir en los tablaos de la capital a su hermano Juan Habichuela (1933-2016), quien partía hacia Nueva York con un cuadro flamenco que incluía a Fernanda y Bernarda de Utrera a la Feria Mundial de 1964-65. De aquel viaje Juan se trajo los discos del maestro Sabicas (1912-1990) que revolucionaron el panorama guitarrístico. Antes, en los inicios de su carrera y durante su adolescencia, José Antonio Carmona Carmona, ese era su nombre, se había fogueado en las cuevas del Sacromonte granadino. Después, Pepe trabajó en las compañías de Juanito Valderrama, Pepe Marchena o el bailaor Curro Vélez.
El otro que cambió el paisaje flamenco fue su compadre Enrique Morente. Tras unos años juntos en los tablaos madrileños, decidieron liarse la manta a la cabeza y jugársela con recitales en universidades rebeldes o sindicatos ilegales, en unos años setenta en los que querían avanzar con el resto de la sociedad española. Pepe y Enrique eran dos granaínos en Madrid dispuestos a renovar la tradición, y le hincaron el diente a don Antonio Chacón (1869-1929) en el álbum “Homenaje a D. Antonio Cachón” (Clave-Hispavox, 1977): cante serio y formal. Una tarde Pepe se vuelve hacia Enrique y le dice: “Eso no es de Chacón, eso es tuyo”. Y Enrique tirado por los suelos, muerto de la risa. Now or never.
Morente se había empeñado en que cantaor y guitarrista aparecieran en la portada con el mismo peso, algo que había ocurrido antes con Camarón y Paco de Lucía. Al disco de Chacón le cayó un premio gordo del Ministerio de Cultura en 1978, que cobró la discográfica sin compartir con los artistas. Ese mismo año también se publicó “Despegando” (CBS, 1977): de nuevo la portada está protagonizada por Enrique y Pepe –la foto es de Mario Pacheco (1950-2010), quien la tomó en la casa de Morente–, pero esta vez sin guitarra ni complementos flamencos. Es un álbum de espíritu rompedor producido por José Luis de Carlos –quien ya había trabajado con Las Grecas y pronto lo haría con Manzanita en “Poco ruido y mucho duende” (CBS, 1978)– que funciona como negativo del homenaje a Chacón y anticipa los caminos de exploración que sus dos artífices emprenderán de ahí en adelante. Pepe explicaba la alquimia de esta pareja creativa con palabras sencillas: “Desde un principio conectamos muy bien, los dos éramos granaínos, yo era muy aficionado al cante y él muy aficionado a la guitarra”. Mucho tiempo después volvieron a colaborar en el álbum de Morente “Negra, si tú supieras” (Nuevos Medios, 1992), en plena apoteosis del nuevo flamenco, con mayoría de cantes festeros y textos de Lorca, Rafael Alberti o José Bergamín.
Cantaor y guitarrista basaban su relación en el amor al flamenco, a la vida y al humor en todas sus formas. Su respeto por la tradición consistía en no dejar de crear. Eso no se lo perdonaron los flamencólicos, eternamente enfadados con las novedades. Mario Pacheco lo convenció para grabar su primer disco en solitario, “A Mandeli” (Nuevos Medios 1983), que también fue el primer disco flamenco del sello Nuevos Medios. “Yo estaba acojonao”, recordaba Pepe. Ahora o nunca.
Desde muy temprano su hijo Josemi Carmona lo acompaña en los viajes. En 1981, a Canadá. Después, en 1984, a Martinica, donde Pepe y sobre todo Josemi hacen alucinar a un bajista greñudo y drogata llamado Jaco Pastorius (1951-1987), conocido, entre otras muchas cosas, por sus innovaciones en el supergrupo de fusión jazzística Weather Report. Pepe llevó a Josemi a Nueva York, donde en octubre de 1986 se estrena el espectáculo “Flamenco puro”. Josemi se integró en Ketama para “La pipa de kif” (Nuevos Medios, 1987) y se destapó en “Songhai” (Nuevos Medios, 1988), álbum histórico que el grupo madrileño elaboró junto con Toumani Diabaté y Danny Thompson. También formó parte de La Barbería del Sur en los inicios del grupo.
En junio de 1983, Don Cherry y Ed Blackwell presentaban en la sala La Fiesta de Madrid –hoy es La Riviera– su disco “El corazón” (ECM, 1982), y por la tarde recibieron la visita de unos cuantos músicos y algunos periodistas. Cherry nos enseñó un instrumento africano llamado dozen nguni que el músico, productor e investigador Luis Delgado hizo notar que estaba coronado por una lata de Coca-Cola que hacía el papel de resonancia. Mario Pacheco hizo dos o tres fotos en un santiamén. Cherry escuchó a Pepe y dijo: “La guitarra de Pepe suena como un árbol que llora”.
Recientemente, Luis Delgado ha revelado que partiendo de ese encuentro sí hubo un proyecto de disco: “No solo fue ese concierto. Emilio Urdiales, gestor de La Riviera en esa época, propició un encuentro entre Pepe, Don, Ed y el grupo Babia, del que yo formaba parte. Hicimos varios ensayos para hacer conciertos y proponerle un disco a Mario Pacheco, pero un día Sun Ra llamó a Don para pedirle que se uniera a la gira que estaba haciendo. Don nos pidió disculpas y nos dijo que en un mes estaba de vuelta. Lo llevamos al aeropuerto, nos dimos un abrazo, y ahí se acabó todo”.
Aquellos ensayos dieron su fruto. Luis Paniagua incluyó en su disco “Neptuno” (GASA, 1987) el tema “Gacelle”, uno de los que se ensayaron con Cherry y que Don había compuesto a partir de una canción presuntamente senegalesa. La melodía es muy pegadiza y la volveremos a escuchar en el álbum “Songhai”. Josemi todavía era un adolescente y no había presupuesto para su viaje y estancia en Barcelona, que es donde estaba previsto que se grabara el disco. Toumani había conectado con Josemi en un encuentro en Madrid, mientras el resto de los Ketama habían salido a fumar. En ese ratito se habían puesto de acuerdo dos mundos. Toumani Diabaté se plantó: “Si no va Josemi yo tampoco voy”. Pacheco lo suspendió todo y el disco se grabó en Madrid con Josemi Carmona. En aquel primer “Songhai” –en 1994 se publicó la segunda entrega del mismo, firmada por Ketama, Toumani Diabaté y José Soto– destaca la composición “Africa”, que desarrolla la misma melodía del ensayo entre Don Cherry, Pepe Habichuela y el grupo Babia.
La foto de Pepe Habichuela con Don Cherry conectó continentes y destapó vínculos musicales aletargados. Esa es la importancia de las imágenes icónicas. Así que aún no podemos evaluar el papel que cumplirán en el futuro los cientos de fotos de Pepe Habichuela con los asistentes al festival navarro Flamenco On Fire, del que fue nombrado embajador y en el que actuó en varias ocasiones. Fue muy emocionante escucharlo tocando enfrente de la casa de la calle de la Mañueta de Pamplona, donde había crecido el niño Sabicas. Huelga decir que a lo largo de su dilatada carrera, el maestro andaluz tocó para figuras esenciales del cante como Carmen Linares –en esta entrevista la jienense recordaba su trabajo conjunto en los tablaos y su aportación al imprescindible “Antología. La mujer en el cante” (Mercury- Polygram, 1996)–, José Menese (1942-2016) o José Mercé.
Y esa conexión entre generaciones, esa predisposición a la búsqueda de otros caminos de expresión para el flamenco que ya anidaba en su trabajo con Morente, se pone de manifiesto en la carrera de Josemi Carmona, con el que resultaba inevitable comentar la modernidad del toque de su padre. También sucedía al hablar con el propio Pepe y su mujer, Amparo: cuando les decías el pedazo de músico que era su hijo, contestaban con un “sí que ha salido güeno, sí”. Es imposible pensar en Pepe Habichuela sin sonreír y, al valorar la importancia de su aportación, resulta inevitable pensar que la carrera de Enrique Morente no hubiera sido la misma sin él, que no habría existido el grupo Ketama tal como lo conocimos ni se habría grabado “Songhai” con Toumani Diabaté. En octubre 2017, celebró 60 años de trayectoria con tres conciertos en el teatro Circo Price de Madrid en los que participaron familiares, amigos y discípulos, para reconocer toda una vida de dedicación a la guitarra.
La música de Pepe Habichuela –en 2021 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes que otorga el ministerio de Cultura– es perfecta para iniciarse en el flamenco. Y, para los que llevan toda la vida escuchando flamenco, es ideal para adentrarse en otros sonidos: los de India con su disco “Yerbagüena” (Nuevos Medios, 2001) junto con The Bollywood Strings; los del jazz con “Hands” (Dare2-EmArcy-Universal, 2010), a medias con Dave Holland. El que fue contrabajista de Miles Davis, uno de los indiscutibles del jazz contemporáneo, encajó bien con la personalidad flamenca de la saga Habichuela: “Eso ocurre cuando te encuentras con un músico con la generosidad de Pepe”, afirmó Holland a propósito de su encuentro creativo con este guitarrista excepcional. ∎

Tras “Homenaje a D. Antonio Chacón” (1977), se publica “Despegando” el mismo año, producido por José Luis de Carlos. Contiene composiciones señeras como “Estrella” o “Tú vienes vendiendo flores”, soleá de la que se extraen versos renovados en uno de los momentos estelares del “Omega” (1996) de Morente y Lagartija Nick. Reaparecen Miguel Hernández y Antonio Machado y un himno muy de la época, “Defender Andalucía”, que era lo que el personal acompañaba a grito pelao y con el mechero encendido.

El primer disco flamenco en el catálogo de Nuevos Medios. “A Mandeli” se publicó en el Reino Unido, en Estados Unidos y en Japón, y abrió muchas puertas pa’ fuera y pa’ dentro. Porque Pepe convenció a Mario Pacheco de que tenía que escuchar a las nuevas generaciones flamencas. Y también a sus sobrinos de Ketama, que debutaron en el sello en 1985. Mario dijo ¡eureka! En el siguiente álbum solo a nombre de Pepe, “Habichuela en rama” (Nuevos Medios, 1997), Josemi Carmona había crecido y las guitarras también.

Inspiradoras melodías, arreglos para todos los públicos, un Enrique Morente estelar… A propósito del álbum, Pepe le contaba a Chema García Martínez en ‘El País’ lo siguiente: “Los flamencólogos me tocaban las pelotas hace tiempo, ahora ya no me dicen na. Hago lo que me da la gana. Siempre con educación, pero ahí estoy. Hay que hacer lo que uno sienta. Vamos a ver, ¿por qué no puedo tocar con una orquesta hindú? Que viene uno y dice que no es correcto… ni caso. La música es la música”. ∎

El periodista, escritor y productor José Manuel Gamboa le ha robado muchas horas al sueño para parir el libro más estimulante y terapéutico de la historia del flamenco, que incluye 682 páginas y pesa un kilo setecientos. Es una criatura que te engatusa con toneladas de información cabal trufada del buen humor de los protagonistas: Pepe Habichuela, Amparo Bengala y el hijo de ambos, Josemi Carmona. Impecable selección fotográfica de Paco Manzano. Para llorar de alegría. Imprescindible. ∎